empleabilidad. Esto es cierto para todos los niveles educacionales, incluso el de los
jóvenes con formación universitaria En el segundo año de egreso, el desempleo cae para
todos los jóvenes independientemente de su nivel educacional aún cuando la caída del
desempleo de los jóvenes con mayor nivel educacional es mucho más rápida que la tasa a
la que lo hace el desempleo de los jóvenes menos educados. Las diferencias tienden a
acentuarse con el tiempo. Mientras los jóvenes con estudios completos tienen tasas de
desempleo iguales al promedio nacional después de dos años de egreso, los jóvenes con
educación básica completa tienen un desempleo similar al promedio seis años después de
su egreso.
Los jóvenes sin escolaridad o con escolaridad incompleta se concentran en los grupos de
menores ingresos. Cuanto menos es su escolaridad mayores sus posibilidades de
encontrarse desempleados, recibir ingresos más bajos que los que no desertan y vivir
bajo constante amenaza de ser despedidos en ciclos de adversidad económica. Esto
significa que estas personas no sólo estarán más tiempo desempleadas durante su
juventud sino que tendrán, en promedio, ingresos más bajos que aquellos que no desertan
y mayor probabilidad de ser despedidos en ciclos económicos adversos.
Los sectores público y privado han invertido muchos esfuerzos en el aumento del capital
cultural y la experiencia laboral de los jóvenes como una vía de mejorar sus condiciones
de empleabilidad. La herramienta elegida ha sido la de su capacitación cifrándose en ella
grandes esperanzas. Sin embargo, la evidencia sugiere que ésta no siempre ha rendido
los frutos esperados cuando se examina sus resultados a la luz de la mejoría de las
condiciones de vida y de trabajo de sus beneficiarios. Dado que la prudencia no hace
aconsejable centrar todos los esfuerzos en estos programas, también existen políticas de
Estado que atacan el problema de la mala calidad de la enseñanza en los niveles básico y
medio y se desarrollan programas para retener a niños y jóvenes en las escuelas hasta
haber completado doce años de escolaridad. Los programas de mejoramiento de la
calidad y equidad de la educación básica y media ilustran el esfuerzo nacional por atacar
los problemas de repitencia y deserción que son los que acaban dejando fuera del sistema
a los hijos de las familias más pobres.