sustentabilidad de los hogares, las que ante enfermedades producidas por la contaminación de las aguas, toman medidas
de manejo ambiental preventivas o paleativas como, por ejemplo, hervir o clorar el recurso, y quienes ocupan tiempo en
acompañar y cuidar a los enfermos. Este hecho quedó claramente en evidencia ante la epidemia de cólera que afectó
recientemente a la región. A este respecto, es importante distinguir entre la disponibilidad de agua para uso doméstico y el
acceso al agua potable, ya que en muchos lugares, especialmente en el área rural, el agua que se emplea en las labores de
la casa no es necesariamente apropiada para el consumo humano.
Frente a lo descripto, resulta importante superar la comprensión reduccionista de los roles de género. No
sólo hay que ver la división sexual del trabajo como producto exclusivo del sistema de género dominante que
adjudica preferentemente a las mujeres el ámbito de la reproducción y a los varones el de la producción, sino
considerando a su vez las relaciones sociales de producción y de poder en el acceso diferencial a los recursos, las
que son funcionales al actual proceso de cambio socioeconómico que viven nuestros países y que requieren ser
modificadas para alcanzar un desarrollo equitativo y democrático.
Además, es necesario que la participación de las mujeres en los procesos asociados al agua no sólo esté
caracterizada por su situación de "víctimas" de los problemas ambientales o la insuficiencia de los servicios, sino
también como conocedoras, usuarias y consumidoras de los recursos naturales, así como sujetos de experiencia y
creatividad en el trabajo comunitario, y por lo tanto en su carácter de propositoras de mecanismos que conduzcan a
la sustentabilidad. En América Latina, se han desarrollado varias metodologías para involucrar activamente y
con poder de decisión a las mujeres en los proyectos de agua, como un modo de asegurar su sostenibilidad, es decir su
continuidad y mantenimiento (Whitaker, 1992; INSTRAW, 1994). También se ha contado con las mujeres de sectores
populares para promover una cultura de uso ambientalmente adecuado del agua, y se han llevado a cabo proyectos
comunicativos para la transferencia de tecnología, entendida como un proceso orientado a trasladar la capacidad de
aplicar conocimientos, instrumentos, organización y técnicas desde quienes la generan hacia un grupo social determinado,
en este caso las mujeres. Sin embargo, la puesta en práctica de estas metodologías y de la capacitación enfrenta
importantes resistencias por parte de los administradores, y presenta gran vulnerabilidad ya que su aplicación y éxito
depende, en la mayoría de los casos, de voluntades individuales, y no de políticas claras al respecto. Es destacable que, en
general, existe la érronea percepción que los proyectos y programas son "neutros" y que benefician de manera homogénea
a todos los miembros de la comunidad, por lo que no es necesario introducir la variable género y menos aún el enfoque de
género en el desarrollo.
Es destacable que las mujeres de sectores populares también participan activamente en iniciativas locales
destinadas a mejorar la calidad de vida de sus familias y del entorno barrial. Esto implica trabajo gratuito, solidario y
cooperativo a través del cual tratan de paliar las deficiencias existentes en los servicios. Sin embargo, este aporte no suele
traducirse en iguales posibilidades que los varones de controlar y decidir respecto a las características: localización,
tecnología, tipo de suministro, costos, beneficios y limitaciones del sistema, del servicio de provisión de agua que
ayudaron a construir. Se observa así que muchas veces son instrumentalizadas para alcanzar mayor eficiencia en el
cumplimiento de los objetivos de los proyectos de infraestructura, sin que por ello se consideren sus intereses, necesidades
y derechos en los procesos de decisiones que afectan su calidad de vida. En esta dirección, resulta importante potenciar la
participación de las mujeres en las "juntas de agua" y los "comités de usuarios" como canales de información, opinión,
acción, decisión y educación. En este contexto, es importante conocer la transferencia de recursos privados y estatales
hacia estas actividades comunitarias realizadas por las mujeres e investigar el papel de las instancias intermedias
tales como las organizaciones no gubernamentales.
En ocasiones también las mujeres pobres han liderado protestas urbanas por la falta de agua, la mala calidad de
los servicios y las tarifas como la única forma de hacer escuchar su voz. En el caso de Monterrey, México (Bennett,
1996), su accionar produjo efectos positivos sobre la dirección de la inversión en infraestructura, mostró la relación
existente entre los niveles micro y macroeconómico, y puso en evidencia el tema del poder, ya que controlar el agua es
también controlar un territorio y las actividades productivas que en él se generan.