Esto es reforzado por la común percepción de que el ingreso de la mujer es útil pero
suplementario, en tanto el aporte de los hombres es principal. Esto se vincula a la
noción a partir de la cual se espera que las mujeres dediquen la mayor parte de sus
energías en el largo plazo a los niños y la familia, en tanto el compromiso de los
hombres con el trabajo justamente es reforzado con las responsabilidades que asumen
con el matrimonio y la paternidad. Así, se tiende a percibir a las mujeres como
trabajadoras inestables, cuyo período laboral se concentra en el período previo al
matrimonio y posterior a la crianza de los niños, con lo que se quita la legitimidad de
su autonomía económica. Los hombres en cambio, se ven a sí mismos como
trabajadores de toda la vida, buscando hacer carrera que les permita mantener a sus
familias. Aún cuando las cifras expuestas anteriormente refutan este prejuicio, en la
práctica opera como si constituyera una realidad.
La generación de estereotipos, el énfasis en la oposición entre géneros y el
establecimiento de jerarquías entre ellos caracterizan la actual construcción de la
identidad económica de los géneros. La devaluación de la mujer en relación a los
hombres en términos de sus capacidades como trabajadoras se produce a través de un
doble proceso de marginalización de las mujeres de los trabajos prestigiosos y de
devaluación del tipo de trabajo que realizan las mujeres. La clara separación entre
dos géneros que se observa en el mundo del trabajo, con estereotipos sobre atributos
femeninos y masculinos y la superioridad de lo masculino sobre lo femenino, no se
origina en el mundo de la economía. Por el contrario, ésta es la base con que opera el
sistema sexo-género en cualquier sociedad. Tal como plantea Chodorow, este sistema
incluye "...formas en que el sexo biológico se convierte en género cultural, división
sexual del trabajo, relaciones sociales para la producción de género y de mundo
social organizado por género, reglas y regulaciones para la elección de objeto sexual
y conceptos de niñez. El sistema sexo-género es como un modo de producción social,
un determinante fundamental y elemento constitutivo de la sociedad, socialmente
construido y sujeto a cambios históricos y a evolucionar" (Chodorow, 1979, 84-5).
Así, la realidad laboral de las mujeres está marcada por dos fenómenos: la
segmentación de las ocupaciones según sexo y la subvaloración del trabajo femenino.
La distinción sobre las causas detrás de la posición subordinada de la mujer en el
mercado de trabajo, identificando los factores ligados a la oferta - como nivel
educacional, capacitación, etc. - y otros ligados a la demanda - como barreras que
enfrentan - no es tan sólo de interés teórico. Ella genera perspectivas muy distintas
acerca de las políticas. Mucha de la acción contra la discriminación intenta
proporcionar a los individuos instrumentos para superar sus desventajas, pero a esto
es necesario sumar la acción contra la segmentación de modo de tender a modificar
las estructuras del mercado laboral y de este modo generar una verdadera igualdad
de oportunidades y trato."
1.2 Marco empírico del análisis: Se parte de la premisa de que, para lograr contar con
información adecuada para el análisis de las desigualdades de género no es suficiente el
análisis cuantitativo en términos de comparación de cada variable, por ejemplo: tasa de