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CARATULA  
 
 
 
 
 
 
 

ESTRATEGIA DE GENERO DEL PROGRAMA DE LAS NACIONES UNIDAS PARA EL DESARROLLO 
PNUD-El Salvador

INDICE

I. PREÁMBULO        3-4

II. ANÁLISIS DE CONTEXTO     5-11

 

III. MARCO DE POLÍTICA INSTITUCIONAL  12-15 

IV. MARCO CONCEPTUAL     16-27 

V. RESUMEN EJECUTIVO DEL DIAGNÓSTICO  28-33

INSTITUCIONAL DE GÉNERO DE PNUD-ES 

VI. DIRECTRICES GENERALES PARA LA   34-60 
INCORPORACIÓN DEL ENFOQUE DE EQUIDAD  
DE GÉNERO
 

VII. ANEXOS         62-69 

     1. Glosario     63-67

     2. Bibliografía     68-69

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

I.Preámbulo  
 

 

Todos los gobiernos se comprometieron en la Plataforma para la Acción de Beijing (1995) al progreso de las mujeres y a los objetivos de igualdad de género, y reconocieron la transversalidad del enfoque género (gender mainstreaming, en inglés) como la estrategia a seguir  para lograr estos objetivos, una estrategia que enfatiza la atención sistemática a los temas de igualdad de género en todas las prácticas, políticas y programas de la organización.

Naciones Unidas, y en concreto el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), también adoptó ese compromiso  e incluyó el progreso de las mujeres como un tema básico dentro de su marco de Desarrollo Humano Sostenible, adoptando también la transversalidad del enfoque de género como estrategia.

Desde entonces, el PNUD ha hecho un esfuerzo claro por avanzar en la transversalización de género en todas sus actividades. Como señala uno de los documentos básicos al respecto, la Guidance Note on Gender Mainstreaming,  el mainstreaming presupone una transformación profunda de la organización a todos los niveles:

 

La transformación significa reconocer que el género no concierne sólo a los programas, políticas y equilibrio de género en el personal, sino también a la cultura institucional. Está relacionado con el cuidado, la flexibilidad y el empoderamiento, que afectan los comportamientos, las normas, los programas y los impactos. Cada persona debe beneficiarse y cada persona debe tomar responsabilidad en ello.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en El Salvador se ha propuesto avanzar un paso más en su compromiso político en torno a la equidad de género a través de la adopción de una estrategia de transversalización de la equidad de género. Este documento es fruto de un proceso de reflexión participativo que pretende mostrar en primer lugar la capacidad actual de la Oficina para integrar la perspectiva de género de manera transversal en todos los ámbitos (programas, proyectos, procedimientos y cultura organizacional) y, en segundo lugar, definir las directrices para avanzar en el compromiso de la equidad de género.

El resultado de este proceso son tres documentos:

 
  1. Diagnóstico institucional de Género: donde se hace una análisis de la situación actual de incorporación del enfoque de género en el PNUD El Salvador.
 
  1. Estrategia de Género: donde se definen el marco conceptual y las grandes líneas para la incorporación del enfoque de género en todos las actividades del PNUD El Salvador
 
  1. Plan Operativo de la Estrategia de Género: donde se definen las acciones concretas a llevar a cabo de 2003 a 2006, así como un plan operativo para el año 2003, con su correspondiente presupuesto. Además, se ha elaborado una herramienta para monitorear la implementación de estos plantes operativos y está en proceso de elaboración un sistema de indicadores para la Oficina del PNUD El Salvador con enfoque de género.
 

La estrategia de transversalidad plantea en un primer momento un cambio de los procesos internos en la Oficina Nacional del PNUD, para poder lograr de esta manera cambios también en los resultados de la organización, es decir, en los Programas Nacionales, con el convencimiento de que esto  contribuirá  a lograr cambios en la situación de las mujeres y de los hombres en el país. De esta manera, esta iniciativa  del PNUD complementará y fortalecerá el proceso nacional para cumplir los compromisos internacionales adoptados por El Salvador en el avance hacia la igualdad entre hombres y mujeres.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

II. Análisis de contexto

 
Introducción

 

Según el Informe de Desarrollo Humano 2002, El Salvador se ubica en el rango de desarrollo humano medio, concretamente en la posición 104 a nivel mundial (con un IDH del 0.706). Sin embargo, cuando se mide y se compara el desarrollo humano entre los diferentes grupos de población por sexo, edad y situación geográfica se observan grandes, constantes y crecientes disparidades.   

En la cuestión que nos ocupa, la equidad de género, vamos a intentar hacer un breve y conciso análisis de las principales desigualdades que afrontan las salvadoreñas y los salvadoreños, desigualdades que, desde la perspectiva de desarrollo humano, suponen una limitación de las capacidades y una negación de oportunidades para obtener una mejor calidad de vida. Estas desigualdades aumentan también la vulnerabilidad de hombres y mujeres ante desastres naturales como los terremotos acontecidos en enero y febrero de 2001. La acentuada desigualdad en la sociedad salvadoreña entre hombres y mujeres y los diversos tipos de discriminación que afrontan las mujeres convierten a éstas en general en un grupo más vulnerable ante este tipo de fenómenos.  

Se estima que la población de El Salvador en 2002 asciende a 6.517.800 personas, de las cuales 3.316.080 son mujeres y 3.201.720 son hombres. La estructura de edades de la población salvadoreña refleja la existencia de una población muy joven: más del 45% son menores de 19 años (50.9% hombres y 49.1% mujeres). Se observa también una fuerte concentración urbana: el 59% de la población vive en área urbana.   

La desagregación por sexo del IDH muestra diferencias importantes entre los niveles de desarrollo humano alcanzados por los hombres y por las mujeres. Si pudiéramos dividir El Salvador en dos países, según hombres y mujeres, El Salvador de los hombres ocuparía la posición 87 (según la clasificación mundial por su valor de IDH, 2000), mientras que El Salvador de las mujeres ocuparía la posición 108, es decir 21 posiciones más abajo.  

Esas disparidades se pronuncian todavía más si cruzamos las categorías género y ruralidad/urbanidad y evidencian que las mujeres residentes en áreas rurales sufren una doble desventaja de cara a sus posibilidades de desarrollo humano: la discriminación por razón de género y la menor falta de oportunidades que, en general, enfrentan los hombres y las mujeres que viven en áreas rurales con relación a la población urbana. La diferencia entre el valor promedio del Indice de Desarrollo de Género para las áreas urbanas del país (0.761) y el de las áreas rurales (0.589) así lo demuestran.

Economía y trabajo

 

La Población Económicamente Activa (PEA) total en El Salvador en 2000 era de 2.5 millones de personas, 1.6 millones en áreas urbanas y 0.9 millones en áreas rurales. De la PEA total, el 61% eran hombres y el 39% mujeres. Pese a la menor participación relativa de la mujer en el mercado laboral, su presencia ha crecido en la última década de manera muy relevante, sobre todo en los niveles educativos de 10 años y más. Esto último seguramente está relacionado con el costo de oportunidad del trabajo femenino, ya que , al incorporarse al mercado laboral, la mujer debe emplear a alguien que cuide a sus hijos y haga el trabajo del hogar y también con la brecha salarial existente entre salvadoreños y salvadoreñas (el salario medio por mujer es el 71.6% del salario medio por hombre con 13 o más años de instrucción). 

Sin embargo, en estos datos, buena parte de la actividad femenina –en el sector informal o en trabajos no remunerados- es invisible en las cuentas nacionales y representa, según la estimación, 9,429.8 millones de colones, es decir, aproximadamente el 55% del presupuesto general.  

El mercado laboral salvadoreño evidencia la segmentación ocupacional de género y la tendencia  tanto entre mujeres como entre hombres de insertarse laboralmente en ocupaciones tradicionalmente femeninas y masculinas, respectivamente. En general, las mujeres tiende a realizar actividades generadoras de ingresos compatibles con sus responsabilidades familiares y de hogar, y que a menudo suelen ser menos rentables. En este sentido, las mujeres representan el 65% de la microempresa y el 52,3% de la población ocupada en el sector informal.  

En el caso de las mujeres residentes en áreas rurales hay que sumar su contribución a la economía agrícola familiar por ejemplo a través de la economía de patio y crianza de especies menores, que no queda registrada en las cuentas nacionales pues oficialmente sólo se reconoce que el 7% de las personas dedicadas a la agricultura son mujeres (según rama de actividad económica).

Economía del cuidado/ Responsabilidades familiares

 

Respecto a la distribución de las tareas familiares, la paternidad irresponsable en El Salvador es una problemática grave pues muchas mujeres se ven obligadas a asumir la responsabilidad única en el mantenimiento y cuidado de sus hijos. La Política Nacional de la Mujer, el Código de la Familia, así como instrumentos jurídicos internacionales como la Convención de la CEDAW y la de Belem do Para, recogen la igualdad y responsabilidad de mujeres y hombres dentro de la familia. Sin embargo, las acciones concretas para avanzar en este compromiso son todavía dispersas e inconsistentes. 

Según un estudio realizado por IUDOP y auspiciado por organismos de mujeres, la falta de reconocimiento del importante trabajo que las mujeres realizan dentro del hogar y en el cuidado de la familia se encuentra, además de en los hombres, en las propias mujeres, que no lo viven como trabajo sino como una de sus funciones por el hecho de ser mujer. Según este mismo estudio, el 97% de las tareas del hogar las realizan las mujeres.  

Los datos sobre el número de hogares con jefatura femenina utilizados son muy diferentes. Según aparece recogido en el Plan de Acción 2000-2004 de la Política Nacional de la Mujer, el 49% de los hogares salvadoreños están encabezados por mujeres. El dato manejado por otras fuentes (Las Dignas) es menor: el 28.2% del total de hogares del país (25.2% en áreas rurales y 30.2% en áreas urbanas) y de éstos el 49% son hogares considerados pobres. Sin embargo, según recoge esta misma organización en el Informe Beijing+5,  el hecho de utilizar este término de “jefatura” puede no mostrar la real situación de las mujeres, pues por razones de género y culturales suele asignarse al hombre la jefatura de hogar, aunque la principal fuente sostenedora sea la mujer. Por eso, algunas/os investigadoras/es proponen utilizar el término “sostenedoras del hogar”. 

En 1999, únicamente el 28% de la PEA ocupada estaba cubierta por la seguridad social, siendo uno de los más bajos en América Latina. En general, las mujeres suelen responsabilizarse del cuidado de las personas de edad avanzada, inválidas y enfermas; pero además la baja cobertura de la seguridad social hace que las personas dependan más de esas redes informales de atención y cuidado familiares que acostumbran a estar conformadas mayoritariamente por mujeres.

Tierra

 

A pesar de la importante contribución económica y social de las mujeres, éstas tienen mayores dificultades para acceder a la propiedad de la tierra y a otros recursos productivos. La reforma agraria de la década de los 80 no tuvo en cuenta a las mujeres rurales: sólo el 11% de las personas beneficiadas por la reforma agraria fueron mujeres y no se registran avances en este sentido.

Crédito

 

Las mujeres, en general, tienen más dificultades para acceder a créditos bancarios de la banca comercial y de organismos privados que los hombres por tener un menor acceso a las propiedades que los hombres. La iniciativa de diversas organizaciones de la sociedad civil salvadoreña para crear un Anteproyecto de Ley de Creación del Fondo de Financiamiento y Garantía para la Micro, Pequeña y Mediana empresa de las Mujeres (FOGAMUJER) se transformó en la creación del Fondo de Crédito Familiar , FOSOFAMILIAR, que beneficia a hombres y mujeres, modificando por lo tanto el espíritu de acción positiva que tenía esta propuesta.

Vivienda

 

En 2000, el déficit habitacional se cifró en 525,521 viviendas (déficit cuantitativo 36,511 viviendas y déficit cualitativo 489,010). Ese déficit afectaba sobre todo al área rural La situación empeoró con los terremotos de 2001, con 107,787 viviendas dañadas y 163,866 viviendas destruidas. Tomando datos del Fondo Nacional de Vivienda Popular (FONAVIPO), las mujeres reciben un 3% menos de viviendas que los hombres. 

No se cuenta con datos desagregados por sexo en cuanto a la propiedad de vivienda, tipo de vivienda, etc., pero sí se puede destacar la carencia de servicios básicos (agua potable, alumbrado) de muchas de ellas. Esta carencia tiene un importante impacto sobre las mujeres, pues son ellas en primer lugar, con ayuda de las niñas y niños, las principales responsables del abastecimiento de agua a la familia, constituyendo un elemento más que amplía la brecha de inequidad de género. La falta de cobertura y la escasez de agua obligan a que las mujeres y las niñas ocupen una parte importante de su tiempo diario (hasta 4 horas al día) para abastecer de este liquido al hogar.  

Por otro lado, la falta de alumbrado se convierte en una amenaza importante para la seguridad de las personas, sobre todo en el caso de las mujeres, pues genera espacios donde pueden sufrir violencia sexual.

Educación

 

Al desagregar el analfabetismo por grupos de edad y sexo, se observa que hasta el grupo de edades de 19 a 23 años, las mujeres presentan una menor o igual tasa de analfabetismo que los hombres. De los 24 años en adelante, sin embargo, la tasa de analfabetismo femenino supera, y de manera creciente, a la de analfabetismo masculino. Las desigualdades de acceso a la educación entre hombres y mujeres, por consiguiente, se dan especialmente entre los grupos de mayor edad, pero tienden a desaparecer entre hombres y mujeres jóvenes, situación que sólo se puede corregir a través de programas de educación de adultas/os.

Salud reproductiva y sexual

 

La tasa global de fecundidad (promedio de hijos e hijas que tendrían durante su vida las mujeres) y las cifras de embarazos en adolescentes se mantienen muy elevadas aunque se observa un descenso en los últimos años, al igual que la mortalidad materna, que registran todavía niveles relativamente altos: 120 por 100,000 nacidos vivos, para mujeres entre 15 y 40 años. 

Es imprescindible citar aquí dos de los grandes retrocesos en la libertad y la igualdad de las mujeres en el derecho a decidir sobre su propia vida: la ampliación en el primer artículo de la Constitución del “ derecho a la vida desde la concepción” y la penalización del aborto en el nuevo Código Penal, que prevé penas de entre 2 y 12 años de cárcel para las mujeres que aborten independientemente de las motivaciones que tengan para ello. El  anterior Código contemplaba como no punibles el aborto terapéutico (por peligro de la vida de la madre), el aborto ético (por violación o estrupo) y el aborto eugenésico (malformaciones en el feto). La Asamblea Legislativa optó por eliminar estas posibilidades del nuevo Código, lo que se traduce en una situación de grave riesgo para la vida de las adolescentes y las mujeres puesto no pueden someterse a un aborto incluso cuando peligra su vida, y si someten a ello, debe ser a escondidas y en lugares que no reúnen las condiciones de salubridad apropiadas.

Violencia

 

El nuevo Código Penal ha logrado avances al incorporar como delitos penales diversos tipos de violencia de género contra las mujeres (violencia intrafamiliar, acoso sexual y otras agresiones sexuales, discriminación laboral por razón de sexo, etc). 

Se observa un pronunciado aumento de la violencia sexual y de la violencia intrafamiliar de 1996 a 2000. En el caso de la violencia intrafamiliar, en 1996, se registraron 2.167 casos de personas adultas (2.105 mujeres y 62 hombres) y 598 menores (413 de sexo femenino y 185 masculino). En 2000, los casos de personas adultas aumentaron a 5.064 (4.672 mujeres y 392 hombres) y los de menores a 3.445 (1.983 sexo femenino y 1.462 masculino).

Migración

 

Un factor clave en la sociedad salvadoreña es la migración. Se calcula una pérdida neta de más de 10 mil personas por años. Según el Informe de Desarrollo Humano El Salvador 2001, las personas que emigraron en la última década eran  principalmente hombres, de áreas urbanas, relativamente jóvenes y con  un mayor nivel de escolaridad que las personas que no han migrado. Pero también han emigrado, sobre todo hacia Estados Unidos, gran cantidad de mujeres. La mayoría de ellas se han insertado laboralmente en el servicio doméstico; mientras que los hombres trabajan en empleos diversos (obreros de la construcción o jardinería, restaurantes…), pero menos estables, en general, que los de las mujeres. 

Las remesas familiares tienen un importante protagonismo en el PIB. En 2001, éstas ascendieron a US$ 1,910 millones, equivalentes al 14% del PIB.

Participación política

 

Siguen existiendo graves obstáculos para promover la equidad en el ámbito de la participación política y de la ciudadanía. Respecto a los partidos políticos, sólo el FMLN ha incorporado en sus Estatutos una cuota del 35% para la participación de mujeres en sus organismos de dirección y en sus candidaturas a puestos de elección popular.  

Suele afirmarse que las oportunidades de las mujeres para ejercer el poder tienden a ser mayores en los gobiernos locales y, aunque es cierto que la presencia de la mujer en el ámbito local ha ido en aumento, los datos muestran que es claramente insuficiente: las mujeres representan apenas un 8% del total de alcaldes y alcaldesas, el 12.6% de los síndicos/as y el 20.6% de los regidores/as propietarios/as y el 22.8% de los regidores/as suplentes. Según estos datos, la participación de las mujeres en el poder local tiende a ser mayor en los cargos de menor autoridad y capacidad de decisión.  

Respecto a la participación en los órganos de poder del Estado, los resultados recientes también muestran una situación gravemente deficitaria para las mujeres. Así, por ejemplo, durante las últimas cuatro legislaturas de la Asamblea Legislativa, en el período 1991-2001, las mujeres han representado en promedio el 11,31% del total de parlamentarios, mientras que los hombres han mantenido una participación promedio del 88.69%. En lo que respecta al Ejecutivo, conformado por representantes de partido ARENA, las mujeres ocupan solamente el 23% de los puestos ministeriales y apenas un 12% de los viceministeriales.  

A pesar de que la presencia de las mujeres en el censo electoral es ligeramente superior, la encuesta sobre las elecciones presidenciales del 99 reflejó que las mujeres fueron las que menos votaron,  un 40% frente al 60% de votantes masculinos. Para valorar esta menor participación, se tiene que tener en cuenta los obstáculos que las mujeres pasan para poder ejercer el voto como son las tareas domésticas y cuidado de los hijos, la lejanía de los centros de votación, pero también podría explicarse por el desencanto y la desconfianza de las mujeres hacia la política. 

En la Corte Suprema de justicia, la participación de la mujer alcanza el 16% del total de las magistraturas, aunque todas ellas están concentradas en la Sala de lo Civil y no hay presencia femenina en las salas de lo Constitucional, de lo Contencioso Administrativo ni de lo Penal. Al analizar la presencia de mujeres y hombres en la administración de justicia, se observa que disminuye la presencia de las mujeres a medida que se asciende en la escala jerárquica del órgano judicial. En este sentido, hay  una mayor presencia de las mujeres en los Juzgados de Paz que va descendiendo a mayores niveles como los Juzgados de Primera Instancia y todavía más en los de Segunda Instancia.

Las Políticas Nacionales de la Mujer y el ISDEMU

 

El gobierno de El Salvador se comprometió a cumplir los acuerdos de la Conferencia de Beijing, en 1995, por medio de la creación del Instituto Salvadoreño de Desarrollo de la Mujer (ISDEMU), en 1996, y la aprobación de la Política Nacional de la Mujer como política de Estado, en 1997, de la que se está implementando el segundo Plan de Acción 2000-2004. 

Sin embargo, pese a los esfuerzos realizados, el carácter no vinculante de las medidas propuestas por la Política Nacional de la Mujer para garantizar una mayor participación de la mujer y la debilidad  del ISDEMU (dispersión de los limitados recursos presupuestarios en servicios en lugar de concentrarse en su función de rector de políticas y el hecho de que dependa de la voluntad y del compromiso personal hacia la equidad de género de la Primera Dama) hacen necesario el fortalecimiento de estos mecanismos para poder implementar los compromisos internacionales sobre equidad de género. 

Respecto a los compromisos internacionales, recordar que El Salvador ha firmado La Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación de la Mujer (CEDAW) –aunque está pendiente todavía la firma del protocolo facultativo- y la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer “Belem do Pará”.  

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

III.MARCO DE POLITICA INSTITUCIONAL  

Este epígrafe pretende ser una síntesis de los documentos claves donde queda recogida la política del PNUD respecto al Maintreaming de Género, y que se encuentran anexados al final a modo de apéndices. Estos documentos son:

1. Direct Line 11
2. Guidance Note on Gender Mainstreaming
3. Gender Balance in Management Policy

      4. Otros documentos de referencia  
 

1. Direct Line 11: Gender Equality and the Advancement of Women (noviembre 96) 

En este documento, se identifican las prioridades de la organización para el Maintreaming de Género, se define la relación y colaboración entre el PNUD y UNIFEM para consolidar y avanzar en las iniciativas de la promoción de las mujeres y se establecen las asignaciones presupuestarias mínimas.  

Respecto a la asignación de recursos económicos, el documento establece que un 10% de los recursos del programa global deben ser destinados a gender mainstreaming y al avance de las mujeres (línea 1.3) Estos recursos, gestionados por el GIDP (Gender In Development Program, del PNUD) en cooperación con las Oficinas Regionales, deben utilizarse para apoyar a las oficinas nacionales en:   

 

A ese 10% hay que sumar las aportaciones de otros subprogramas de las diversas áreas temáticas, por lo que al menos el 20% del presupuesto global debe ser asignado a iniciativas para el progreso de las mujeres.   

La Direct Line 11 plantea como principales desafíos para el PNUD:  

 
 
 

2. Guidance Note on Gender Mainstreaming (febrero 1997)  

Este documento sostiene que el mainstreaming de género supone una transformación profunda que afecta no sólo a sus programas y proyectos y a la gestión de sus recursos humanos sino también a la propia cultura institucional del PNUD. Cada una de las personas que forman parte de la institución son a la vez beneficiarios y responsables de llevarlo a cabo. Por lo tanto, la responsabilidad no es únicamente del/ la Punto Focal de Género sino que es una responsabilidad institucional de todo el equipo. 

El mainstreaming no es un fin en sí mismo sino una estrategia para incorporar la perspectiva de género de manera integral a nivel externo e interno del PNUD y en el trabajo de éste con los gobiernos para avanzar en los compromisos adoptados en la Plataforma para la Acción de Beijing. 

El documento señala cuáles son las principales responsabilidades y funciones relacionadas con el mainstreaming de género de la Gerencia, el/la Coordinador/a Residente, el/la Representante adjunta/o y los Puntos Focales de Género. También apunta una serie de pautas para incorporar los objetivos de igualdad de género en todas las fases del ciclo de programación.  

El personal debe disponer de oportunidades para aprender los procedimientos básicos de mainstreaming en su propia área de trabajo y esa capacidad debería ser un requisito básico para todos los niveles de personal. 

Es especialmente útil el apéndice 1 de este documento que consiste en una pequeña guía o lista de comprobación para ayudar a incorporar el mainstreaming de género en las actividades de las oficinas nacionales del PNUD y que sirve también como herramienta para el monitoreo y evaluación del proceso de mainstreaming.  
 

3. Gender Balance in Management Policy. Phase II: 1998-2001 (Junio 1998) 

Este documento descansa en la estrategia del PNUD para lograr el equilibrio de género en su fuerza de trabajo, especialmente en los cuadros de Alta Gerencia, que se inició en 1995. Para la fase II (1998-2001), el PNUD afirmaba el compromiso de perseguir el equilibrio de género en el personal de las Oficinas Nacionales y  de las Oficinas Centrales, adoptando medidas especiales tanto para la promoción y  la contratación del personal femenino como para la mejora de la calidad del lugar y puesto de trabajo.  

Durante el periodo 1998-2001, el objetivo del PNUD era alcanzar para todo su personal

(local e internacional), un ratio mínimo de 4:6 (mujeres:hombres).  
 

4. Otros documentos de referencia  

l Artículos 8 y 101 de la Carta de las Naciones Unidas, que establecen la igualdad entre hombres y mujeres.

l Metas del Milenio: sobre todo, los objetivos 3 (promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer) y 5 (mejorar la salud materna).

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

IV. MARCO CONCEPTUAL  

  1. GÉNERO, IGUALDAD Y EQUIDAD
 

El concepto de género puede definirse a tres niveles: 

1) Género como construcción social

Es la construcción social, cultural e histórica que se hace de las personas a partir de la identificación de sus características sexuales y que les asigna de manera diferencial un conjunto de funciones, actividades, relaciones sociales, formas de comportamiento, valores y normas. Se trata pues de un complejo de determinaciones y características, económicas, sociales, jurídicas, políticas, psicológicas y culturales que crean lo que en cada época, sociedad y cultura representa el ser y el hacer femenino y masculino y configuran un tipo de relaciones de poder entre hombres y mujeres que determinan las oportunidades de desarrollo de las personas.  Es importante retener que: 

 

2) Género como categoría de análisis de la realidad

Una nueva forma de interrogar la realidad que implica una mirada más profunda. Permite identificar los diferentes papeles y tareas que llevan a cabo los hombres y las mujeres en una sociedad, tanto las asimetrías como las relaciones de poder e inequidades. Permite reconocer las causas que las producen y formular mecanismos para superar estas brechas. Contribuye a explicar y ampliar aspectos de la realidad que anteriormente no habían sido tomados en cuenta, y es aplicable a todos los ámbitos de la vida: laboral, educativo, personal, etc.  

3). Género como categoría política que implica acción para transformar esta inequidad

Género como parte de una teoría política que parte del reconocimiento de la existencia de un patriarcado como sistema de dominación y reconoce la construcción androcentrista de nuestras sociedades. Por lo tanto, implica cuestionar ese sistema de dominación y comprometerse en la transformación de esta realidad y en el camino hacia la equidad.  
 

IGUALDAD DE GÉNERO 

Cuando hablamos de igualdad de género se entiende como una relación de equivalencia en el sentido de que las personas tienen el mismo valor, independientemente de su sexo, y por ello son iguales. Se refiere a las normas, valores, actitudes y percepciones necesarias para alcanzar un estatus de igualdad entre mujeres y hombres sin neutralizar las diferencias que hay entre ellos.  Podemos diferenciar también entre: 
 

 

EQUIDAD DE GÉNERO 

Por su parte, el término de equidad significa justicia: dar a cada quien lo que le pertenece, reconociendo las condiciones o características específicas de cada persona o grupo humano (sexo, género, clase, religión, edad…); por lo tanto, reconociendo la diversidad sin que ésta signifique razón para la discriminación. La equidad se sitúa en el marco de la igualdad, pero subraya la importancia de la igualdad de resultados; es decir, abandera el tratamiento diferencial de grupos para finalizar con la desigualdad y fomentar la autonomía. 

La equidad de género pretende el acceso de las personas a la igualdad de oportunidades y al desarrollo de sus capacidades mediante la eliminación de las barreras que obstaculizan las oportunidades económicas y políticas, así como el acceso a la educación  y los servicios básicos, de tal manera que las personas (hombres y mujeres de todas edades, condiciones y posiciones), puedan disfrutar de dichas oportunidades y beneficiarse con ellas. La equidad de género implica el avance de las mujeres en la participación mediante acciones positivas que contribuyan a reducir las desigualdades entre los géneros. 

MUJER, GÉNERO Y DESARROLLO 

Resulta complicado resumir en este breve espacio la influencia de las ideas feministas en el pensamiento del desarrollo, pero podemos decir a grandes rasgos que las tendencias, ideas y aportes se pueden resumir en dos grandes enfoques, el enfoque MED y el enfoque GED. Aunque el primero apareció antes que el segundo, los dos continúan aplicándose actualmente e incluso pueden convivir en las acciones de una misma organización.    

El enfoque Mujeres en el Desarrollo (MED) surgió en los años setenta para evidenciar la marginalización a la que estaban sometidas las mujeres en el desarrollo e intentar incorporarlas a él pero desde una visión instrumentalista en muchos casos, vistas como un medio para reducir la desnutrición de las niñas y niños o el desarrollo de las familias o comunidades a partir de aumentar su eficiencia en los roles tradicionales. Las iniciativas con enfoque MED pretenden satisfacer en general las necesidades prácticas de las mujeres pero no se cuestionan las inequidades de género ni cuáles son las necesidades estratégicas de las mujeres. En muchos casos, los proyectos con enfoque MED tienden a fortalecer los roles tradicionalmente asignados a las mujeres y a aumentar la carga de trabajo de las mujeres, reforzando las desigualdades entre mujeres y hombres. 

Es importante señalar que la corriente en la que se sitúa el trabajo del PNUD en cuestiones de género es la de Género en el Desarrollo (GED), donde se pone el acento en las relaciones de poder entre los géneros y la subordinación y discriminación a la que están sometidas las mujeres. El enfoque GED basa sus intervenciones en el análisis de los roles y las necesidades de hombres y mujeres en un esfuerzo por apoyar el empoderamiento de las mujeres a fin de mejorar su posición en relación a los hombres y para beneficiar y transformar la sociedad en su conjunto. Los motores de las acciones ya no son la eficiencia o el bienestar sino la equidad, la justicia y el respeto de los derechos humanos de todas las personas.  
 

II.  QUE ES LA TRANSVERSALIDAD DE GÉNERO 

Para el PNUD, la transversalidad de género (en ingles, gender mainstreaming) es la estrategia elegida para avanzar en la igualdad de género. La característica principal de esta estrategia es que entiende como necesario tener en cuenta el enfoque de equidad de género de forma transversal en todas las políticas, estrategias, programas, actividades administrativas y económicas  e incluso en la cultura institucional de una organización para contribuir verdaderamente a un cambio en la situación de desigualdad genérica. Por lo tanto, no basta con acciones directas y específicas a favor de la mujer, sino que es necesario que el esfuerzo por avanzar en la igualdad de género sea integral y afecte todo los niveles de la organización.  

Respecto a los proyectos y los programas, la transversalidad de género no significa únicamente asegurar que las mujeres participen en un programa de desarrollo previamente establecido, sino que pretende asegurar que tanto mujeres como hombres participen en la definición de objetivos y en la planificación. De esta manera, el desarrollo cumple con las prioridades y necesidades tanto de las mujeres como de los hombres, así como asegura la participación de todas y todos en la toma de decisiones, tanto en las grandes decisiones políticas como en las pequeñas decisiones diarias de la implementación, y en el disfrute de los beneficios del desarrollo. Además requiere de un análisis del impacto que la intervención de desarrollo puede tener en las mujeres y los hombres antes de tomar decisiones importantes respecto a objetivos, estrategias y distribución de recursos.

III. DESARROLLO HUMANO Y EQUIDAD DE GENERO

 

“El desarrollo humano es un proceso injusto y discriminatorio si la mayoría de mujeres quedan excluidas de sus beneficios” (Informe Desarrollo Humano 1995). 

Se entiende por Desarrollo Humano el proceso de ampliación de las opciones de las personas mediante el desarrollo de sus capacidades. Este proceso implica asumir, entre otras cosas, que el centro de todos los esfuerzos del desarrollo deben ser siempre las personas (sus necesidades, sus aspiraciones, sus opciones) y que éstas deben ser consideradas no sólo como beneficiarias sino como verdaderas protagonistas sociales. Por lo tanto, se puede afirmar que es el desarrollo de la gente, por la gente, para la gente.  

El paradigma del desarrollo humano, al establecer el bienestar humano como objetivo central del desarrollo, abre muchas posibilidades a la transformación de las relaciones de género y a la mejora de la condición de las mujeres, posibilidades que una visión más economicista del desarrollo no permite. El desarrollo humano se fundamenta en la participación y en el empoderamiento de las personas y reconoce como prioridad la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres.  

La equidad pretende el acceso de las personas a la igualdad de oportunidades y al desarrollo de sus capacidades mediante la eliminación de todas las barreras que pueden obstaculizar ese proceso y la realización de acciones positivas que faciliten a esas personas o grupos de personas que parten de una situación de desventaja el acceso a esas oportunidades. La equidad de género es por lo tanto condición intrínseca para que se avance en el desarrollo humano.  

El empoderamiento supone que hombres y mujeres no deben dejarse utilizar por estrategias de desarrollo planificadas por otros, sino que deben ser agentes que participen desde el comienzo en el diseño del desarrollo con su agenda y con sus prioridades, donde se reflejen sus intereses, necesidades y su propia diversidad.  

El desarrollo humano es además un marco mucho más favorable al reconocimiento y valoración del trabajo de cuidado, crianza y atención, socialmente asignado a las mujeres, y que contribuyen de manera determinante a la creación de capacidades de las personas.  

Sin embargo, los esfuerzos por avanzar en este desarrollo humano que integre la dimensión de género encuentran muchos obstáculos en las instituciones sociales y culturales, que sostienen los mecanismos de dominación masculina y, por lo tanto, para lograr el bienestar humano (que incluya a las mujeres y otros grupos socialmente marginados) es imprescindible cambiar esas instituciones y esas pautas sociales y culturales.  

Sin una transformación profunda de estas instituciones y sin considerar la equidad de género como una prioridad en el proceso de desarrollo humano, éste quedará reducido a un simple discurso y continuará profundizando las desigualdades de género y la discriminación hacia las mujeres. 

Respecto a la pobreza decir que es un fenómeno multifacético, multidimensional y heterogéneo de variadas manifestaciones, lo que dificulta realizar una única definición. En su concepción más reduccionista se entiende como la privación o carencia de ingresos suficientes para satisfacer las necesidades materiales, y en la más amplia como todo tipo de carencias que sufren las personas para satisfacer sus necesidades humanas fundamentales.  

La incorporación de la perspectiva de la equidad de género al análisis de la pobreza  ha permitido ver otros tipos de pobreza: pobreza del tiempo, pobreza de oportunidades y de trabajo, pobreza de vínculos sociales, limitación de libertades políticas, privación estética, privación en la seguridad física, etc, que deben tenerse en cuenta en las estrategias de lucha contra la pobreza. El enfoque de género agrega también un dinamismo a la visión de la pobreza, al mostrar cambios en el tiempo relacionados con la discriminación genérica y permite evidenciar situaciones claras como la feminización de la pobreza.   

IV. MARCOS CONCEPTUALES DE LOS PROGRAMAS

 
 

1. DESARROLLO LOCAL Y EQUIDAD DE GÉNERO  

El desarrollo local  tiene como objetivo el logro del desarrollo económico, social, cultural y ambiental de una región, mediante procesos participativos de planificación del desarrollo a nivel local, en función de mejorar la calidad de vida de sus habitantes, como un esfuerzo articulado al país, la región y el mundo. Se trata pues de resolver los problemas cotidianos de los hombres y las mujeres de las comunidades, a través de la coordinación entre los diferentes agentes públicos y privados locales, y de su vinculación con el nivel nacional.  

Por su cercanía a la ciudadanía, el nivel local es la instancia más efectiva para articular los aspectos sociales, económicos, políticos y ambientales dentro de una agenda común de desarrollo y la que puede facilitar una mayor participación tanto de hombres como de mujeres.  

Sin embargo, la situación de discriminación histórica que viven las mujeres las coloca en situación de desventaja, que impide o limita su participación y en muchos casos supone la no valoración de su papel como agentes clave en ese proceso de desarrollo, con necesidades e intereses propios. Esa discriminación  que afecta a las mujeres se expresa principalmente a través de: la división por género del trabajo y la consecuente asignación casi exclusiva de la responsabilidad de la crianza de los hijos y del trabajo doméstico a las mujeres; el acceso desigual de hombres y mujeres a los recursos productivos y a sus beneficios;  y las limitaciones a la participación en los procesos de adopción de decisiones y el acceso al poder público en los ámbitos locales, regionales y nacionales.  

Hay que abordar el desarrollo local y la gestión de riesgos con equidad de género desde los enfoques de empoderamiento y de participación:  

El enfoque de EMPODERAMIENTO de las mujeres y de los hombres, pero en especial de las mujeres por encontrarse en situación de mayor desventaja. El empoderamiento de las mujeres consiste en que éstas se doten de mayor poder y control sobre sus propias vidas a través de la concientización, el desarrollo de confianza en sí mismas, la ampliación de oportunidades y un mayor acceso y control de los recursos, e incorpora el elemento de la organización y la acción colectiva de las mujeres para el logro de sus intereses. A su vez conduce a una negociación de cambio de las relaciones genéricas que supone importantes beneficios no sólo para las mujeres, sino también para los hombres y la sociedad en general; creando un contexto mucho más favorable para el desarrollo humano. El ámbito ideal para llevar a cabo ese proceso de empoderamiento es el local, por su cercanía a las personas. El empoderamiento de las personas, especialmente de las mujeres, las convierte en agentes de su propio desarrollo y esta es la principal condición para un desarrollo local humano y sostenible.

 

El enfoque de la  PARTICIPACIÓN de las personas –y en especial de las mujeres- que conforman una comunidad o grupo, en función de los intereses propios (clase, grupo, etnia, edad, género), en la gestión de los distintos aspectos de la vida colectiva. Las mujeres desempeñan una importante labor en los trabajos y acciones para mejorar el bienestar de su comunidad, localidad o grupo; sin embargo, no participan en el mismo grado en el diseño de los programas, proyectos y políticas y en la toma de decisiones que afectan a esa vida colectiva; ni siquiera para poder exponer y defender sus necesidades e intereses, ni poder disfrutar de los beneficios del desarrollo. A pesar de ser más fácil para las mujeres participar en el ámbito local que en el nacional, son muchos los obstáculos (sociales, culturales, de tiempo, relacionados con la división genérica del trabajo, los roles asignados, la autoestima, etc) que limitan su participación.  Las acciones de desarrollo local pueden favorecer la eliminación de esas barreras. 

En resumen, el desarrollo local con equidad de género, y abordado desde los enfoques de empoderamiento y participación, contribuye al fortalecimiento de las capacidades humanas e institucionales locales y nacionales y favorece la integración de las mujeres y de los hombres en el proceso de desarrollo. 

Además de la situación geográfica, la edad o la etnia, la situación genérica también determina una mayor o menor vulnerabilidad ante las amenazas y los riesgos (ver glosario), lo que hace necesario que se tenga en cuenta en todo esfuerzo de gestión de riesgos.  En la sociedad en la que vivimos, las mujeres son más vulnerables por sus dificultades para acceder y controlar los recursos, para participar en la toma de decisiones, etc., y por lo tanto, su capacidad para recuperarse de los efectos de un fenómeno dañino se encuentra también más coartada por factores externos. Por eso, en la gestión de riesgos debe plantearse la reconstrucción como una oportunidad para la construcción de una sociedad más justa y por lo tanto, la posibilidad de realizar acciones positivas que tiendan a disminuir la desventaja de las mujeres y mejorar su condición.

2. VIOLENCIA Y EQUIDAD DE GÉNERO

 

Se entiende por violencia toda aquella relación social (individual o grupal) en la que, sobre la base de una originaria relación asimétrica de poder, el uso de la fuerza o coerción (física, psicológica o simbólica) se constituye en la norma de comportamiento que configura los términos de dicha relación, sea esta coyuntural o permanente. En otras palabras, la violencia como mecanismo de interacción social o personal hace que relaciones asimétricas más o menos comunes den el paso hacia relaciones de dominio coercitivo, que pueden o no encontrarse institucionalizadas.

El fenómeno de la violencia de género
 

La violencia de género contra las mujeres es una expresión de las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, y está basada en la construcción social, cultural e histórica de la supuesta superioridad de un género sobre el otro: de los hombres sobre las mujeres, afectando así toda la organización de la sociedad, y siendo uno de los más graves problemas políticos y sociales actuales en el país y en el mundo. La diferencia entre este tipo de violencia y las otras formas de agresión estriba en que en este caso el factor de riesgo o de vulnerabilidad es el sólo hecho de ser mujer.  

El artículo 1 de la “Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer” de las Naciones Unidas considera que la violencia de género contra las mujeres es “ todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer; inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada”.  

La violencia de género abarca la violencia física, sexual, psicológica, económica, etc. Como afirma La Convención Interamericana para Prevenir, Castigar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Belem do Para), “ la violencia contra la mujer constituye una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales y limita total o parcialmente a la mujer el reconocimiento, goce y ejercicio de tales derechos y libertades”. 

La violencia de género constituye un indicador más de la falta de equidad entre hombres y mujeres en la sociedad salvadoreña. Es también uno de los terrenos donde se manifiesta más crudamente la limitación que sufren las mujeres en su desarrollo humano, pues una mujer que se siente amenazada no está en condiciones de ejercer sus capacidades y oportunidades. Pero también afecta, aunque con consecuencias diferentes, a los hombres, por verse imposibilitados para realizarse en toda su dimensión humana como seres afectivos y emotivos en sus relaciones con los demás e incapaces de superar la frustración y la agresividad que esto les causa. Del reconocimiento de esto y de la necesidad de cuestionar ese modelo de hombre socialmente construido, surge todo el trabajo de masculinidades que plantea la construcción de nuevos modelos de masculinidad. 

La violencia de género, como cualquier ejercicio de poder, es polimorfa, “ es ejercida desde cualquier sitio y con cualquier objeto material o simbólico, que pueda causarles tortura, daño o sufrimiento. La violencia contra las mujeres es económica, jurídica, política, ideológica, moral y corporal”

 

En El Salvador, las expresiones más comunes de esta violencia de género cometida hacia las mujeres y la niñez, son las violaciones, la violencia intrafamiliar, el abuso sexual en niñas y niños y el acoso u hostigamiento familiar, pero también se dan otras manifestaciones como: la expulsión de adolescentes embarazadas o madres jóvenes de los centros educativos, el tráfico de mujeres, la prostitución forzada, la privación de movilidad, el embarazo forzado, el uso coercitivo de anticonceptivos o la prohibición de los mismos, la inequidad salarial, la exclusión de cargos u oficios, etc. En este sentido, la violencia de género es todo acto dirigido contra las mujeres y fundado en su condición genérica, que tenga como consecuencia la violación de sus derechos humanos.  

Esta violencia tiene diferentes escenarios (comunidad, calle, ambiente educativo, laboral, social…) es también perpretada o tolerada por y desde el Estado y tiene su expresión más invisibilizada y silenciosa en la familia.  

La violencia intrafamiliar es una manifestación más de la violencia de género, cuya especificidad es que se ejerce dentro del ámbito relacional considerado tradicionalmente por excelencia el más seguro: la familia.  La violencia prevalece en el entorno intrafamiliar debido a dos ejes de abuso de poder: el de género y el de edad. Hay diferentes tipos de violencia intrafamiliar: violencia física, sexual, psicológica, patrimonial o económica.   

3. GOBERNABILIDAD Y EQUIDAD DE GÉNERO  

“El propósito del desarrollo humano es ampliar la gama de opciones de las personas. Si no tienen libertad de optar por dichas opciones todo el proceso se convierte en una farsa. Por lo tanto la libertad es más que un objetivo idealista: es un componente vital del desarrollo humano (Informe Desarrollo Humano, 1992).

Entendemos por gobernabilidad la capacidad de una sociedad determinada para proponerse y alcanzar objetivos comunes y para resolver sus problemas y conflictos, mediante el diálogo y la concertación de intereses, en el marco de una democracia formal, un estado de derecho y una economía de mercado. La gobernabilidad democrática depende de la interrelación entre el sistema institucional (governance), las capacidades de los actores políticos, económicos y sociales (governing actors) y la calidad del liderazgo político existente.  

Un concepto clave para la gobernabilidad y la equidad de género es la ciudadanía, es decir, el conjunto de derechos que tienen las personas como sujetos y los deberes que de ellos se derivan. Ese conjunto de derechos se ha ido transformando y evolucionando a lo largo de la historia; sin embargo, las mujeres –al igual que otros grupos socialmente discriminados- todavía encuentran serias limitaciones al ejercicio de su ciudadanía. El voto, la propiedad, la libertad para organizarse son derechos a los que las mujeres han accedido más tardíamente que los hombres y que en algunas sociedades aún no han logrado o no completamente. Se puede incluso afirmar que, en general, todavía hoy las mujeres están relegadas a una ciudadanía de segunda.  

En este sentido, ¿cómo podemos hablar de democracia y de gobernabilidad democrática si la mitad de la población encuentra serias limitaciones para participar en ella y acceder al ejercicio de su ciudadanía, si encuentra coartada su libertad para ampliar sus opciones, si no hay equidad política? Incorporar el enfoque de equidad de género a la gobernabilidad democrática y al fortalecimiento del Estado de Derecho supone:  

 

La desigual distribución de poderes tanto en las esferas públicas como privadas en la sociedad hacen necesario llevar a cabo acciones para aumentar las capacidades de las mujeres y eliminar las barreras que inhiben su participación y políticas estatales que incorporen este concepto de equidad entre géneros, pero también una transformación profunda de estructuras, mecanismos, procedimientos, instituciones y pautas culturales discriminatorias. Es vital –sobre todo para afrontar el fenómeno de la violencia de género- promover la democracia no sólo en el espacio público sino también en el privado, en la familia y en el hogar, en las relaciones entre hombres y mujeres en todos los ámbitos. 

También es preciso ampliar la concepción de participación política para poder hacer visibles una serie de actividades que las mujeres realizan en otros espacios más cercanos a su cotidaneidad como son el barrio, la comunidad, las organizaciones de mujeres y los colectivos feministas, etc., que constituyen otras formas de hacer política.  

El Informe del Banco Mundial “Engendering Development” concluye que los países con menores brechas entre mujeres y hombres en educación, empleo y derechos de propiedad, no sólo tienen niveles más bajos de desnutrición y mortalidad infantil, sino que también sus negocios y gobiernos son menos corruptos y más transparentes y registran mayor crecimiento económico; crecimiento que a su vez reduce las brechas de género. Pero, además de una mayor transparencia, una participación más equitativa consigue acercar el Estado a las y los ciudadanas/os y profundizar la democracia.  
 

4.  MEDIO AMBIENTE, DESARROLLO SOSTENIBLE Y EQUIDAD DE GÉNERO 

El medio ambiente se refiere a los recursos naturales y a las condiciones ecológicas que afectan y pueden apoyar al desarrollo. El medio ambiente natural incluye los ecosistemas de la tierra y el agua, las condiciones climáticas y los recursos vivos (fauna y flora). Por otra parte, la  gestión ambiental se refiere al conjunto de acciones encaminadas a lograr la máxima racionalidad en el proceso de decisión relativo a la conservación, defensa, protección y mejora del medio ambiente, a partir de un enfoque interdisciplinario y global, con el objetivo de que las actividades humanas que afectan al medio ambiente contribuyan al bienestar de las personas y evitan o reduzcan los daños ambientales. Hablamos de gestión ambiental  participativa cuando cuenta con la participación efectiva de todos los actores sociales (hombres y mujeres, ancianos y ancianas, niños y niñas, organizaciones y otras instituciones) involucradas en una acción, proyecto o en sus efectos.  

El Desarrollo sostenible es aquel que busca satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de que las futuras generaciones puedan satisfacer sus propias necesidades. Excede los aspectos puramente ecológicos y precisa del equilibrio entre los procesos ambientales, sociales, económicos, políticos, y culturales, respondiendo a una visión multidimensional del desarrollo, en la que son elementos claves la solidaridad intergeneracional y la equidad (y dentro de ella la equidad de género), y que sitúa a la persona en el centro del proceso de desarrollo.  

El desarrollo sostenible supone una apuesta por el cambio social y cultural pero este proceso demanda la participación de todos los actores sociales de forma equitativa, tal y como recoge la Declaración de Río. Por lo tanto, la equidad entre mujeres y hombres es una condición intrínseca al desarrollo humano sostenible.   

Hay distintas orientaciones conceptuales y metodológicas sobre cómo abordar la interrelación mujeres, género y medio ambiente, y no es este el lugar apropiado para extenderse en ello. Sin embargo, sí es importante señalar que la corriente en la que se sitúa el trabajo del PNUD en cuestiones de género es la de Género en el Desarrollo (GED), donde se pone el acento en las relaciones de poder entre los géneros y la subordinación y discriminación a la que están sometidas las mujeres. En cuestiones medioambientales, esta corriente se conoce como “Género, Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable”. 

En líneas generales, se puede decir que las mujeres y los hombres tienen una relación diferente con el medio ambiente en virtud de la división por género del trabajo y del acceso y control de los recursos que tienen unas y otros, así como en su participación en la toma de decisiones en la comunidad y, en concreto,  en la gestión ambiental.  Hombres y mujeres también tienen un impacto ambiental diferente debido a esa misma relación con el medio ambiente que mencionábamos.  

Respecto al deterioro ambiental, la mayoría de sus efectos nocivos son comunes a mujeres y varones; sin embargo, también tienen un impacto diferente en unas y otros debido al grado de exposición a riesgos derivados de la vulnerabilidad y del estatus que ocupan unas y otros en la sociedad.  

De igual manera, existen diferencias entre las propias mujeres y hombres según el contexto concreto de relaciones de género en el que se encuentren insertas/os, el estilo de vida, la localización espacial, la estructura social y la interconexión entre los sistemas de género, edad, clase y etnia etc. Pese a eso, según un estudio de la CEPAL, se puede concluir que los efectos negativos del deterioro ambiental recaen sobre todo en las mujeres pobres.  

El compromiso con la equidad de genero y el medio ambiente significa que cualquier acción de desarrollo que pretenda fortalecer los beneficios ambientales de una comunidad debe contribuir a la equidad, por lo que debe promover la participación activa de las mujeres, la mejora de su condición y un reparto equitativo de los beneficios del desarrollo. Por otra parte, debe involucrar en estos procesos a los hombres. El desafío por lo tanto es diseñar acciones integradoras que beneficien tanto la posición de las mujeres respecto a la de los hombres como la calidad de vida de la población y el medio ambiente, entendiendo el carácter sinérgico de ambos beneficios. Es prioritario avanzar hacia formas de relación equitativas entre las personas y respetuosas con la naturaleza. 

Las mujeres no deben ser vistas sólo como víctimas de los cambios ambientales. También  desempeñan un papel fundamental  en la gestión y aprovechamiento de los recursos naturales en sus funciones de consumidoras y educadoras y tienen una participación directa en la conservación y explotación de dichos recursos. Aunque en muchos casos encuentran grandes barreras para poder acceder y controlar estos recursos y a sus beneficios por la discriminación histórica que viven, las mujeres tienen el derecho y la capacidad de proponer mecanismos que conduzcan a su manejo sostenible.  

Las mujeres son “administradoras invisibles” y cotidianas del medio ambiente, aunque claro está también pueden ser agentes de degradación y daños ambientales (contaminación, deforestación, etc). Lo imperativo es hacer visible que mujeres y hombres, determinados por las relaciones de género establecidas en un contexto concreto, tienen una relación diferente con el medio ambiente y que sus necesidades e intereses son también diversos. Para avanzar en el camino del desarrollo sostenible, es imprescindible mejorar la repartición de roles de mujeres y de hombres en la gestión ambiental.

Además, tanto género como el medio ambiente son cuestiones que cruzan transversalmente todos los ámbitos de la acción pública y de la planificación del desarrollo, además de relacionarse entre sí, y de ahí la importancia de potenciar su integración.   
 

5. TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y EQUIDAD DE GÉNERO  

Las tecnologías de información y comunicación (TIC) se han convertido en una potente fuerza de transformación de la vida social, económica y política y en uno de los factores claves para el desarrollo, de tal forma que los países, las sociedades, las poblaciones que no se incorporen a la era de la información tendrán sus oportunidades de desarrollo mucho más limitadas. Sin embargo, en la actualidad, el acceso y control de estas tecnologías en el mundo y en el interior de cada sociedad es desigual, lo que lleva a hablar de la brecha digital: una clara división entre los que tienen acceso y los que no tienen,  que se solapa en el interior de los países con las desigualdades por raza, clase, edad, región y género y las profundiza.   

Esa brecha digital viene determinada por el acceso a recursos como el teléfono, los ordenadores, internet, pero también a una educación de calidad y adaptada a las necesidades de la era de la información que conduce al analfabetismo informático de una importante parte de la población. A eso hay que sumar el costo del acceso a esos recursos que hace que a esas tecnologías sólo pueda acceder por el momento un público muy restringido. 

Las mujeres en los países en desarrollo están en la peor posición en la brecha digital, pues a la situación de pobreza que comparten con muchos hombres se suma la discriminación de género que padecen en su vida diaria y que, sin duda, limita el acceso y el control de estas nuevas tecnologías. Es por eso que es conveniente hablar de brecha de género en la brecha digital, o al mismo tiempo de la brecha de genero como factor explicativo de la brecha digital. 

Las nuevas tecnologías no son neutrales al género. Hay factores genéricos que limitan el acceso a esas nuevas tecnologías como son los ingresos, las limitaciones de tiempo, el analfabetismo, la educación, la división sexual del trabajo, el triple rol de las mujeres, los contextos culturales más opresores para las mujeres, etc. Si esto no se tiene en cuenta, las decisiones que se tomen a nivel nacional sobre las infraestructuras y políticas de comunicaciones pueden ir en detrimento de las oportunidades de las personas, pero sobre todo de las mujeres, para acceder a esas tecnologías.  

Por eso, el enfoque de género debe ser considerado desde el principio en el proceso de introducción de las tecnologías de la información y comunicación en los países en desarrollo: en las políticas, en la selección de los suministradores de los servicios, en la selección de los lugares de instalación de los equipos, en los programas de formación (normalmente las mujeres suelen estar subrepresentadas en este tipo de formaciones técnicas) etc.  

La tecnología de la información por si sola no puede acabar con la pobreza y transformar las vidas de los hombres y de las mujeres en los países en desarrollo. Hay otras muchas necesidades básicas y estratégicas que cubrir paralelamente. Cierto es también que pueden verse –y de hecho así son vistas por algunos sectores- como amenazas con argumentos como que eliminan trabajos y/o crean trabajos mal remunerados o que son  herramientas de explotación sexual. Aunque esto existe, las nuevas tecnologías representan más una oportunidad que una amenaza: la oportunidad de crear nuevos y mejores empleos y negocios, de una mayor participación en los procesos políticos, de un más fácil acceso a la educación y a la salud, de una comunicación global más allá de las fronteras, de romper restricciones culturales y sociales que pueden estar oprimiendo a mujeres y hombres.  

En el caso de las mujeres, las nuevas tecnologías pueden ser herramientas para facilitar su empoderamiento tanto en su dimensión individual (toma de conciencia) como colectiva  
(organización para la acción y la transformación) y, en general, para acabar con el aislacionismo al que muchas de ellas están sometidas, aumentar su conocimiento a través de los flujos de información y democratizar la toma de decisiones en la sociedad.  Las nuevas tecnologías son una ventana para hombres y mujeres al mundo exterior, pero en el caso de la mayoría de mujeres supone facilitarles el acceso a los espacios públicos que se les ha negado durante siglos y darles la posibilidad de participar en la construcción de su propio desarrollo y de un mundo más equitativo.
 
 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

V. RESUMEN EJECUTIVO DEL DIAGNÓSTICO INSTITUCIONAL DE GÉNERO  
 
 

 

Dentro del marco de la elaboración de la estrategia de género del PNUD El Salvador, se observó la necesidad de llevar a cabo un diagnóstico institucional que permitiera retratar la situación actual de la transversalización del enfoque de equidad de género en todas los ámbitos de trabajo de la oficina y a la vez identificar los principales retos y desafíos que afronta el PNUD-ES en ese sentido. Este trabajo se concibió como un diagnóstico interno y participativo, en el que todo el personal contribuyera con sus opiniones y comentarios a dibujar ese mapa situacional de la oficina. En ese sentido, consideramos que el diagnóstico ha sido un éxito, pues en general la participación y contribución del equipo del PNUD ha sido muy valiosa.  

Para facilitar la lectura del diagnóstico, se ha organizado la información recopilada en torno a tres epígrafes, en los cuales además se han hecho una serie de recomendaciones para avanzar en el proceso de transversalidad del enfoque de equidad de género, y que queda resumida de la manera siguiente: 

1). Aspectos generales de la transversalidad del enfoque de equidad de género en el PNUD El Salvador.  

En este apartado se observó la necesidad de impulsar la difusión y el conocimiento de la política de género del PNUD (del Bureau) y de los documentos donde queda reflejada (Direct Line 11, Guidance on Gender Mainstreaming y Gender Balance) pues el conocimiento del personal es bastante difuso; así como la importancia de elaborar documentos propios por parte del PNUD El Salvador donde se recojan su política de género y sus compromisos de equidad de género.  

Se observó una tendencia creciente a incorporar el enfoque en todos los documentos clave del PNUD-ES, pero con algunas carencias que todavía se pueden mejorar como la escasa visibilidad en la matriz de prioridades, y la aparición cada vez con mayor frecuencia en las reuniones debido a una sensibilidad cada vez mayor del personal hacia el tema.  

Sin embargo, se considera que el tema sigue siendo importante pero secundario todavía tanto para la Gerencia como para el personal y la incorporación del enfoque de equidad de género en el trabajo y en la cultura organizacional es aún escasa y muy puntual y que por parte de la Gerencia es preciso dejar claro la prioridad que tiene el tema para el PNUD-ES a través de manifestaciones hacia el personal  y la aprobación de la Estrategia y del Plan Operativo.  Se considera que la Oficina vive una coyuntura muy favorable (reorganización interna, proceso de planificación de los programas, actitud de la Gerencia y del personal)  para impulsar este proceso que hay que aprovechar.  

Los recursos económicos que se destinan a la transversalidad y al avance de las mujeres en la Oficina están muy lejos del 20% que señala como convenientes el Direct Line 11. En realidad, no llegan al 1% del presupuesto. En ese sentido, para impulsar el proceso, es preciso definir el aumento progresivo del presupuesto de la Oficina en los próximos años hasta alcanzar el 20%; así como identificar otras fuentes de financiación para actividades y proyectos.  

Los recursos humanos también son claramente insuficientes, pues se reducen a la Punto Focal de Género (PFG) y hasta ahora ésta sólo ha podido un 10% de su tiempo. La responsabilidad del proceso es colectiva, no sólo del PFG, pero mientras se impulsa la construcción de capacidades internas en la Oficina es preciso destinar más recursos humanos al área de género. Paralelamente, se sugiere la creación de mecanismos para responsabilizar colectivamente del proceso al personal y apoyar permanentemente a la PFG, como son: los puntos focales de género descentralizados y el grupo de discusión de género. Asimismo, es importante identificar expertas/os nacionales en género que puedan apoyar para temas puntuales.  

La elaboración y aprobación de la Estrategia y del Plan Operativo tiene que ir seguida de la creación de un sistema de monitoreo para medir las metas que en estos documentos se plantean y de un sistema de rendición de cuentas (de asignación de responsabilidades).  
 

2). Incorporación del enfoque de equidad de género en programas y proyectos del PNUD El Salvador.  

El enfoque de equidad de género se está incorporando recientemente en los programas y proyectos pues hasta ahora los esfuerzos habían sido muy puntales y esporádicos. En los documentos de los programas (matriz de programas, perfil de programas) no aparece de manera explícita. Tampoco suele aparecer en análisis, informes y consultorías y, en general, los datos que utilizan los programas no suelen estar desagregados por sexo. Para poder mejorar en esta incorporación es precisa una asistencia técnica continua, así como la participación permanente de una persona experta en género en todos los Comités Asesores Externos.  

Es estratégico también, además de la construcción de capacidades internas, contratar personal nuevo con conocimientos de género y, para ello, que en los términos de referencia conste como criterio valorativo esta experticia.  

Los responsables y el personal de los programas cuentan con importantes limitaciones para avanzar en el proceso como son la sobrecarga de trabajo, la falta de tiempo, la insuficiencia de conocimientos y herramientas, etc., pero muestran en general interés por el tema aunque por el momento poca capacidad propositiva.  El tema es importante pero lo consideran menos prioritario que otras cuestiones que ven que atañe más directamente a su programa, en parte porque no se han definido con claridad las responsabilidades que tienen respecto a la transversalidad y que no hay a nivel de la organización una exigencia al cumplimiento de estas responsabilidades. Existe una buena colaboración entre las/los Oficiales de Programa pero faltan mecanismos de articulación, coordinación y planificación de esa colaboración que es preciso establecer para garantizar asistencia técnica y seguimiento más allá de colaboraciones puntuales.  

Se propone también la creación de un Comité Asesor de Género (al estilo del Comité de Desarrollo Local o de Violencia) como ente consultivo para elaborar la agenda de equidad de género del PNUD y orientar las grandes líneas de acción a través de sus programas. Hasta que este mecanismo funciones, la Estrategia de Género y el Plan Operativo definirán unas primeras líneas de acción por programa.  

Actualmente, los programas no tienen asignados recursos para la transversalidad de género y el avance de mujeres y, sin duda, es importante acordar un porcentaje creciente dentro de los recursos de los programas para poder implementar la transversalidad a nivel del programa.  

Respecto a la construcción de capacidades en relación a los programas, es imprescindible capacitar al personal de los programas en análisis de género y en la incorporación del enfoque en todo el ciclo del proyecto (esto debería ser un requisito obligatorio en todos los proyectos del PNUD). Dentro del plan de capacitación, y priorizando el aprendizaje práctico, se considera recomendable diseñar con el personal técnico herramientas propias a partir de la elección de un proyecto por programa. Además se sugiere la elaboración de una guía básica para incorpar género en el ciclo del proyecto a partir de materiales ya publicados.  

Otro punto que se subraya en el diagnóstico es el difuso conocimiento que tienen dentro de cada Programa de los compromisos internacionales, regionales y nacionales y la necesidad de ahondar en ello para poder impulsar acciones en favor de la equidad de género a través de los programas.

En la actualidad, el PNUD no tiene una agenda de equidad de género para establecer diálogo con el Gobierno y con la sociedad civil y mientras no la tenga sus actividades continuarán siendo esporádicas y de poco peso para mejorar la situación de las mujeres y los hombres en El Salvador.  En ese sentido, se considera también  importante estrechar la relación con el ISDEMU y buscar líneas de cooperación a través de los programas y de la propia área de género.  

El PNUD tiene una posición clave para convertirse en facilitador de alianzas nacionales en favor de la equidad de género y como impulsor del tema en foros, reuniones y redes así como de coordinación entre agencias donantes. Aunque es importante el trabajo para dentro, el PNUD debería tener mayor presencia en temas de género en el exterior de la que actualmente tiene.  
 

3). Incorporación del enfoque de equidad de género en la Oficina del PNUD El Salvador 

Aunque la primera sensación es que PNUD El Salvador es una oficina femenina, en realidad el 43% son hombres y el 57% mujeres. No hay disparidades salariales en cuanto a género sino en cuanto a relaciones contractuales. Sin embargo, mientras que los hombres son mayoría en los mandos medios (75%) y en los puestos técnicos (58%),  hay una mayor presencia de mujeres en los puestos directivos (75%) y en los operativos (68%), donde la categoría salarial es menor. Respecto a las últimas contrataciones (año 2002), son 3 mujeres (en puestos operativos) y 3 hombres (en mandos medios o técnicos, antes ocupados por mujeres).  

En los anuncios no suele hacerse constar que el PNUD sea una organización empleadora comprometida con la igualdad de oportunidades y la equidad de género y la guía mínima de condiciones laborales no está actualizada, sólo cubre a parte del personal, emplea lenguaje sexista y no hace referencia a excedencias, permisos de paternidad o permisos especiales. Se recomienda incorporar género en todo el proceso de selección y contratación (anuncios, términos de referencia, criterios selección entrevistas…), así como la actualización de esta guía. Además, es importante incorporar al Manual de Inducción para personal de nueva contratación (en elaboración) el enfoque de equidad de género.

En los últimos tres años no se ha llevado a cabo ninguna capacitación en género dentro del Plan de Capacitación Anual de la oficina y se propone como instrumento para la construcción de capacidades internas el diseño de un Programa de Capacitación de Género que se integre en el Plan de Capacitación. En el intranet y en el Cendoc, hay materiales interesantes pero infrautilizados y sería interesante hacer un listado de recursos por área. Como medida de aprendizaje, se recomienda tamibén la creación de un mecanismo de sistematización de lecciones aprendidas por la propia organización.  

El enfoque de equidad de género también tiene que estar presente en los procedimientos administrativos, en las licitaciones, etc. En ese sentido, se recomienda la elaboración de criterios, a través de una consultoría, a partir de los cuales se podría considerar la creación de una especie de norma ISO en equidad de género ( y otras cuestiones, por ejemplo, medioambiente).  

La página web es la principal herramienta de comunicación que tiene actualmente el PNUD El Salvador. El equipo que trabaja en ella está haciendo un importante esfuerzo por incorporar género pero hay que impulsar todavía ese proceso a través de la colaboración estrecha de ambas áreas (la de comunicación y la de género) y la alimentación continua de esos espacios con información relevante como un análisis de género del contexto salvadoreño y la recopilación de lecciones aprendidas y exitosas en el país.  

Por último, aunque no menos importante, se hace un primer análisis en el diagnóstico de la cultura organizacional de la oficina a través de las opiniones y comentarios vertidos por las y los compañeros. En ellos se habla de una organización respetuosa, de trato igualitario hacia hombres y mujeres y las tareas. Sin embargo, se identifican una serie de problemas o de preocupaciones como son: la falta de involucración de buena parte del personal en los compromisos de equidad de género, cierto temor o inseguridad por parte de los compañeros a ser malinterpretados en sus gestos y comentarios por las compañeras, la dificultad en hablar de determinados temas (como el acoso sexual, el uso del lenguaje, las relaciones internas, las jerarquias …) o incluso miedo, la desmotivación y apatía de parte del personal, el anhelo por mantener relaciones más horizontales y trabajo en equipo, cierto desfase entre los valores de la organización y los valores vividos por el personal, la dificultad por compatibilizar la vida familiar y personal con la laboral por parte de las compañeras mujeres a diferencia de los hombres y la limitada ayuda de la organización en ese sentido.

CONCLUSIONES

 

En resumen,  lo largo del diagnóstico, se han identificado la existencia de obstáculos y resistencias al avance del tema de género tanto visibles como no visibles: la falta de recursos humanos y económicos, la falta de capacidades internas, la consideración de que el tema es secundario, de que puede suponer mayor carga de trabajo para el personal, que es solo cuestión de mujeres, que no hay herramientas para hacerlo, ni mecanismos de monitoreo, etc. Esas limitaciones existen; sin embargo, también es cierto que no se ha llevado a cabo hasta ahora un trabajo planificado y continuo para impulsar el proceso de transversalidad del enfoque de equidad de género en la que colaboren activamente toda la Oficina.  

Los obstáculos y resistencias antes mencionados suelen ser fruto del desconocimiento, el miedo o la ansiedad acerca de diversas cuestiones y pueden frenar o retrasar el proceso, pero pueden convertirse también en oportunidades para el diálogo y el avance, pues de las tensiones surgen muchas veces posibilidades de transformación. Pese a estas resistencias el PNUD El Salvador se encuentra en un momento muy favorable que hay que aprovechar para avanzar en este proceso. 

El proceso de transversalidad del enfoque de equidad de género no es responsabilidad únicamente de personas con poder de decisión o del/la punto focal de género, sino que todas las personas, a través de su trabajo y de sus actitudes,  pueden y deben contribuir a ello. Algunas compañeras y compañeros tienen un claro interés hacia el tema y hay que potenciar sus capacidades para que se conviertan en impulsores activos del enfoque de equidad de género.  

Pero los cambios profundos deben afectar tanto a lo visible como a lo invisible. No basta con hacer cambios en la apariencia externa hay que intentar cambiar lo invisible, los modelos mentales, las creencias, los valores construyendo un proceso de cambio desde lo personal hasta lo colectivo. El cambio involucra lo interior y lo exterior, tanto en lo personal como en lo colectivo, pues ambos son caras de una misma moneda.  

Muchos de los documentos, los programas y proyectos así como elementos de la cultura organizacional no están cumpliendo o lo hacen muy parcialmente los compromisos declarados de la organización en cuanto a la equidad de género. Por coherencia institucional, es importante llevar a cabo una reflexión y análisis al respecto y hacerlo de una manera participativa y lo más horizontal posible. Este diagnóstico es el inicio de este ejercicio de reflexión y análisis y demuestra la voluntad del PNUD-ES por impulsar el proceso. 

Es importante que los valores de la organización no sólo sean conocidos sino también asumidos como compromisos por parte de todas las personas que trabajan en ella. No se trata de culpabilizar a nadie (ni a la gerencia, ni a las compañeras y compañeros) sino de corresponsabilizar a cada miembro de la organización frente a este proceso que es colectivo. Ser parte del problema significa ser parte de las soluciones.  

Es una apuesta valiente que debe ser asumida con todas sus consecuencias no sólo por la gerencia sino por cada una de las personas que trabajan en la organización. Nadie puede obligar a nadie a cambiar o a incorporar el enfoque de género a su trabajo, a sus proyectos o programas, pero sí que la organización y las/los propias/os compareñas/os se pueden dar elementos motivadores para hacerlo.  

El PNUD El Salvador se encuentra en una coyuntura favorable para avanzar en este proceso tanto por la buena disposición de la Gerencia como del personal en general como se ha demostrado claramente durante el proceso de elaboración del diagnóstico y la Estrategia. Las limitaciones, los obstáculos, las resistencias y las amenazas que se han identificado son múltiples; pero también lo son las fortalezas y oportunidades, los deseos y los desafíos. Queda mucho por hacer pero también es mucho lo que se ha hecho y se está haciendo. El enfoque de equidad de género está cada día más cerca de convertirse en un objetivo corporativo del PNUD El Salvador.  

 

 
 
 
 
 
 

VI. DIRECTRICES GENERALES PARA LA TRANSVERSALIDAD DEL ENFOQUE DE GÉNERO EN EL PNUD EL SALVADOR  

La estrategia tiene como objetivo general profundizar el proceso de transversalidad del enfoque de equidad de género para lograr que esté incorporado en todas las políticas, programas, proyectos, actividades administrativas y financieras y en la cultura organizacional del PNUD y que, por lo tanto, el enfoque de género deje de ser un apéndice para estar presente en todas las acciones, procedimientos y valores desde el mismo momento de su concepción.  El objetivo último es que el PNUD a través de todas sus acciones y procedimientos contribuya al avance de la equidad de género en  El Salvador. 

Las directrices se han organizado en dos bloques. Un primer bloque de líneas de acción generales que cubren todos los aspectos relacionados con la incorporación del enfoque de equidad de género a nivel de institución (compromiso político, recursos humanos y económicos, incorporación a documentos claves, política de recursos humanos, cultura organizacional, construcción de capacidades, fortalecimiento de esfuerzos nacionales y acciones generales para los programas, entre otras) y un segundo bloque en el que, a partir de los perfiles de cada programa, se apuntan unas líneas de acción específicas para cada uno de ellos.

 

1. LINEAS DE ACCION GENERALES

OBJETIVO GENERAL

Contribuir a lograr la transversalidad del enfoque de equidad de género en el PNUD El Salvador y en las acciones que la Oficina apoya, con el fin de avanzar en las metas a largo plazo de equidad de género y progreso de las mujeres en El Salvador. 
 
 

Para contribuir a este objetivo general, hemos definidos varias líneas de acción u  objetivos específicos que son los siguientes: 
 

LINEA DE ACCIÓN 1 (OBJETIVO ESPECIFICO 1)  

Adoptar compromiso político y económico por parte de la Oficina para dar prioridad a la transversalidad del enfoque de equidad de género al interior de la oficina del PNUD e impulsar el proceso. 

Para poder impulsar este proceso como un esfuerzo sistemático y profundo, es preciso que PNUD El Salvador adopte de manera explícita un compromiso hacia la equidad de género y que  convierta este tema en una cuestión  prioritaria, dándole reconocimiento tanto al interior como al exterior de la Oficina.

      RESULTADO 1.1.

      RESULTADO 1.2.

LINEA DE ACCION 2 (OBJETIVO ESPECIFICO 2)

 

El personal de PNUD El Salvador contribuye activamente en el proceso de gender mainstreaming. 

La organización debe asegurarse de que cada persona dentro de la organización conoce y entiende las dimensiones e implicaciones de la equidad de género para la organización, para su trabajo y para su persona y, a la vez,  que tiene la capacidad de contribuir activamente en el proceso y en el logro de las metas de equidad. Para desarrollar esa capacidad es tan importante el hecho de que la oficina ofrezca condiciones para que el tema aparezca incluido en conferencias, talleres, reuniones y haga hincapié en la participación equitativa de hombres y mujeres en estos eventos, como que contribuya a la construcción de capacidades internas a través de la formación de sus recursos humanos.

De igual forma, para que pueda avanzar realmente este proceso, es imprescindible impulsar la responsabilidad colectiva de todo el personal.

      RESULTADO 2.1.

      RESULTADO  2. 2.

Creados mecanismos para potenciar la responsabilidad colectiva de todo el personal en el proceso de gender mainstreaming  

LINEA DE ACCIÓN 3  (OBJETIVO ESPECIFICO 3)

Construida en el PNUD El Salvador una organización con relaciones más humanas y equitativas.

Los esfuerzos realizados hasta la fecha hacen del PNUD El Salvador una oficina más humana y equitativa y más acorde con los valores de desarrollo humano y equidad de género que forman parte de la organización. Sin embargo, todavía hay algunos elementos que nos señalan la necesidad de profundizar la incorporación del enfoque de equidad de género en áreas como la política de recursos humanos y la cultura organizacional, lo cual se traducirá, sin duda, en relaciones más humanas, equitativas, horizontales y solidarias.
      RESULTADO 3.1.
      RESULTADO 3.2.

LINEA DE ACCIÓN 4  (OBJETIVO ESPECIFICO 4)

 

Los programas y acciones que apoya el PNUD contribuyen a la equidad de género y al empoderamiento de las mujeres en El Salvador.    

La estrategia de transversalidad plantea en un primer momento un cambio de los procesos internos en la Oficina Nacional del PNUD para poder lograr de esta manera cambios también en los resultados de la organización, es decir, en los programas, con el convencimiento de que esto  contribuirá  a lograr cambios en la situación de las mujeres y de los hombres en El Salvador.  

De esta manera, esta iniciativa del PNUD complementará y fortalecerá el proceso nacional para cumplir los compromisos internacionales adoptados por El Salvador en el avance hacia la igualdad entre hombres y mujeres. Ese es finalmente el compromiso y la responsabilidad adoptada por el PNUD El Salvador.   

      RESULTADO 4.1.

      RESULTADO  4.2.

LÍNEA DE ACCIÓN 5  (OBJETIVO ESPECIFICO 5)

Monitorear la implementación del proceso de mainstreaming del enfoque de equidad de género y extraer lecciones aprendidas para mejorar su incorporación. 

El proceso de transversalidad del enfoque de equidad de género debe ser monitoreado y evaluado con el fin de  medir sus avances, logros y también dificultades y poder así adaptarlo continuamente a las necesidades de PNUD El Salvador. La Oficina está elaborando un sistema de monitoreo y evaluación de sus programas, a través del Programa de Servicios para el Desarrollo, en el que debe estar incorporado también el enfoque de equidad de género y el monitoreo de los avances en la implementación de la estrategia.  

      RESULTADO 5.1.