COMUNICADO A LA OPINIÓN PUBLICA

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El movimiento de Mujeres por la paz quiere expresar su indignación y hacer evidentes los crímenes de Lesa Humanidad que los actores armados vienen cometiendo contra las mujeres en medio del conflicto armado que vive Colombia. Queremos además enfatizar y denunciar la violación sistemática de mujeres en diversas zonas del país.

Consideramos que la violación no es un accidente de la guerra y es un delito tan grave como la tortura y la esclavitud. La violación de las mujeres es un crimen de lesa humanidad, ya sea que se cometa en tiempos de paz o de guerra. En tiempo de guerra la violación se incrementa, porque es utilizada como arma y los cuerpos de las mujeres se convierten en botín de guerra para todos los actores armados, en muchos casos con el fin de humillar al contrario. Actualmente según las normas internacionales de derecho humanos y del Derecho Internacional Humanitario se puede enumerar como crímenes de lesa humanidad cometidos contra las mujeres: la esclavitud sexual, la prostitución forzada, el embarazo forzado, la esterilización forzada y cualquier otra violencia sexual de gravedad comparable.

En 1998, las mujeres denunciamos la violación cometida por varios soldados contra mujeres indígenas de la zona de Urabá. Este caso fue documentado y puesto en manos de las autoridades competentes. Cuando un soldado viola a una mujer, esa violación no es un acto privado de violencia, sino un acto de tortura y un crimen de los cuales es responsable el Estado. Cuando en nuestro país el gobierno no ha investigado ni castigado este tipo de violencia cometido por sus fuerzas armadas, se han sentado precedentes que incentivan la impunidad y se ha propiciado que la violación se convierta en un arma de guerra y se haya generalizado como acto cometido por los diversos actores armados.

En Colombia, según estimativos de los organismos encargados, sólo el 10% de las violaciones son denunciadas porque las mujeres tienen mucho miedo y les da vergüenza hacer público lo que les han hecho. Algunas borran la experiencia de su memoria consciente porque rememorar el trauma les causa un dolor insoportable. El precio que pagan las mujeres va desde el daños psicológico que dura toda la vida; graves lesiones físicas; embarazo, enfermedad, hasta la muerte.

Además del miedo que sienten las mujeres violadas por posibles retaliaciones de parte de los agresores en caso de que sean denunciados, existe en las mujeres una desconfianza creciente de los organismos estatales porque ellas han evidenciado algunos casos, la complicidad por acción u omisión de la policía y de las fuerzas armadas con paramilitares y/o con las bandas que han sido cooptadas por aquellos grupos armados.

Según datos del Instituto de Medicina Legal de Medellín, por lo menos 4 mujeres son asesinadas diariamente en la ciudad, dos de las cuales son además violadas; ocurren 16 violaciones sexuales diarias, sólo 4 son denunciadas y sólo una llega a ser judicializada . Durante los primeros 7 meses del año 2002, habían sido denunciados 661 casos de violación. Aquí sólo podemos sacar estimativos, teniendo en cuenta que sólo un pequeño porcentaje de mujeres violadas se atreven a denunciar este crimen.

 

En esta oportunidad queremos generar un precedente denunciando la múltiple violación de una joven de 18 años, líder juvenil reconocida como defensora de los derechos humanos de las mujeres e integrante de una organización de mujeres que trabaja por la paz y por el tratamiento negociado del conflicto armado. Este caso ocurrió en la ciudad de Medellín, el pasado martes 26 de noviembre cuando la joven se desplazaba para su colegio ubicado en la zona nororiental de la ciudad de Medellín. Ella fue retenida por un grupo de 6 hombres armados vestidos de camuflado y con brazaletes que decían “AUC”, grupo que ejerce actualmente un control de varios sectores de la ciudad de Medellín. Después de ser vendada fue conducida a un paraje solitario donde se encontraban otros hombres del mismo grupo, quienes procedieron a violarla reiteradas veces acusándola de “ser colaboradora de la guerrilla junto con sus dos hermanos”. Luego le marcaron el antebrazo izquierdo con las siglas “AUC” con una cuchilla u otro elemento corto punzante, además fue sistemáticamente torturada durante más de una hora, haciéndole cortadas en sus piernas, senos y labios y quemándola con cigarrillo en varias partes de su cuerpo. Después de los atroces hechos este grupo amenazó a la joven de darle muerte al igual que a su familia si denunciaba, exigiéndole quedarse encerrada en su casa y no volver a transitar por el barrio ni hablar con nadie.

Hacemos un llamado a los medios de comunicación y a las diversas autoridades a hacer un manejo serio y responsable de este caso porque la vida de la joven y la de su familia esta en grave riesgo, además el caso que aquí exponemos puede servir como un ejemplo que lleve a desarrollar acciones jurídicas y pedagógicas ejemplares para los diversos grupos armados y como sociedad civil.

Hacemos responsable al Estado de la seguridad y la vida de las mujeres de las organizaciones sociales y comunitarias las cuales están actualmente en grave riesgo, para lo cual solicitamos protección y acciones ejemplares para que todos los actores armados tengan claro que este tipo de delitos son crímenes de Lesa Humanidad. Así mismo exigimos al Estado y a los agresores la reparación de los daños infringidos en las mujeres y que se generen sanciones que permitan colocar un límite y erradicar este tipo de atrocidades.


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