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PROSPECTIVA Y MUJER Thelma Gálvez Francisca Sánchez
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PROSPECTIVA Y MUJER
Thelma Gálvez
Francisca Sánchez
UNIDAD DE ESTUDIOS PROSPECTIVOS

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Primera parte:
TENDENCIAS Y PROYECCIONES DEL TRABAJO REMUNERADO DE LA MUJER
Thelma Gálvez Pérez
1997

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INDICE
TENDENCIAS Y PROYECCIONES DEL TRABAJO REMUNERADO DE LA MUJER
I.
PRESENTACION
II.
DEMANDA DE TRABAJO: ANTECEDENTES HISTÓRICOS
1. Definiciones
2.
Contexto y crecimiento
3. Segregación sexual del trabajo y descomposición del crecimiento
4.
Estructura del empleo y pobreza
5.
Demanda y nivel educacional
6.
Tendencias recientes del empleo en el contexto de la globalización
7.
Conclusiones sobre la Demanda
III.
OFERTA DE TRABAJADORAS
1.
La oferta femenina de trabajo remunerado está condicionada por la división sexual del
trabajo social
2.
La historia reciente y las variables a considerar
3.
Conclusiones sobre la Oferta
IV.
LA SITUACION DE LAS MUJERES URBANAS MAS POBRES
1.
Las motivaciones para trabajar
2. Por
qué seguir, por qué abandonar la actividad
3.
Las razones para elegir el trabajo independiente
4.
Su cultura familiar
5.
Sus expectativas y posibilidades
6. Líneas de acción
V.
ESCENARIOS AL 2000, 2010, 2025
1.
Los rumbos deseables
2.
Proyecciones de demanda de trabajo
3. Relación entre proyecciones de demanda y de oferta de trabajadores
4.
Proyecciones de oferta de trabajo
VI.
CONCLUSIONES
Bibliografía
Anexos

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SEGUNDA PARTE
Mujeres y Trabajo. Una mirada cultural a los proyectos de vida de los jóvenes
Francisca Sánchez
RESUMEN EJECUTIVO
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO UNO
Nociones generales, las hablas juveniles
RELATOS # 1
PROYECTO HACIA LO FAMILIAR Y MATERNO
RELATOS # 2
PROYECTO: MATERNIDAD Y TRABAJO, EL ESFUERZO PERSONAL
RELATOS # 3
PROYECTO CRÍTICO, INTEGRACIÓN MADRE-TRABAJADORA
CAPÍTULO DOS
Análisis, distinciones sobre familia y trabajo
1.
Familia
1.1.
Maternidades
1.2. Parejas y tareas de la casa
2.
Trabajo
2.1 Trabajo instrumental
2.2. Trabajo como experiencia vital
CAPÍTULO TRES
Distinciones integradas bajo un sentido, aproximaciones e interpretaciones
CAPÍTULO CUATRO
Conclusiones acerca del cambio cultural
ANEXO Diseño Teórico Metodológico para Estudio Exploratorio:
referentes
teóricos conceptuales y antecedentes generales

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PRESENTACIÓN
El libro Prospectiva y Mujer es el resultado de dos investigaciones de carácter prospectivo sobre
uno de los movimientos de larga duración que mayor potencial de transformación y cambio de la
sociedad, de la economía y de la cultura de nuestro país ofrecen al análiss del largo plazo y al
esfuerzo por avizorar, predecir y anticipar el Chile que buscamos o se nos impone y, que
irremediablemente tendremos que aceptar, para nuestros hijos y su descendencia.
Las dos investigaciones representan un esfuerzo original y sustantivo de análisis prospectivo desde
diversos enfoques. La primera de ellas busca estudiar el movimiento de larga duración que se
expresa en el proceso de cambio en el proyecto cultural de vida de las mujeres chilenas y su masiva
y diferente inserción en el mundo del trabajo, desde una perspectiva económica-laboral. La
segunda, en cambio, lo hace desde una perspectiva antropológica-cultural. Si una se concentra en la
determinación de las tendencias y proyecciones del trabajo remunerado de la mujer, la otra busca
ser una mirada a los proyectos de vida de las jóvenes de hoy. Ambas nos permiten aquilatar algunos
de los grandes desafíos y tareas que el referido movimiento de larga duración va imponiendo a las
políticas públicas y a las acciones privadas, del presente y del futuro, en el entendido que este es un
proceso querido, deseado y buscado consciente o inconscientemente, por la gran mayoría de las
mujeres, especialmente de las jóvenes.
El hecho de conceptualizar el proceso de cambio del proyecto dominante de vida de las mujeres
como movimiento de larga duración, implica reconocer una transformación cultural muy profunda
en las estructuras de la vida cotidiana, desde las cuales se van modificando, antes que otros, los
roles masculinos, -dado que ambos, los masculinos y los femeninos se determinan en su
interacción-, y permeando al resto de les estructuras económicas, políticas y culturales. En la
medida que el nuevo proyecto se vaya asentando, las posibilidades y límites de cambio de la
sociedad se redefinirán, considerando los otros movimientos de larga duración comitantes con el
que define un nuevo horizonte cultural para la mujer.
En la perspectiva teórica y metodológica de nuestros estudios prospectivos, el conocimiento de las
carcaterísticas y magnitud que pueden asumir las principales variables que componen un
movimiento de larga duración, constituye un factor esencial en la posibilidad de anticipar los
desafíos y tareas del futuro, así como los límites y posibilidades de las políticas públicas y de la
acción privada. La estrategia de desarrollo democrático debe incorporar este conocimiento y, como
en el caso del cambio del proyecto cultural de vida de las mujeres, recordar la sentencia del gran
historiador francés Fernand Braudel que afirmaba: “el gran hombre de acción es aquel que después
de calibrar con justeza lo limitado de sus posibilidades, elige mantenerse dentro de ellas y
aprovechar el peso de lo inevitable, ejerciendo su empuje personal en la misma dirección. Está

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condenado al fracaso cualquier esfuerzo realizado a contracorriente de la dirección que en un
momento lleva la historia”
.
El proceso de transición a la democracia en Chile debe reconocer este movimiento de larga
duración, incorporarlo a sus objetivos, ajustarse a sus ritmos y secuencias, removerle sus obstáculos
y evitarle los costos inútiles que se derivan de oposiciones absurdas a las legítimas reivindicaciones
de las mejeres que, esencialmente, quieren ser personas y vivir una vida con plenitud de sentido.
El libro que presentamos, elaborado a partir de las investigaciones “Las tendencias y proyecciones
del trabajo remunerado de la mujer”, de la economista Thelma Gálvez, y “Mujer y Trabajo: una
mirada cultural a los proyectos de vida de las jóvenes”, de la antropóloga Francisca Sánchez, en el
marco del convenio de colaboración suscrito entre el Fondo de Solidaridad e Inversión Social
FOSIS y la Unidad de Estudios Prospectivos del Ministerio de Planificación y Cooperación,
pretende no sólo dar cuenta del movimiento de larga duración que subyace a sus análisis, sino,
también, aportar a la búsqueda de las políticas y acciones que permitan que el nuevo proyecto de
vida de las mujeres chilenas, con raíces históricas casi centenarias, puede asumirse y realizarse por
la sociedad entera.
Germán Quintana Peña
Ministro
de
Planificación y Cooperación
Santiago de Chile, 19 de mayo de 1998.
Braudel, Fernand: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Fondo de la Cultura
Económica, primera reimpresión en español, 1981.

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I. INTRODUCCION.
Este estudio se inserta en el Proyecto “Planificación estratégica y gestión pública: contribución a la
estrategia del desarrollo democrático” elaborada por la Unidad de Estudios Prospectivos de MIDEPLAN.
La evidencia del aumento de la participación femenina en el trabajo remunerado, junto a otras
tendencias de largo plazo que la acompañan, inspiró la formulación de la hipótesis que justifica realizar este
trabajo. El planteamiento es desarrollado por Humberto Vega
15
quien en diversos trabajos ha utilizado el
concepto de larga duración, acuñado por el historiador Fernand Braudel, aplicándolo a fenómenos de la
economía chilena. Vega destaca la relación entre el conocimiento de los movimientos identificados como de
larga duración y el diseño y aplicación de políticas públicas, permitiendo que éstas sean más adecuadas y
con mayores posibilidades de éxito. Los movimientos de larga duración conllevan cambios culturales que
permean la vida cotidiana de las personas y de esa manera forman parte de los factores estructurales que
pueden viabilizar o no determinadas políticas. La hipótesis planteada por Vega en relación con el proceso de
mayor incorporación laboral de las mujeres, es que se trata de un movimiento de larga duración,
culturalmente arraigado y con una dinámica propia y la consecuencia inmediata es que hay que considerarlo
explícitamente en la formulación de políticas.
Desde este enfoque se trata el tema, con el propósito de aportar a un mejor diseño de las políticas
públicas. Para ello se recogen selectivamente a lo largo de este informe evidencias de la historia reciente de
la participación laboral femenina: qué la ha facilitado, qué cambios se advierten en las mujeres, en los
hombres o en la sociedad, qué tensiones se producen y no se resuelven por la simple dinámica de las
tendencias observadas en el funcionamiento de la sociedad tal como está hoy día. Luego se proyectan al
futuro, como una manera de adelantar y visualizar los posibles desajustes, y tener un boceto en trazos
gruesos de la situación en un horizonte de mediano plazo. Parte del mismo enfoque y tema es el documento
Mujeres y Trabajo, una mirada cultural a los proyectos de vida de las jóvenes” (Francisca Sánchez)
donde se hace una indagación a jóvenes del presente que da elementos de análisis en el plano de los cambios
culturales.
Concretamente, en el presente documento se describen las tendencias de la participación laboral de
la mujer en Chile entre 1970 y 1996, en el nivel económico, demográfico - familiar y cultural, como
antecedentes para realizar proyecciones en tres escenarios: 2000, 2010 y 2025. Las proyecciones
demográficas son la base cuantitativa que permite asomarse al mundo del mercado laboral y que lo
determinan en algunas de sus dimensiones.
El contexto en el cual se trabaja se puede dividir analíticamente en un contexto económico y uno
cultural. La evidencia del trabajo remunerado pertenece al primero y es alrededor de él, y de su importancia
para las propias mujeres, que se articulan los cambios, en primer lugar, en las mujeres y sobre todo en las
jóvenes para luego afectar al resto de la sociedad, a la familia y a las relaciones de trabajo, conformando
cambios en el contexto cultural. En éste, se ha privilegiado el análisis por generación y por nivel
socioeconómico, sabiendo que en el interior de ellos hay mucha heterogeneidad.
La perspectiva más puramente económica se centra en la dinámica del sistema y cómo el
crecimiento ha necesitado el aporte de las mujeres a la producción. La evolución de la demanda indica que
ésta ha favorecido más la incorporación de mujeres, teniendo en cuenta que la fuerza de trabajo masculina y
15
Jefe de la Unidad de Estudios Prospectivos de Mideplan y coordinador de los Talleres y trabajos que se articulan
con un enfoque prospectivo.

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femenina no son perfectamente intercambiables. Esta es cruzada por una preocupación especial por las
mujeres que se encuentran en situación de pobreza. La demanda ha sido más selectiva con las mujeres y los
condicionantes de la oferta de trabajo femenino también juegan en contra de las más pobres. El capítulo IV
recoge con mayor detalle su situación.
Investigar el trabajo remunerado de la mujer supone ampliar los límites de un enfoque económico
tradicional. Las variables estrictamente económicas no dan cuenta de la diferenciación sexual al interior del
mercado laboral, aunque hay avances en ese sentido. La mirada se amplía reconociendo que el trabajo
remunerado de la mujer se inscribe dentro del sistema social con sus contenidos de género. "El sistema
sexo-género es como un modo de producción social, un determinante fundamental y elemento constitutivo
de la sociedad, socialmente construido y sujeto a cambios históricos y a evolucionar"
16
Dinámica
económica, pobreza y diferenciación de género se encuentran a lo largo del documento.
La
hipótesis sobre la cual se trabaja es que presenciamos en la actualidad una transformación y
readecuación del modelo de género en general, promovido desde los cambios que afectan el trabajo
remunerado de la mujer. Los cambios se superponen a un orden "tradicional", según el cual hay una división
sexual de roles y del trabajo entre hombres y mujeres al interior de la familia y en la sociedad. Las
tendencias a la mayor participación laboral de la mujer no se acomodan perfectamente al orden tradicional y
perfilan una "modernidad" en gestación en el plano cultural. Adelantándonos a la historia probable, hoy
ponemos atención a los obstáculos que han tenido que derribar las mujeres para participar en el mercado
laboral.
El aumento del trabajo remunerado femenino se hace en este contexto: se mueve dentro de los
límites de la identidad masculina y femenina en la sociedad, su dinámica causa contradicciones con ellas y
revela incoherencias con las posturas tradicionales al intentar traspasarlos, ha sido capaz de transformar
algunos contenidos y, sin embargo se adapta a la necesidad, siempre muy vigente, de distinguir lo masculino
de lo femenino. Es en la vida cotidiana, expresión de los cambios lentos y profundos avalados por el sentido
común, donde se expresarían los cambios de identidades masculinas y femeninas compatibles con el trabajo
remunerado de las mujeres.
Los tiempos de transición que estamos viviendo por la mayor incorporación de las mujeres al
trabajo remunerado y la transición demográfica basada en la caída de la natalidad se expresan en los
espacios del trabajo remunerado, de la familia y de la organización social, en distintos ritmos y con
contradicciones entre ellos. En este informe no se han investigado las repercusiones del trabajo femenino
sobre la organización del trabajo al interior de los establecimientos ni sobre la organización de la sociedad,
aunque se está consciente de su existencia y su importancia.
El documento se organiza en base a distinguir la dinámica económica, sintetizada en el concepto de
demanda de trabajo, y las múltiples respuestas que a ella dan las mujeres en su heterogeneidad, sintetizadas
en el concepto de oferta. Desde la oferta se indaga en sus motivaciones, sus situaciones familiares, sus
transformaciones a través del ciclo vital y de las generaciones que se suceden.
El recuento de los años 1970 - 1996 se hace poniendo el acento en la segregación sexual del trabajo
desde la demanda y en la tasa de participación laboral desde la oferta. Ello permite instrumentalizar y medir
estadísticamente hechos cruciales en la sociedad generizada. La división sexual del trabajo está en la raíz de
las diferencias jerárquicas y valóricas entre mujeres, tanto a nivel social: doméstico y mercantil, como a
16
Chodorow 1979; citado por M.Elena Valenzuela.

Page 9
nivel de ocupaciones dentro del trabajo para el mercado. Esta división, cualquiera que sea su forma
concreta, es parte de un sistema de género que otorga valores distintos al trabajo de hombres y mujeres,
desvalorizando el de éstas. La tasa de participación muestra que el trabajo remunerado es una opción y no
una obligación para las mujeres. Ese hecho resume circunstancias, oportunidades, capacidades, proyectos
de vida de diferentes mujeres, pero va indicando que los destinos parecen juntarse en un futuro de trabajo.
Para estos propósitos se recopila y organiza información existente en otros estudios, en las
estadísticas y en fuentes secundarias, a la luz de los enfoques elegidos. Se trata de seleccionar variables
proyectables al futuro y de dar antecedentes sobre las conductas que han sido objeto de cambio o son fuente
de tensiones. Se han reunido evidencias históricas y presentes sobre los factores que influyen en el trabajo
de las mujeres, desde la demanda de trabajo y desde la oferta de trabajo de las mismas mujeres. Se hace un
esfuerzo por explicitar las tendencias que impulsan el trabajo femenino y las que lo obstaculizan o crean
tensiones. Finalmente, se proyectan las tendencias ó hipótesis alternativas y se derivan de ellas alguna
observaciones y prioridades de acción posibles.
La
dirección en la cual se inserta la disminución de las tensiones es mirada desde las mujeres, con la
meta de que sus proyectos de vida laboral sean exitosos y totalmente compatibles con su vida privada y
comunitaria. Para lograrlo, la división del trabajo no debería tener connotaciones de género y el trabajo
remunerado de las mujeres debería dejar de ser considerado secundario. A nuestro juicio, estas condiciones
dan el sentido deseable a los cambios culturales pendientes en el largo plazo.
II. DEMANDA DE TRABAJO: antecedentes históricos.
1. Definiciones
En este documento la demanda de trabajo se entiende como la necesidad de trabajadores que tiene
la economía y se identifica con la ocupación, medida en términos convencionales. La ocupación en el sector
asalariado responde claramente al concepto de demanda, pero también el trabajo independiente expresa la
satisfacción de una demanda cuando su producción encuentra compradores en el mercado. En los análisis de
demanda se incluyen ambas categorías, sin distinguirlas.
Debido a los intereses de este enfoque y condicionada por la disponibilidad de información, la
demanda se expresará por la cantidad de personas ocupadas, sabiendo que al interior de ellas hay una
distribución no uniforme de horas trabajadas.
La demanda de trabajo tiene estructuras y ritmos de variación relacionados con la estructura y
crecimiento de la producción y de la productividad, es decir, con factores económicos y técnicos, pero, al
mismo tiempo, su estructura, niveles y jerarquías están impregnados por la cultura de género que se expresa
de muy diversas maneras. La historia y los cambios de la demanda conforman las desigualdades, las
oportunidades y sus crecimientos, el habitat donde se puede alojar la diversidad de mujeres que trabajarán
remuneradamente en cada momento histórico. Desagregar la demanda por sexo significa estar consciente de
la diversidad que hay al interior de cada uno de ellos, y dar cuenta de las evidencias más importantes en el
caso de las mujeres.
La demanda es heterogénea, dirigida a una diversidad de mujeres y las dinámicas que se observan
en el mercado laboral y afectan el trabajo femenino son también muy variadas. Entre ellas, interesa destacar
la existencia de un grado de segregación sexual del trabajo que afecta al trabajo femenino según el

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crecimiento relativo de las distintas ramas de actividad y de las distintas formas de producción, pero que a la
vez cambia sus contenidos en la medida que la división sexual del trabajo se recompone.
El empleo femenino está influido por otra multiplicidad de factores como la apertura comercial, los
cambios institucionales en la legalidad laboral, los salarios relativos por sexo, los costos laborales de
hombres y mujeres, todo ello en el contexto de una cultura empresarial con visión de género hacia los
trabajadores. Aunque todos ellos tienen influencias importantes, y podrían ser motivo de otros informes, no
son incluidos en éste.
2. Contexto y crecimiento
Es usual contar la historia realzando los hechos políticos y económicos, sin embargo, los trabajos de
Humberto Vega, basado en F. Braudel, han traído al escenario del recuento hechos demográficos y
culturales que se desarrollan lenta pero decididamente. Tras la breve historia que se reseña a continuación,
hay una población que crece más lentamente - nacen menos niños y sobreviven en mayor medida - y una
importante feminización de la fuerza de trabajo.
La historia económica desde 1970 hasta hoy se desenvuelve en un contexto de grandes cambios de
gobierno y de situación política de la población: 36 años en que gran parte de la población se ha renovado.
La mayoría de los que eran mayores de 40 años en los años 70 ya no están y los que hoy son menores de 40
eran niños o no habían nacido en los 70, siendo en 1995 el 71% de la población.
Los mil días de gobierno de la Unidad Popular son pocos en el total de los días transcurridos, pero
dejaron su señal en el recuerdo y en la reacción que provocaron. Los aumentos del PIB y de la ocupación, la
caída de la desocupación, la redistribución progresiva del ingreso, se diluyen después del golpe de Estado de
1973. Sigue a ellos la "inauguración de un proceso de reestructuración capitalista y destrucción del sistema
político anterior acompañado de recesión económica y atomización social", en palabras de Hola (1989),
refiriéndose a los años 73-75.
La crisis posterior al golpe de Estado es tan fuerte que recién en 1977 se recupera el nivel del PIB
de 1970 en términos reales, volviendo a caer con la crisis de 1982. Durante la segunda mitad de los ochenta
y hasta la fecha, el crecimiento del PIB es sostenido y supera el del empleo.
Los procesos de reestructuración económica provocan un gran problema de empleo, y los
Programas Especiales de Empleo que nacen en 1975 se mantienen hasta 1988, es decir, la mayor parte de la
trayectoria de la dictadura. En el peor año, 1983, emplean a 500.000 personas, ó el 16% de los ocupados.
Son empleos casi improductivos, pagados con salarios menores que el mínimo vigente en la época, que
pretenden resolver un problema de distribución y no de producción. Hay una alta participación de mujeres
en ellos, aún cuando no han sido diseñados con esa intención. En esta coyuntura la motivación para trabajar
de las mujeres tiene que ver con la alta cesantía masculina ocasionada por la crisis.
El
gráfico 1 muestra las tasas de variación del P.I.B. y del total de ocupados, excluidos los ocupados
en programas de emergencia. La economía cae hasta la crisis de 1975 y se recupera para volver a caer en
1982, siempre acompañada por el empleo. En la recuperación posterior, hay unos primeros años de
crecimiento ocupacional por sobre el de la producción, con caídas en la productividad, situación que cambia
a partir de 1989. (Anexo 1, cuadro 1.)

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Gráfico 1
Tasas anuales de variación del PIB y los ocupados (sin PEM-POJH)
-20,0
-15,0
-10,0
-5,0
0,0
5,0
10,0
15,0
1971
1973
1975
1977
1979
1981
1983
1985
1987
1989
1991
1993
1995
Ocupados
PIB
Fuentes: Series de ocupados: 1970 - 1972, 1975 - 1986, 1986 - 1996 :INE, Encuesta Nacional del Empleo. 1972 -
1975: Universidad de Chile. Desde 1975 a 1988 se excluye a los ocupados en Programas de Emergencia: PEM y
POJH. Series del PIB: Banco Central, Cuentas Nacionales 1986-1996. CIEPLAN: Compatibilización de Cuentas
Nacionales 1960-1992.
El crecimiento económico de 1976-1981 se hace con alto endeudamiento externo y la dinámica de
producción se busca en el mercado externo más que en el interno, deprimido por la crisis y con salarios
disminuidos en términos reales, lo que favorece en ese momento la competitividad internacional.
La
situación de las personas se agrava por el deterioro de los salarios y de las pensiones y la
disminución del gasto público social, como parte de las políticas llamadas de "ajuste estructural", aplicadas
en los 80 y los 90 en toda América Latina. El traslado de los costos del ajuste a los hogares repercutió
directamente en las mujeres, cuya respuesta fue conseguir ingresos como fuera posible. Hola (1989)
describe lo que ocurrió: "El alto desempleo y el deterioro de las condiciones de vida han producido un
incremento de la incorporación de la mujer al mundo del trabajo remunerado" Más trabajo de las mujeres y
de los hijos, intensificación del trabajo de la mujer, tanto para conseguir ingresos como en el trabajo
doméstico, reemplazan al menor gasto social.
Hola cita a Martínez y Tironi (1985) en su descripción del proceso de cambios
ocupacionales."..disminución de la población activa localizada en la agricultura; un aumento de la población
en servicios y comercio; una reducción sustantiva del empleo público (que para 1985 había disminuido en
180.000 puestos de trabajo); un incremento relativo de las ocupaciones independientes por sobre las
ocupaciones dependientes en los estratos bajos, medios y altos; un aumento importante de los empresarios;
una caída sensible de la clase obrera, especialmente en la industria manufacturera, y una disminución del
empleo doméstico remunerado."
El
año 1990 marca el inicio de los gobiernos elegidos democráticamente, década de crecimiento
económico y aumento del empleo y de la productividad, con una desocupación estabilizada en niveles de
alrededor de 6%. En el aparato productivo y el mercado laboral persisten enormes diferencias que se
sintetizan en una proporción importante de hogares pobres, sea cual sea la forma que se elige para medirlos.

Page 12
Al interior de los ocupados, el crecimiento de la ocupación femenina es notable en todo el período.
Por razones diferentes en los años 70 y en los 90, las mujeres se incorporan aceleradamente a la fuerza de
trabajo, con altas tasas de desocupación que revelan las dificultades que enfrentan.
Cuadro 1. Crecimiento de ocupados y ocupadas: aumentos en períodos indicados y tasas anuales.
Mujeres Hombres
aumentos
tasa anual
aumentos
tasa anual
Censos de población:
1960 –
1970
88.278
1,6
234.469
1,3
1970
-
1982
240.832
2,9
215.883
0,9
1982
-
1992
425.123
4,2
832.445
3,3
1960
-
1992
754.233
2,9
1.282.797
1,8
Encuestas de empleo INE:
1992
-
1996
215.960
3,6
242.350
1,8
___________________________________________________________________________
Nota: las cifras de ocupados del Censo de 1982 contienen a los ocupados en Programas de Empleo de
Emergencia.
Durante todo el período hay un proceso de feminización de la fuerza de trabajo que tiene dos
fundamentos importantes, los mismos que parecen constituir la base del futuro: una demografía que limita la
oferta de personas en edad de trabajar, especialmente la de hombres por sus altas tasas de participación
laboral, y un interés cada vez mayor de las mujeres por incorporarse al trabajo remunerado. El contexto
económico permitió la realización de sus intenciones, básicamente a través de Programas de Empleo de
Emergencia en los comienzos de los 80 y a través de aumento del empleo asalariado en los 90.

Page 13
Cuadro 2. Tasas de crecimiento de la población de 15 años y más.
Período Mujeres Hombres
____________________________________
1975-1980
2,54
2,60
1980-1985
2,26
2,29
1985-1990
1,98
2,04
1990-1995
1,78
1,86
____________________________________
Fuente: INE. Chile. Estimaciones y proyecciones de población
por sexo y edad. Total país: 1950-2050.
Las tasas masculinas de participación laboral registradas en los tres últimos censos (1970, 1982 y
1992) descendieron desde 79,4% y 73,4% hasta 71,5% en tanto las femeninas crecieron desde 21,6% y
24,1% hasta 28,1% respectivamente.
La
participación medida por las encuestas de empleo, que es una medida más precisa, muestra una
evolución entre 1986 y 1996 desde 73,4% hasta 76,6% para los hombres y 28,7% hasta 34% para las
mujeres. Como se verá más adelante, la participación global resultante está influida por la estructura de
edades.
Sobre las continuidades y los cambios que se encuentran en estos 25 años se basarán las
proyecciones para los próximos 30 años. Para ello se rescatan como continuidades las tasas de crecimiento
de los ocupados por debajo de las tasas de crecimiento del PIB y el aumento de las mujeres ocupadas a un
ritmo mayor que el de los hombres.
3. Segregación sexual del trabajo y descomposición del crecimiento
La demanda por trabajo no es homogénea desde el punto de vista del sexo de los trabajadores. En la
historia del trabajo es una constante cultural el que las ocupaciones tiendan a ser definidas en términos de
"ocupaciones para hombres" y "ocupaciones para mujeres". Tales definiciones tienen a su vez una dinámica
que las hace cambiar, pero generalmente se recomponen y generan una nueva división sexual del trabajo,
con escasas excepciones.
Las mujeres se abrieron camino en el trabajo remunerado utilizando las ventajas que tienen en su
desempeño doméstico. En toda su historia, ha sido más fácil para ellas concentrarse en los trabajos que "son
adecuados" para mujeres, facilitando su incorporación al trabajo remunerado. Incluso el progreso tiende a
seguir por ese camino: cada vez que conquistan un nuevo espacio, las mujeres se relocalizan en (o son
relegadas a) funciones asociadas a su rol doméstico y reproductivo. El aumento de mujeres ejecutivas se
observó más masivamente en cargos de Personal ó Bienestar en las empresas privadas y en las Instituciones
públicas. Las empresarias se dedican preferentemente a negocios en las ramas de producción típicamente
feminizados: confecciones, alimentación, alojamiento, etc, donde son mejor aceptadas por trabajadores,
clientes y proveedores.

Page 14
RECUADRO 1: DEFINICIONES DE SEGREGACION SEXUAL DEL TRABAJO
Una primera definición es la segregación al interior de cada ocupación, reflejada en la
proporción de mujeres (y de hombres) que la ejercen. En la medida que la participación
femenina sobrepasa el nivel de participación global, la ocupación es más femenina y
viceversa.
Una segunda definición es la segregación entre ocupaciones: se puede medir por el
número de ocupaciones que concentran una proporción importante del trabajo
femenino
(ó masculino). A este fenómeno se le señala como "concentración del trabajo
por
sexo".
De acuerdo a estos conceptos, la segregación será menor en la medida en que la
proporción de
mujeres en cada ocupación sea similar a la global, y que no haya diferencias en la concentración del
trabajo femenino y masculino por ocupaciones.
Ambas medidas se ven afectadas por el grado de agregación al que se definen las ocupaciones.
Como consecuencia de estos procesos, el crecimiento de la ocupación femenina se puede
descomponer en tres fuentes:
a)
el
crecimiento
económico general que va acompañado de un aumento del empleo
global,
b) el crecimiento diferenciado de las diversas ramas de actividad, con sus estructuras
ocupacionales, que cambian la estructura del empleo y su composición por sexos,
c) cambios en la feminización (segregación interna e interocupacional) de las ocupaciones.
Como la segregación se expresa también al nivel de ramas de actividad, es
posible tener indicadores de
concentración y descomposición del crecimiento
por ramas. Ver Barrientos (1997)
También la cultura de la segregación, a través de las ocupaciones, se expresa en las formas de
trabajo: asalariado, cuenta propia, empresarial. En este caso se superponen hábitos culturales de los roles
masculinos y femeninos a la segregación ocupacional.
Múltiples agentes contribuyen a ello. Primero, quienes contratan trabajo asalariado o servicios de
cuenta propistas: la "overlista", la trabajadora en servicio doméstico, el jardinero. También los jefes y
compañeros de trabajo, cuando hay una división del trabajo establecida, tienden a oponerse a los cambios,
sea de manera directa o poniendo dificultades a que mujeres se hagan cargo de tareas consideradas
masculinas. La sociedad, y como expresión cercana de ésta, las familias, especialmente los cónyuges,
manifiestan sus preferencias u oposiciones: se señalan los peligros (la noche, el trayecto al trabajo, los
horarios, el peligro de accidentes, la exposición a agresiones sexuales, etc..) Finalmente las mujeres y los
hombres, sensibilizados desde pequeños (¿qué quieres ser cuando grande?) en su gran mayoría acatan las
reglas sociales y desempeñan los trabajos que no encuentran oposición y para los que creen estar destinados
o a los que aspiran, reproduciendo la división sexual del trabajo.
Cerrando el círculo, aunque no de manera fatalista porque también hay agentes de cambio -
empleadores innovadores, trabajadores con gustos personales muy definidos, rebeldes de diverso tipo,
ocupaciones nuevas que se importan "con sexo" -, encontramos que la mayor parte de las ocupaciones es

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desempeñada principalmente por un sexo, lo que se ha llamado segregación sexual del trabajo. A ella se
superpone un sistema de valores que, partiendo de una valoración inferior para los trabajos del hogar - se
oye decir: ¡hasta una dueña de casa lo puede hacer! - tiende a subvalorar aquéllos desempeñados por
mujeres. Con ello se añade un obstáculo más a la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado, de
carácter cultural, que se refleja claramente en las brechas salariales entre los sexos y actúa desincentivando a
las mujeres, haciéndolas más pobres aún con iguales méritos que los hombres.
Estas son las proposiciones que sustentan el panorama de la segregación sexual del trabajo en el
período 1970-1996.
La
segregación de las ocupaciones tiene efectos en todas las mediciones del trabajo social. Se
manifiesta en las ramas de actividad, que tienen diferente composición de ocupaciones entre ellas, por lo
cual en unas predominan más el empleo femenino y en otras el masculino.
17
El crecimiento diferenciado
entre ramas y subramas produce crecimientos diferentes del empleo de mujeres y hombres, según la
importancia de dicha rama en la estructura del empleo femenino o masculino.
A
continuación se exponen antecedentes cuantitativos sobre las fuentes del incremento del empleo
femenino a un ritmo más rápido que el masculino en el caso de Chile en el período considerado.
Según cálculos de Barrientos (1997), en los años de crecimiento sostenido 1985-1993, el aumento
en el empleo femenino se debe fundamentalmente al efecto del crecimiento de los ocupados en su conjunto,
y en segundo lugar al efecto de la feminización de las ocupaciones. El crecimiento extensivo no generó
cambios notorios en la segregación sexual del trabajo y la mayor parte del nuevo empleo femenino se
incorporó a la estructura existente.
El resultado es que se feminizan más las actividades ya femeninas, por lo que se mantiene o
aumenta la concentración del empleo femenino en ellas, como lo indican diversas mediciones efectuadas.
Ellas están construidas de manera que una entrada de trabajadoras a ocupaciones tradicionalmente
masculinas, o una salida de ocupaciones tradicionalmente femeninas disminuyan el valor numérico de los
indicadores.
RECUADRO 2: MEDICIONES DE CONCENTRACION DEL EMPLEO POR SEXO
17
En el trabajo remunerado los hombres se hacen cargo de los trabajos en la producción extractiva (Agricultura,
Pesca, Minería) y en la producción que transforma materiales (Manufacturas, Construcción). Se asocian a
máquinas, fuerza, condiciones duras, conocimiento tecnológico.
Las mujeres se encuentran en la Administración (privada y sobre todo pública), el Comercio, los servicios a las
personas, las comunicaciones, la educación, la salud, el cuidado de niños y ancianos. En la transformación de
alimentos, costura, digitación, armado de piezas menudas, selección de frutas, control de calidad. Labores
rutinarias que requieren habilidad manual, cuidado, paciencia.
Mientras los hombres trabajan los materiales con máquinas o fuerza, las mujeres trabajan principalmente con y
para las personas, o en procesos "livianos" y preferentemente manuales.
Otro tipo de división sexual se encuentra en los tipos de trabajo. En la economía "formal" (empleadores y
asalariados), las mujeres participan más como asalariadas (obediencia, venta del trabajo por una remuneración)
que como empleadoras (mando, arriesgar el capital), en relación con los hombres. Ellas se hacen cargo totalmente
del trabajo doméstico asalariado y, en mayor proporción que los hombres en el trabajo por cuenta propia y como
familiares no remunerados. Dentro de los asalariados, participan menos en los niveles altos (privado y público).
En síntesis, ellas están menos en el mando, en la propiedad y en el riesgo.

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Indice de Disimilaridad: fracción de los ocupados que necesita cambiar de empleo, sin reemplazo,
para que la proporción de hombres y mujeres sea la misma.
Por rama:
1985 = 0,414; 1993 = 0,387
Por ocupaciones:
1985 = 0,477; 1993 = 0,487
Valores límites: 0 cuando los ocupados están totalmente integrados, 1 cuando están
totalmente concentrados por sexo.
Indice de Karmel-Maclachlan: valor 0 para la integración total por sexo y valor máximo según la
proporción de mujeres en la fuerza de trabajo.
1986 = 0,226; 1992 = 0,274
Fuente: Barrientos, 1997.
Concentración del empleo femenino en las 25 ocupaciones con más mujeres en 1995, de un total de
88 ocupaciones.
1970:
79,9
%
1982:
83,7
%
1990:
90,8
%
1995:
90,7
%
Fuente: 1970, 1982, Censos según Muñoz
1990, 1995, cálculo propio en base a INE, Encuestas de Empleo,
trimestres
julio-septiembre. (Anexo 1, cuadro 2)
Estamos presenciando una rápida feminización de las ocupaciones, que ha producido mayor
concentración del empleo femenino, como lo indican las cifras del Recuadro 2.
Además de concentrar el empleo femenino, el conjunto de las 25 ocupaciones que ocupaban más
mujeres en números absolutos (1995) tenía una proporción de mujeres de un 32% en 1970, cifra que
aumentó a 37% en 1982 (cifras censales), y a 42% y 45% respectivamente en 1990 y en 1995 (cifras
Encuesta de Empleo, INE). Estos datos no niegan el hecho que otras ocupaciones también se han
feminizado, pero a un ritmo menor que las de este grupo. Se confirma el diagnóstico de Barrientos relativo a
que el crecimiento no ha ampliado las oportunidades de las mujeres en el trabajo remunerado: ellas se
mantienen mas o menos en las mismas ocupaciones y ramas de actividad.
Para apreciar lo que ocurrió en un período más largo, se han utilizado fuentes censales y/o encuestas
continuas de empleo, a nivel de las ramas de actividad a dos dígitos, midiendo el crecimiento del empleo de
ambos sexos y la participación femenina en cada una de ellas.
Como ya se vió, según los censos de población las mujeres ocupadas crecieron más que los hombres
produciéndose un aumento en la feminización de los ocupados. Ahora interesa analizar dónde se produjo
ese aumento y si hay indicios de cambios.
Durante el período 1970 - 1992 las ramas de actividad que emplean mujeres en una proporción
importante, (entre 24% y 40% en 1970), tuvieron un crecimiento anual del empleo de ambos sexos de 2,4%,
superior al 1,4% del conjunto de ramas con baja participación femenina (entre 2% y 7% en 1970). De
manera que una parte del crecimiento mayor de los empleos para mujeres fue absorbido por las ramas
relativamente "feminizadas", favoreciendo la concentración de las mujeres en ellas.

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Además, en el mismo período todas las ramas experimentaron aumentos en la proporción de
mujeres que emplean. Lo mismo ocurre si se consideran los datos de la Encuesta Nacional del Empleo del
INE entre 1986 y 1996.
Los aumentos en la feminización de las ramas son más altos en Comercio y Servicios, donde la
participación femenina es más alta en términos absolutos y relativos, y en la Agricultura y Trasportes, que
ocupan a una baja proporción de las mujeres que trabajan remuneradamente. La mayor parte de los empleos
para mujeres, sea por crecimiento del empleo o por feminización, se crean en las mismas ramas. Coincide
con el análisis por ocupaciones a nivel más desagregado, según el cual las ocupaciones de vendedores/as son
las que absorben la mayor parte del nuevo empleo femenino.
Cuadro 3. Proporción de mujeres y su evolución por ramas de actividad.
Censos
Encuestas, trimestres octubre-diciembre
________________________
________________________________
1970
1992
diferencia 70-92
1986
1996
diferencia 86-96
___________________________________________________________________________
En ramas con baja participación femenina
Agricultura
3,3
6,3
3,0
6,5
10,9
4,4
Minería
2,1
4,7
2,6
3,2
3,7
0,5
Construcción
2,0
2,7
0,7
2,4
3,5
0,9
Electricidad
5,9
10,7
4,8
12,6
12,4
-0,2
Transporte
7,0
10,4
3,4
6,7
11,2
4,5
En ramas con participación femenina más alta
Industria
24,5
24,1
-0,4
25,6
26,6
1,0
Comercio
30,6
33,5
2,9
39,3
43,9
4,6
Servicios y
resto
40,4 54,8
14,4
Serv.financieros
32,3
37,4
5,1
Serv. comunales,..
51,7
55,0
3,3
________________________________________________________________________
Al considerar el futuro de la demanda de trabajo conviene tener presente que una incorporación
equilibrada de ambos sexos al trabajo remunerado requiere poner atención a estos indicadores y hacer su
seguimiento. Si las fuerzas del mercado y de los cambios culturales no han permitido hasta ahora romper
con los ghettos por sexo del trabajo remunerado, habrá que profundizar en los factores que resisten la
apertura de oportunidades de trabajo para las mujeres.
Cuadro 4. Comparación entre el crecimiento real del empleo por sexo y el crecimiento debido a la
feminización en las ramas
Mujeres
Hombres
____________________________________________________________________
Ocupados en 1970
587.867
1.932.134
Ocupados
en
1992
1.253.822
2.980.462
Ocupados en 1992 calculado
con el % de mujeres de 1970
987.776
3.634.242

Page 18
tasa
anual
real
70/92
3,5
2,0
tasa anual sin variación en la feminización 2,4
2,4
tasa anual por aumento en la feminización
1,1
- 0,4
N° empleos por aumento
feminización en 22 años
266.046
-
266.046
___________________________________________________________________
Como anunciamos, también las formas de trabajo son diferentes para mujeres y hombres. Ellas son
más del 90% de los asalariados del servicio doméstico, categoría ocupacional en disminución. Cerca del
70% de los activos (ocupados y cesantes) son asalariados, categoría que ha sufrido una gran feminización en
el período, llegando a ser mucho más importante para las mujeres. En 1970, el 53% de ellas eran asalariadas
no domésticas y en 1992 alcanzan al 65%. También ha habido un proceso de disminución relativa del
trabajo por cuenta propia, para los hombres pero en mucho mayor medida para las mujeres. La
"formalización" del empleo se manifiesta también en el alto crecimiento de los empleadores, para ambos
sexos. (Anexo 1, cuadro 3)
Cuadro 5. Composición porcentual de los activos por categoría ocupacional
Año 1970
Año 1992
Homb.
Muj.
Total
Homb.
Muj.
Total
_________________________________________________________________________
Empleadores
2,5
1,3
2,2
6,9
6,2
6,7
Trabajadores por cuenta propia
20,2
17,8
19,6
18,3
10,1
15,9
Servicio doméstico
0,3
26,4
6,3
0,5
16,4
5,2
Asalariados
74,3
52,9
69,4
71,8
65,1
69,8
Familiares no remunerados
2,6
1,7
2,4
2,5
2,2
2,4
Total
100
100
100
100
100
100
__________________________________________________________________________
Fuente: INE. Censos de Población
.
Se perciben cambios de importancia en la categoría de empleadores según las cifras censales. En
1970 solo el 13% de los empleadores eran mujeres, en cambio en 1992 llegan al 27%. La segregación sexual
del trabajo parece romperse, pero continúa en términos del tipo de negocios a los que se dedican
principalmente las mujeres.
Según la encuesta de empleo del INE, ni los niveles ni los cambios son tan grandes, pero también se
registra un aumento. La proporción de mujeres entre los empleadores ocupados era de 14% en 1986 y 18%
en 1996 y se han abierto mayores espacios en la actividad industrial y de servicios.

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Cuadro 6. Empleadoras por rubros principales
Mujeres empleadoras (miles)
% sobre total empleadores del rubro
1986
1996
1986
1996
________________________________________________________________________
Comercio
9,2
10,9
21
25
Industrias
2,4
6,9
13
23
Servicios 2,3
5,8
17
29
Serv
Financieros 1,8
4,1
19
27
Agric y pesca
1,7
2,4
7
8
________________________________________________________________________
Fuente: INE, Encuestas de Empleo. Trimestres abril-junio de cada año.
Es
un
fenómeno que no impresiona cuantitativamente, pero importante cualitativamente. Las
mujeres aún no son visibles en las organizaciones de empresarios ni en las negociaciones con el gobierno, lo
que confirma que están ocupando posiciones muy subordinadas dentro del sector.
4. Estructura del empleo y pobreza
La
generación de pobreza puede relacionarse con el mercado laboral por los procesos de exclusión
o por el acceso en condiciones muy malas.
La trayectoria de estos años muestra que los empleos han aumentado por sobre el crecimiento de la
población en edad de trabajar, ha disminuído la tasa global de desempleo y se superó la enorme crisis cuya
respuesta fueron los Programas Especiales de Empleo de los años 80. El censo de 1982 registró 570 mil
hombres y 130 mil mujeres desocupados, además de los 300 mil ocupados en empleos de emergencia. Los
desocupados/as bajaron a 276 mil y 111 mil respectivamente en el censo de 1992.
Sin embargo, el acceso se reparte en forma desigual. Los grupos que sufren un mayor rechazo,
tomando en cuenta como indicador la tasa de desocupación, son los jóvenes y las mujeres, y dentro de ellos,
los que viven en hogares pobres y tienen menor nivel educacional.

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RECUADRO 3: LIMITACIONES DE LA INFORMACIÓN DISPONIBLE
SOBRE HOGARES POBRES
Los
cálculos de pobreza provienen de la Encuesta CASEN, que se realiza en todo el país desde
1987. Recolecta datos en los hogares y calcula un ingreso por persona en cada hogar que le permite
clasificarlos según este indicador ordenados en grupos quintiles en orden ascendente de ingresos.
Los ingresos están altamente relacionados con la desocupación, ya que ésta implica la ausencia de
ingresos del trabajo y, por lo tanto, cuando uno o más miembros del hogar están desocupados, el
ingreso por persona de éste cae y el hogar tiende a situarse en grupos quintiles más bajos. De la
misma manera, los hogares con más miembros, sobre todo si son menores, tienden a tener un
ingreso por persona más bajo y quedar en los grupos de hogares de menores ingresos.
Sin embargo, la caracterización de las personas de estos hogares confirma que el método es
aceptable para distinguir hogares con menos recursos del resto.
En 1996 las tasas de desocupación femenina varían entre un 26,1% y 10,8% en los dos grupos
quintiles más pobres y un 1,7% en el quintil más rico, en tanto las masculinas se mueven desde 12,4% y
5,4% respectivamente hasta un 1,4%. (MIDEPLAN, Encuesta CASEN 1996). Históricamente, en el período
considerado, la tasa global femenina supera en alrededor de un 50% a la tasa de desocupación masculina,
pero al desagregarlas según nivel de ingresos se encuentra que las mayores diferencias se producen en el
grupo más pobre.
La
ocupación también está distribuida desigualmente entre los grupos quintiles. El primer y
segundo quintiles, con el 40% de los hogares y el 45% de la población, tienen el 37% de los hombres
ocupados y solamente el 25% de las mujeres ocupadas. Por razones que se analizarán en el capítulo de
oferta de trabajo, las mujeres de los hogares más pobres se ven más excluidas del trabajo.
Una
rápida descripción de las condiciones de trabajo de las mujeres por quintiles de ingreso indica
que las más pobres tienen menos acceso al trabajo como obrera o empleada, su ocupación principal es el
servicio doméstico remunerado, no cuentan con contrato de trabajo en mayor proporción y entre ellas es más
frecuente el trabajo temporal, con lo cual quedan excluidas de la cobertura de riesgos de salud y previsión.
La estructura productiva admite a las mujeres más pobres en trabajos con peores condiciones. Más
del 50% de las trabajadoras del primer quintil y más del 40% de las del segundo quintil se ocupan como
trabajadoras no calificadas, y más del 20% en ambos grupos son trabajadoras de servicio y vendedoras,
patrón que se mantiene según la información de CASEN de los últimos 4 años. (Anexo 1, cuadro 4).
En 1996 se advierte un aumento de la importancia de las trabajadoras calificadas en la agricultura
en el grupo de hogares del primer quintil. Este caso induce a preguntarse por la relación entre exportaciones
agrícolas y empleo femenino, y si el 51% de las mujeres que aportarían a este sector su trabajo calificado
vivirían en el 40% de hogares de menores ingresos por persona.
La
dinámica ocupacional entre 1986 y 1996 muestra que los grupos ocupacionales con menor
crecimiento relativo son las ocupaciones agrícolas, los trabajadores en servicios personales y afines y que
los obreros y jornaleros no especificados han disminuído. Las ocupaciones más dinámicas en crecimiento
son las que agrupan a los empleados de oficina, conductores de medios de transporte y artesanos y

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operarios. (INE, Encuestas de Empleo, Anexo 1. cuadro 5). Para las mujeres se han creado más lugares de
trabajo en las ocupaciones de jerarquías más altas y en el gran grupo de los vendedores, cuya
heterogeneidad se demuestra en que es una ocupación importante para las mujeres en todos los grupos
quintiles.
Los temas del trabajo femenino y su relación con la pobreza, desde el punto de vista de la demanda,
son múltiples y se ha acumulado poco conocimiento al respecto. La pregunta básica es qué tipos de empleos
se están creando: cuáles son sus niveles de productividad y de remuneración, qué nuevas tendencias
introduce en ellos el progreso tecnológico, cómo varían las condiciones contractuales de trabajo, cómo
influye la externalización de servicios o de procesos, en suma, las tendencias de lo nuevo y cómo influye en
la disparidad sectorial de niveles de productividad, de ingresos y de calidad de los trabajos. Se recomienda
alentar estudios en estas direcciones.

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RECUADRO 4: CARACTERIZACIÓN DEL TRABAJO POR QUINTILES
Y SEXO EN 1996.
Composición porcentual de la población de 15 años y más ocupada,
por categorías ocupacionales.
Mujeres
Hombres
Categoría ocupacional
I
II
V
Total
Empleadora
0,1
0,1
8,0
2,8
4,2
Trab.
cuenta
propia
14,1 14,5 18,9 17,6
22,1
Obrera
o
empleada
47,9 57,6 69,1 64,0
81,6
Serv. doméstico (1)
33,6
25,0
1,7
13,1
0,2
Familiar no Remunerado 4,3
2,4
2,0
2,2
0,8
FF.AA. y de orden
0,0
0,3
0,3
0,3
1,8
Total
100 100 100 100
100
______________________________________________________________
(1) Sólo puertas afuera. En el análisis por nivel de ingreso queda excluido
el personal del servicio doméstico puertas adentro.
Porcentaje de población asalariada con contrato de trabajo
I II
V
Total
Mujeres
46,7
60,5
86,3
73,4
Hombres
63,5
73,6
87,6
77,5
Promedio del ingreso mensual del trabajo
I