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Fundación Heinrich Böll APLICANDO LA DEMOCRACIA DE GÉNERO
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Fundación Heinrich Böll
Departamento de Evaluación
APLICANDO LA DEMOCRACIA DE GÉNERO
Estudio sobre la implementación metodológica y operativa de la
Democracia de Género
en la planificación y evaluación de proyectos
Angela Meentzen y Enrique Gomáriz
Berlín, Abril 2002

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INDICE
Presentación
p.
3
I.
La democracia de género como estrategia:
buscando la coherencia perdida
p. 5
II.
Los manuales de género desde la perspectiva
p. 20
de
democracia
de
género
II.
Criterios metodológicos e instrumentos básicos
p. 36
ANEXO
Lista de manuales de género
p. 76
Aplicando la democracia de género
2

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Presentación
El presente informe entrega los resultados del estudio realizado sobre la implementación
metodológica y operativa de la política de democracia de género en la planificación y
evaluación de proyectos, encargado por la Fundación Heinrich Böll de Alemania. Aun-
que el estudio tiene una perspectiva general, parte principalmente de la experiencia des-
arrollada por el trabajo de cooperación al desarrollo en América Latina. De hecho, el
esfuerzo para concretizar métodos y herramientas de trabajo parte de un balance sobre
los instrumentos, principalmente en su forma de manuales que se han formulado desde o
para América Latina.
La primera parte de este estudio tiene el objetivo de contribuir a la aclaración de diver-
sas corrientes actuales en la aplicación del enfoque de género en la cooperación al desa-
rrollo, tales como la igualdad de oportunidades, el empoderamiento, la democracia de
género y el mainstreaming; así como su ubicación como fines, estrategias o métodos y
sus diferencias y coincidencias, de acuerdo a su uso actual en América Latina y a nivel
internacional.
En la segunda parte se hace una revisión de una serie de manuales de género utilizados
actualmente en América Latina, en Alemania y a nivel internacional para la aplicación
del enfoque Género en Desarrollo (GED) desde la perspectiva de la democracia de gé-
nero. La revisión incluye la valoración de las tendencias de los enfoques encontrados a
nivel conceptual y operativo, la formulación de una tipología, así como aspectos resca-
tables para la aplicación de la democracia de género por la Fundación Heinrich Böll, en
este caso del departamento de América Latina y por sus contrapartes. Incluye referen-
cias al estado de avance en la elaboración de instrumentos de aplicación de la democra-
cia de género por la misma Fundación Heinrich Böll en Berlín y en América Latina.
La tercera parte incluye instrumentos y técnicas para aplicar la democracia de género.
Es necesario aclarar aquí, que por la corta duración de la consultoría se optó por la ela-
boración de instrumentos específicos para el enfoque de la democracia de género úni-
camente en lo que se refiere a la planificación y evaluación de proyectos.
Quedaría pendiente una amplia tarea de la elaboración de otros instrumentos de aplica-
ción de la democracia de género a nivel institucional de la Fundación Heinrich Böll y de
sus contrapartes, para la formación política, para la formulación de políticas así como
para otras acciones de democracia de género dirigidas a la sociedad en conjunto, que no
pudieron ser incluidos en el presente estudio debido a la corta duración de la consulto-
ría.
Por otra parte, es necesario subrayar que para una adecuada implementación de tales
instrumentos y técnicas se requiere de algunos requisitos previos: en primer lugar, del
establecimiento de un cultura organizacional en la Fundación Heinrich Böll que defina
de manera general los métodos de planificación y evaluación de proyectos que serán
usados por esta institución. En segundo lugar, que esto lleve integrado en el mismo sis-
tema de planificación general los elementos que garantizan la presencia de la perspecti-
va de género; en tercer lugar, que dicha perspectiva de género se encuentre efectivamen-
te incorporada no sólo en el sistema de planificación, sino en el conjunto de los ámbitos
que guardan relación con su desarrollo organizacional y operativo.
Aplicando la democracia de género
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Después de la presentación del estudio en talleres en la central de la Fundación Heinrich
Böll en Berlín y en coordinación con las oficinas regionales de la Fundación Heinrich
Böll en América Latina y la implementación de una fase piloto de aplicación de los ins-
trumentos de planificación y evaluación de proyectos por la Fundación Heinrich Böll y
sus contrapartes, los resultados con estas experiencias de aplicación retroalimentaron la
versión final del estudio.
Aplicando la democracia de género
4

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1.
LA DEMOCRACIA DE GÉNERO COMO ESTRATEGIA: BUSCANDO
LA COHERENCIA PERDIDA
En las pasadas décadas de acción política e institucional a favor de la promoción de la
mujer y la equidad de género, se han ido conformando distintas propuestas conceptuales
y metodológicas, las cuales han producido sucesivas categorías fuertes que nucleaban
ópticas analíticas y estrategias operativas. En esta introducción se busca hacer un exa-
men de las propuestas y categorías principales que tienen presencia en la actualidad,
aunque este análisis tenga como contexto la evolución general de dichas políticas de
género, y haga especial mención del cambio referido a los paradigmas del desarrollo.
Puede afirmarse que durante la segunda mitad del siglo XX tiene lugar una transición
que va desde una política de apoyo a las mujeres, con una perspectiva frecuentemente
asistencial, hasta una estrategia que considera a las mujeres como sujetos de derechos y
oportunidades en un contexto mas amplio que hay que modificar. En relación con los
procesos de desarrollo, esta transición acabó por reconocerse como el paso de la estrate-
gia de Mujer en Desarrollo (MED) a la denominada Género en el Desarrollo (GED).
Ciertamente, tanto en el occidente más desarrollado como en los países en desarrollo,
este cambio ha estado referido a una mutación importante en el campo de la teoría y los
estudios de la mujer: el desarrollo rápido del concepto y la teoría de género, desde fines
de los años setenta. Sin embargo, es importante considerar que los enfoques teóricos
feministas previos, principalmente referidos a la tesis del patriarcado y el reconocimien-
to de la subordinación histórica de la mujer, no siempre son subsumidos de la misma
forma por la teoría de genero, lo que, en el campo de la acción estratégica, facilita la
existencia paralela de distintas opciones, como se verá a continuación.
No es necesario hacer aquí una descripción de las tesis que recorren ese camino de
MED a GED (de bienestar, igualdad, antipobreza, eficiencia, etc.) para mencionar las
diferencias que regularmente se hacen entre ambas. En la concepción MED el foco es la
mujer y la acción se refiere a sus necesidades prácticas, lo cual complementa el desarro-
llo y capacita a las mujeres para participar en el desarrollo; el desarrollo operativo de
esta concepción se concreta a través de proyectos para mujeres, o de componentes sepa-
rados para mujeres en los proyectos generales. Mientras que en la idea GED el foco está
puesto en las determinaciones de género, y los intereses estratégicos de las mujeres, el
objetivo es la equidad en la participación y el disfrute de los resultados del desarrollo y
las mujeres son sujetos del desarrollo, lo que significa un mayor empoderamiento. Es
interesante consignar que si bien hay un esfuerzo por integrar el enfoque de género en
los proyectos, lo cierto es que la puesta en práctica se hace también a través de proyec-
tos para mujeres y de componentes separados para mujeres, cuya principal diferencia
refiere a la mayor atención que se presta a los intereses estratégicos de las mismas. Esta
contradicción entre la perspectiva conceptual del GED (enfoca las determinaciones de
genero y no sólo a las mujeres) y su desarrollo operativo (las mujeres son también las
agentes y las beneficiarias) se ha mantenido desde los años ochenta y es parte de las
razones por las que se plantea su crítica, así como la consiguiente necesidad de modifi-
car ese paradigma.
Cuando aparece –en la última década del pasado siglo- la crítica a las políticas tradicio-
nales de promoción de la mujer, que regularmente se han traducido en políticas públicas
de igualdad de oportunidades, éstas se sitúan en una encrucijada polarizada entre el en-
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foque que regresa al trabajo con las mujeres, y el enfoque que mira en dirección contra-
ria: hacia el conjunto de la sociedad. Así pues, puede afirmarse que a fines del siglo XX
pueden apreciarse tres orientaciones generales, la del empoderamiento, la de igualdad
de oportunidades o equidad de género y la de democracia de género.
Sin embargo, es importante aclarar algunos temas de partida. El primero, es que estas
orientaciones generales adquieren su naturaleza sobre todo en términos de énfasis, de
mayor atención a algunos de los elementos, puesto que, en la práctica, es fácil observar
que las tres orientaciones se solapan y así, es posible apreciar que hay empoderamiento
en políticas de igualdad de oportunidades, y de democracia de género, o bien que au-
menta la igualdad de oportunidades tanto al aplicar estrategias de empoderamiento co-
mo de democracia de género. Es el acento puesto en cada uno de los aspectos y su con-
sideración como piedra de toque, lo que en definitiva identifica cada una de las corrien-
tes, como se verá mas adelante. El otro tema de partida se refiere a que algunos de los
instrumentos utilizados en las políticas de promoción de la mujer y la equidad de género
han acabado adquiriendo connotación estratégica, lo que hace que incluso sean vistos
como opción estratégica propiamente dicha, como es el caso, sobre todo, del gender
mainstreaming. Por esa razón, también tiene utilidad detenerse a examinar esa referen-
cia.
El tercer tema, relacionado con los anteriores, se refiere a la consideración de estas
orientaciones como opciones estratégicas o como fines en si mismas. Existen dos sensi-
bilidades al respecto. Una primera, que tiende a ver cada una de las orientaciones con
una doble naturaleza: medio (estratégico) y fin. Esta sensibilidad suele aparecer desde el
interior de cada orientación, pero también puede surgir en términos de confusión por
parte de un público no familiarizado con la temática. La segunda, mas extendida últi-
mamente, que considera estas orientaciones fundamentalmente como opciones estraté-
gicas, las cuales comparten, al menos en primera instancia, un mismo objetivo general:
avanzar en la equidad de género.
En todo caso, para examinar cada una de las propuestas se utiliza aquí la idea de estra-
tegia como concepto integral; es decir, aquella opción que:
a) parte de un determinado enfoque conceptual;
b) se dota de una metodología coherente con el enfoque elegido;
c) construye herramientas operativas consistentes con la lógica de esa metodología.
En breve, una estrategia avanza por un camino coherente desde lo conceptual hasta lo
operativo a través de un tronco metodológico que la articula.
1. La igualdad de oportunidades / equidad de género
Esta estrategia es la mas extendida, en términos de puesta en práctica a nivel público en
la época de la teoría de género y en concreto del desarrollo de la GED. Sin embargo,
sobre todo en América Latina, es conveniente observar tanto esa acción que realizan los
poderes públicos, como la que desarrollan otros agentes, principalmente organismos no
gubernamentales, frecuentemente con el apoyo de la cooperación internacional. La ac-
ción gubernamental se ha traducido, como en diversos países europeos, en políticas pú-
blicas de igualdad de oportunidades, mientras que la acción de los organismos no gu-
bernamentales, cuando ha superado el nivel de actuación puntual o atomizada, adqui-
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riendo alguna dimensión estratégica, se ha reconocido como planes o programas de gé-
nero, o bien como componentes de programas o proyectos con otros objetivos.
Sin embargo, ambas han compartido con frecuencia una misma óptica tanto diagnóstica
como estratégica, pudiéndose afirmar que las principales diferencias refieren al alcance
o radicalidad de medidas concretas, tanto a nivel general como en situaciones específi-
cas. Parten de la categoría género y utilizan el análisis de género, primero para comparar
la situación y posición de cada género. Desde este análisis, se dirigen principalmente a
mejorar la situación de las mujeres, utilizando con frecuencia medidas afirmativas a
favor de las mismas. En general, cuando se dirigen a los hombres lo hacen en términos
de sensibilización con la intención de complementar la acción a favor de las mujeres. Su
campo de acción es el que corresponde a las áreas que generalmente atienden las políti-
cas sociales (salud, educación, trabajo, etc.). Puede afirmarse que esta orientación se
expresa mundialmente y se consolida con la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer y
su principal resultado: la Plataforma de Acción.
Ahora bien, es importante consignar que en esta estrategia puede apreciarse claramente
una evolución, especialmente durante los años noventa. En efecto, si en un principio el
análisis de género se refería mucho más al diagnóstico de la situación de las mujeres o
bien a su comparación con la de los hombres, luego fue agregándose progresivamente el
análisis de las relaciones de género, lo que con frecuencia se tradujo en proyectos de
mayor relación entre objetivos de desarrollo y de equidad de género. De igual forma, el
acento inicial en la igualdad entre los géneros fue dejando paso a la idea de equidad, que
pretende la igualdad de oportunidades entre personas no necesariamente iguales. Tam-
bién comenzó a enfatizarse que es necesario distinguir factores diferenciales en la pro-
pia población femenina, necesitando por tanto una visión específica de cruces factoria-
les (clase, generación, raza, etnia, género, etc.)
Asimismo, la convocatoria a los hombres comenzó a ser más evidente (algo que se
aprecia fuertemente en los resultados de Beijing + 5), aunque fundamentalmente sin
abandonar una óptica instrumental: como se fue haciendo evidente que para mejorar
algunos problemas importantes (salud reproductiva, violencia de género, etc.) era nece-
sario integrar a los hombres en las acciones, se empezaron a convocar pero siempre co-
mo instrumento para mejorar la situación de las mujeres.
El otro rasgo de esta evolución se refiere a una cuestión de sistematicidad e integralidad.
En efecto, al principio se impulsaban con frecuencia acciones principalmente focales o
segmentadas y luego progresivamente se comenzó a plantear la transversalidad del en-
foque de género. Incluso las políticas públicas de igualdad de oportunidades se articula-
ban progresivamente con el conjunto de las políticas públicas, a las que trataban de
afectar de manera transversal. En relación con esa nueva perspectiva, pero sobre todo en
ámbitos institucionales, comenzó a proponerse el gender mainstreaming, del cual se
hablará mas adelante.
Las políticas de igualdad de oportunidades o de equidad de género son todavía las más
extendidas en términos de consenso y cobertura, pese a que han comenzado a sufrir cri-
ticas en cuanto a su contradicción principal y a su consiguiente limitación en términos
de eficacia. En efecto, como se indicó, en esta estrategia se manifestó desde sus oríge-
nes la contradicción entre la óptica conceptual (género y condiciones de género) y su
orientación operativa dirigida fundamentalmente al trabajo con mujeres. Con la evolu-
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ción interna sufrida durante los noventa, esta contradicción no fue menos evidente: si
ahora se integraba el plano de lo relacional entre los géneros, era más contradictorio que
el foco de trabajo fueran únicamente las mujeres. Y el incremento de la referencia a los
hombres desde una perspectiva instrumental, tampoco resolvía la cuestión principal:
como seguir avanzando en la equidad de género, cuando el compromiso y la simple
relación con esta temática es algo extraño para la mitad de la población. En el fondo, se
manifestaba más claramente la parcialidad del presupuesto de partida de las políticas de
igualdad de oportunidades: las mujeres se encuentran en una situación de desventaja
lineal con respecto a los hombres. Este presupuesto suponía considerar que los hombres
están en una posición que las mujeres tienen que alcanzar y conforme lo hagan se ira
avanzando hacia la equidad de género. Pero conforme las mujeres comenzaron a
aproximarse a esa posición, fueron evidentes dos cosas: en primer lugar, que la posición
de genero de los hombres no es precisamente una posición sustantivamente buena a
lograr por el hecho de ser dominante; en segundo lugar, que los cambios protagonizados
por las mujeres planteaban cambios en los hombres, para los cuales no se habían previs-
to políticas, con lo que se producían con frecuencia resistencias sociales, cuando no
movimientos de reacción (del tipo Promise Keeper norteamericano, etc.). Dicho en bre-
ve, la contradicción entre el consenso teórico de que género no es igual a mujeres, y
luego una acción solo para las mujeres parece difícil de mantenerse en el tiempo.
2. El empoderamiento de las mujeres
La orientación estratégica que hace de su piedra angular el empoderamiento de las mu-
jeres procede en realidad de presupuestos anteriores a las políticas de equidad de géne-
ro. Por esa razón, no existe consenso acerca de si esta estrategia significa el paso de
MED a GED como proponen algunas autoras, Moser por ejemplo, o si se trata de una
propuesta que nace paralela o previamente a la conceptualización del enfoque de géne-
ro. De hecho, la óptica del empoderamiento refiere al tronco de orientaciones cuyo foco
cognitivo y propositivo son las mujeres, tanto si considera que el problema está en las
mujeres como si piensa que ahí esta la solución. Por lo demás, el término empodera-
miento, en castellano un neologismo que trata de traducir la palabra inglesa empower-
ment, no tiene su origen en la teoría feminista, sino en la cultura política anglosajona,
con frecuencia referido a los sectores de base o las minorías oprimidas; y, en todo caso,
anterior al surgimiento del enfoque de género.
No obstante, la fuerte expansión de la perspectiva de género y la consiguiente orienta-
ción GED tuvieron efectos sobre la opción del empoderamiento. En primer lugar, por-
que desde GED la acción positiva y el empoderamiento de las mujeres son vistas como
parte del propio proceso de avance hacia la equidad de género. Sin embargo, no son su
piedra angular ya desde su formulación conceptual: género y relaciones de género signi-
fican una problematización de la dimensión de género de cualquier ser humano. El re-
sultado general de esta relación entre diferentes orientaciones ha sido que el empodera-
miento llegó a una disyuntiva: por un lado se integraba al curso principal de las políticas
de equidad de género o por otro mantenía su propio perfil aunque con una dimensión
mas reducida en el escenario de la acción con y para las mujeres. De hecho, la orienta-
ción que hace efectivamente del empoderamiento la piedra angular de su accionar, se
puede encontrar más fácilmente en las actuaciones de sectores de organizaciones de
mujeres, con apoyo de algunas agencias de la cooperación internacional.
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Como se sabe, la idea del empoderamiento de las mujeres tiene un fuerte anclaje perso-
nal, aunque también puede entrañar determinaciones grupales. En el plano personal, lo
que importa es el incremento de la capacidad de las mujeres para avanzar en la consecu-
ción del objetivo fundamental, que es la autonomía y el desarrollo de cada mujer, lo que
significa la adquisición de un mayor poder (interno y externo). Para ello es necesario
articular un trabajo de toma de conciencia (de las injusticias que conlleva la subordina-
ción histórica) junto con un incremento de su autoestima, que incluya una autoimagen
positiva y tendencialmente diferente a la del varón, así como una valoración del propio
trabajo, las propias habilidades y conocimientos y, sobre todo, de las propias potenciali-
dades. Ello significa poner el acento en el control de su propia sexualidad, de la repro-
ducción y de la seguridad personal, lo que remite a un incremento de su libertad y sus
expectativas, al menos en términos de posibilidad.
Este empoderamiento personal tendría consecuencias a nivel social en los distintos pla-
nos de la convivencia ciudadana. El empoderamiento jurídico se traduciría en seguridad
legal, mayores niveles de acceso a la administración de la justicia, así como capacidad
para influenciar la legislación existente. En el plano económico significaría garantía de
sobrevivencia, independencia económica personal, acceso a la propiedad y otros recur-
sos, así como a la información económica, al empleo y la seguridad social, etc. El em-
poderamiento cultural haría referencia a su influencia en el orden simbólico, sobre su
imagen y la de los otros, sobre las prácticas culturales, y en defensa de una cultura fe-
menina. En el plano político partiría de la alfabetización política, pero significaría ma-
yor participación en ámbitos políticos y acceso a ocupar cargos de representación y di-
rección. El empoderamiento social, en suma, conseguiría respeto de los otros, acceso a
instituciones y servicios, posibilidades de organización y capacidad de influencia a nivel
público.
Desde esta perspectiva, la orientación del empoderamiento presenta coherencia entre su
enfoque conceptual y su desarrollo operativo. En efecto, partiría de enfocar las mujeres
y su discriminación histórica, así como su potencialidad de liberación, y a partir de este
foco, su trabajo se centra en las propias mujeres, tomando al resto de la sociedad como
marco de referencia o de dominación.
Ahora bien, esta consistencia no sólo es fuente de sus fortalezas sino también de sus
debilidades. En primer lugar, existe un problema de partida con su naturaleza: buena
parte de las mujeres y de los grupos que trabajan por la equidad de género asumen el
empoderamiento como una herramienta o una consecuencia, pero no como una verdade-
ra estrategia. Es decir, la idea del empoderamiento aparece en las políticas de equidad
de género (de hecho, aparece en la Plataforma de Acción) con mucha frecuencia, pero
como un medio entre otros, o bien como el efecto beneficioso que tiene una determina-
da política de equidad. En este sentido tiene un uso bastante extendido, mientras que
como verdadera estrategia consistente (como la propuso la red feminista internacional
DAWN ante la III Conferencia sobre la Mujer, en Nairobi, 1985) su aceptación es mu-
cho menos común.
Esa estrategia consistente supone que mediante el empoderamiento de las mujeres va a
resolverse el problema fundamental existente. A este respecto, caben varias posibilida-
des: que resuelva el problema que afecta al conjunto de la sociedad, o bien que resuelve
sólo la falta de empoderamiento de las mujeres, con lo cual esa estrategia se transforma
en un fin en si misma. En el primer caso, mas allá de cómo se quiera denominar, se su-
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pone que el empoderamiento de las mujeres consigue avanzar hacia la equidad de géne-
ro en toda la sociedad, lo cual implica que incorpora también a los hombres. Pero como
actúa fundamentalmente para y con las mujeres, cabe preguntarse como puede incluir al
conjunto de la sociedad. Caben varias respuestas a esta interrogante. Por un lado, como
en el caso de las políticas de igualdad de oportunidades, cabe pensar que el empodera-
miento de las mujeres las lleva hasta alcanzar la situación de los hombres, a los que se
considera ya empoderados. Como vimos, esa versión rectilínea de la superación del su-
puesto déficit de las mujeres es tendencialmente androcéntrica, y no parece que corres-
ponda a una estrategia que apuesta por las potencialidades intrínsecas y diferenciadas de
las mujeres.
Por otro lado, cabe pensar que el empoderamiento de las mujeres va a producir efectos
correspondientes entre los hombres, ya sea por reflejo social, por goteo o por seducción
(como en algún momento se propuso desde el feminismo de la diferencia). El problema
que tiene ese supuesto es que descarta la posibilidad de que, lejos de ser siempre positi-
va, la reacción del conjunto social y en particular de los hombres sea, en mayor o menor
medida, por una vía u otra, tendencial o directamente negativa. El clima postfeminista
de sociedades europeas, los movimientos de hombres androcentristas (como el Promise
Keeper) o las contraofensivas organizadas por entidades religiosas, son claros ejemplos
de esa reacción contraria, que pone hoy seriamente en duda la idea de que el cambio de
la sociedad va a seguir al tirón del cambio en las mujeres. Y ello conduce al tema de las
transformaciones como efecto del cambio de las mayorías sociales. En efecto, ese ha
sido un viejo supuesto referido a la lucha contra la dominación de clase: dado que las
clases explotadas eran claramente mayoritarias, un cambio sustantivo de su parte incli-
naba seriamente la sociedad hacia su transformación y el problema quedaba reducido a
como controlar la reacción de la minoría desempoderada. Pero, como se sabe, ese no
puede ser el supuesto de partida en el caso de las relaciones de género, donde las pobla-
ciones subordinada y no subordinada presentan dimensiones similares. Un factor más
que otorga especificidad al escenario de la acción estratégica en materia de género.
Todo lo anterior cobra aun más fuerza cuando se trata de imaginar que el cambio en las
mujeres no sólo resuelve problemas en materia de género, sino que también (como su-
cede con frecuencia en el ámbito del desarrollo) resuelve graves problemas de la socie-
dad, como por ejemplo, la pobreza. En un informe sobre empoderamiento se afirma:
“en vez de reivindicar una política de equidad que solamente proporcionaría a las muje-
res una parte mas grande del pastel envenenado, las mujeres construirían colectivamente
el poder desde abajo con el fin de transformar las estructuras existentes de explotación y
opresión y, a la vez, perseguir el doble objetivo de eliminar la pobreza y la jerarquía de
géneros”
1
. Desde luego, esta visión no contiene un planteamiento riguroso de construc-
ción de mayorías o de acumulación de fuerzas, algo que signifique actuar seriamente
desde espacios mixtos, pero ello es consistente con todo el planteamiento. Por otro lado,
existe evidencia de que el mejoramiento de la situación de las mujeres es un factor im-
portante que contribuye y hace más sostenible el alivio de la pobreza, pero es difícil
tomar en serio una estrategia para superar la pobreza que contenga ese único factor, con
lo que volvemos a enfrentarnos al tema de cómo operar y tomar en consideración el
resto de los factores existentes, así como la articulación social para promover ese cam-
bio. Es decir, remite a todo lo examinado en el supuesto anterior.
1
Birte Rodenberg/ Christa Wichterich: Ganando Poder, Berlin 1999
Aplicando la democracia de género
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Ahora bien, cabe una posibilidad alternativa consistente en que el objetivo final de la
estrategia del empoderamiento no sea otro que el mismo empoderamiento de las muje-
res. Es decir, en este caso se trataría de una orientación que es al mismo tiempo estrate-
gia y meta final. El problema consiste entonces que este fin autoreferente no coloca en
el mismo nivel en términos de meta final el cambio de las mujeres y el cambio de toda
la sociedad. Ahora bien, al hacerlo así se separa en perspectiva de la meta de la equidad
de género: el empoderamiento de las mujeres puede seguir avanzando autónoma e infi-
nitamente sin necesidad de referente social. Lo que en el caso de que fuera posible con-
duciría a una situación sexista, al menos en términos de género. Algo que vendría a con-
firmar la sospecha de aquellos sectores contrarios a la equidad de género de que, en rea-
lidad, el cambio de las mujeres solo busca la “vuelta de la tortilla”.
La otra posibilidad es que se piense que el empoderamiento de las mujeres desarrollado
autónomamente va a entrar en conflicto con el resto de la sociedad, pero que ello es
precisamente lo que obligará al cambio del conjunto social. Dicho en breve, en términos
de estrategia política eso se reconoce como la óptica del “cuanto peor, mejor”, algo que
ya ha mostrado su elevado nivel de riesgo. El conflicto mismo, sin negociación, alianzas
y acumulación de fuerzas, suele ser un camino no democrático que termina mal con
mucha frecuencia, entre otras razones porque pierde legitimidad social. El conflicto en
materia de género, derivando en guerra de sexos, no sólo implica sufrimientos para mu-
jeres y hombres, sino un alto riesgo de estancamiento o retroceso en materia de equidad
de género.
3. La democracia de género
Esta orientación estratégica es la que presenta una formulación más reciente y surge
tratando de superar la inconsistencia de un enfoque de género integral que luego opera
sólo con y para la población femenina. En este sentido, se mueve en la dirección contra-
ria que la orientación vista anteriormente: si la estrategia del empoderamiento resulta
consistente cuando enfoca sólo la situación de las mujeres y opera sólo con mujeres y
grupos de mujeres, la propuesta de la democracia de género busca la consistencia entre
un enfoque de género que incluye toda determinación de género, en términos compara-
tivos y relacionales (partiendo del amplio consenso teórico de que género no es igual a
mujeres) y la necesidad de integrar al conjunto social en el escenario operativo, donde
cada situación específica dictará la combinación de instrumentos oportuna (incluyendo
con frecuencia acciones de empoderamiento de las mujeres).
En realidad, la democracia de género resulta el paso lógico a dar en la creciente dinámi-
ca genero-inclusiva que se manifiesta en las políticas de equidad de género; las cuales,
como se vio anteriormente, ponen cada vez más el acento en integrar lo relacional y en
convocar a los hombres en las acciones de mejoramiento de la condición de las mujeres.
Ciertamente, esta creciente dinámica genero-inclusiva no es precisamente un rayo en un
cielo despejado, sino que procede de una acumulación de condiciones que parten de
años de trabajo del género históricamente discriminado, las mujeres, para conseguir una
plataforma que hiciera posible la inclusión de la temática de género en la agenda nacio-
nal. No obstante, una cosa es lograr esa inclusión –como ha sucedido entre 1975 y 1995
en casi todos los países del occidente desarrollado y en buena parte de los que están en
vías de desarrollo- y otra cosa muy diferente es lograr que la temática emergente empa-
pe al conjunto social produciendo así un cambio efectivo de las relaciones sociales.
Aplicando la democracia de género
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La cuestión es que para que este avance sustantivo tenga lugar parece haberse planteado
la necesidad de un cambio de paradigmas en la política de género. Como plantean los
firmantes de una carta dirigida a la Ministra responsable de la políticas de igualdad de
oportunidades en Alemania: “Las políticas de igualdad de oportunidades fueron formu-
ladas sobre todo como medidas de promoción de las mujeres y con una orientación anti-
discriminatoria. Estas políticas tienen que ser reexaminadas para observar si sus énfasis
son todavía correctos y sus instrumentos pueden –sobre todo en el contexto económico
actual- tener verdadero impacto”
2
. El texto refiere a continuación algo sobre lo que hoy
hay consenso creciente, el frecuente olvido de los aspectos relacionales y de los hom-
bres en las anteriores políticas de genero, y muestran que el impasse en la participación
de los hombres en las responsabilidades familiares es el mayor obstáculo para una parti-
cipación de calidad de las mujeres en el mundo social y, con frecuencia, en el mundo
laboral. Dicho en breve, se acentúa la percepción de que el cambio a encarar no refiere
solo a un déficit de oportunidades para las mujeres sino a cambios de género en mujeres
y en hombres.
Esta visión no solo aparece en Europa o Estados Unidos sino que también comienza a
hacerse evidente en América Latina. Como afirma la paraguaya Line Barreiro: “el gran
desafío es proponer los cambios para el conjunto de las sociedades y para la construc-
ción de una nueva institucionalidad política.”
3
Desde luego, esta nueva perspectiva obli-
ga a una estrategia operativa de naturaleza género-inclusiva. Como afirma Judith Aste-
larra: “el problema principal hoy es que esto no se producirá, si los hombres no cambian
también.”
4
Es a estas necesidades que trata de responder la estrategia de la democracia de género y,
en este sentido, es efectivamente algo nuevo respecto de las políticas anteriores, ya que
enfatiza la necesidad de convocar no sólo a las mujeres, sino al conjunto de la sociedad,
hombres y mujeres, para continuar avanzando hacia la equidad de género. Y precisa-
mente su énfasis en la inclusión es lo que puede permitirle no excluir situaciones especí-
ficas dónde sea necesario realizar acciones de empoderamiento de las mujeres, o de
igualdad de derechos y oportunidades, siempre y cuando el norte general de estas accio-
nes específicas no sea el cambio en la mitad de la sociedad, sino que convoque al con-
junto de esta para lograr sus fines. En tal sentido, la democracia de género tampoco ex-
cluye necesariamente la existencia y la necesidad de espacios propios de mujeres (o de
hombres), pero si es verdad que hace de las relaciones entre los géneros su foco princi-
pal de actuación y avance hacia la equidad de género.
Desde luego, uno de los aspectos que otorgan novedad a esta propuesta consiste en su
búsqueda sistemática de incluir a los hombres en la tarea común y el compromiso hacia
la equidad de género. Y también, en ese sentido, propone una nueva perspectiva del
trabajo con los hombres y entre los hombres. No se trata de negar a los grupos de hom-
bres, la necesidad o conveniencia de tener sus propios espacios, pero al mismo tiempo
2
“Por la Democracia de Género”. Carta abierta a la Ministra para la familia, los ancianos, mujeres y jó-
venes del Gobierno Federal de Alemania, Noviembre 1998
3
Line Barreiro: “Cambios para el conjunto de la sociedad”. En: Gomáriz/Meentzen (comp.): Democracia
de Género. Una propuesta para Mujeres y Hombres del Siglo XXI. San José/San Salvador 2000; tomado
de la Revista “Especial/Fempress: Feminismos Fin de Siglo”, 1999
4
Judith Astelarra: “Autonomía y espacios de actuación conjunta”. En: Gomáriz/Meentzen (comp.): De-
mocracia de Género. Una propuesta para Mujeres y Hombres del Siglo XXI. San José/San Salvador 2000;
tomado de la Revista “Especial/Fempress: Feminismos Fin de Siglo”, 1999
Aplicando la democracia de género
12

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no busca conducirlos a una actuación por separado y segmentada de la lucha común por
la equidad de género, como sucede hasta ahora con buena parte de estos grupos. Se trata
más bien, de que los hombres, desde los grupos de hombres o desde espacios mixtos, se
integren en la corresponsabilidad del trabajo a favor de la equidad de género, en una
plataforma común de mujeres y hombres.
Lo anterior tiene algunas implicaciones políticas importantes respecto al trabajo opera-
tivo con los hombres. Ya no se trata tanto de esperar que los pequeños grupos de hom-
bres vayan conformando un movimiento social más amplio que converja en algún mo-
mento futuro con el de las mujeres en el avance hacia la equidad de género, sino de es-
tablecer alianzas con todos aquellos hombres sensibilizados en mayor o menor grado
por la experiencia y/o el cambio cultural que existe ya sobre materia de género. Cierta-
mente, es muy posible que un gran número de estos hombres se encuentren sobre todo
en los espacios mixtos y no tanto en los pequeños grupos que trabajan sobre la masculi-
nidad.
Puede afirmarse que la democracia de género en tanto nuevo paradigma no refiere tanto
al pasado sino que se establece principalmente de cara al futuro. En tal sentido, supone
una ruptura definitiva con la vieja tesis de que lo que hay que superar es el déficit de las
mujeres en comparación con los hombres. El problema ya no es lograr que las mujeres
se pongan al nivel de los hombres, como si ellas tuvieran que asociarse a los parámetros
masculinos y los hombres no tuvieran nada que modificar. En el fondo, el viejo para-
digma basado en la necesidad de superar los déficits de las mujeres supone, por un lado,
desconocer el alcance de los cambios socioculturales impulsados por las mujeres, por
otro lado, mantener de una forma u otra la visión androcéntrica de la sociedad.
En el fondo, el nuevo paradigma de la democracia de género significa un acercamiento
entre los fines y los medios. Si el fin consiste en conseguir la corresponsabilidad de mu-
jeres y hombres en los espacios públicos y privados, (siempre nutriéndose de la diversi-
dad que ello supone); el medio consiste en crear las condiciones para que el propio
avance hacia la equidad de género sea también cada vez más una corresponsabilidad de
mujeres y hombres.
En términos políticos, ello significa que los avances de las mujeres y su conciencia en
términos de género tienen que darse, a partir de ahora, al mismo tiempo que se persigue
la inclusión progresiva de los hombres en el avance hacia un nuevo trato más equitativo
entre los géneros y en la mejora de su grado de conciencia sobre su propia identidad de
género (masculina) y los cambios que esta identidad necesita. Ello no significa la nece-
sidad de esperar a que se de un paralelismo perfecto y un nivel semejante de conciencia
en mujeres y en hombres. Significa que las acciones y las políticas para la equidad de
género dejen de dirigirse sólo a las mujeres para enfocarse también en los hombres y,
sobre todo, a las relaciones entre los géneros.
La experiencia concreta de la aplicación de la democracia de género, sobre todo a partir
de la Fundación Heinrich Böll, es que esta estrategia trabaja tanto en el plano de los
comportamientos individuales como en el cambio de las condiciones estructurales de las
relaciones de poder. La democracia de género busca la transformación más integral de
la naturaleza y dinámica de las organizaciones, actuando a nivel estratégico y estructural
y convocando para ello a todos, hombres y mujeres que trabajan en la organización. Ya
no se trata, por tanto, de fortalecer grupos de mujeres al interior de las organizaciones
Aplicando la democracia de género
13

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mixtas, para arrancar reivindicaciones de género (regularmente frente a los hombres),
sino de fortalecer la posición de las mujeres, para incluir a mujeres y hombres en la ta-
rea común de establecer una política de género de la organización misma.
Ahora bien, el énfasis en la perspectiva género-inclusiva de la democracia de género
también puede ser fuente de riesgos. En efecto, esta visión amplia obliga a un mayor
rigor diagnóstico y propositivo, puesto que, sin ese rigor, la ampliación del menú de
opciones operativas puede concluir en ausencia de criterios de prioridad, confundiendo
urgencias y posibilidades. Intentar impulsar una gran cantidad de instrumentos al mismo
tiempo, cuando no hay condiciones para ello, puede dar lugar a la confusión operativa.
Por eso es necesario subrayar que la democracia de género no puede significar un menor
rigor en el compromiso hacia la equidad de género, ni una menor exigencia en la calidad
técnica, sino que demanda todo lo contrario, porque, en caso opuesto, corre el riesgo de
disolución tan conocido con la transversalidad, que siendo un criterio necesario, cuando
se aplica ligeramente deja de existir en realidad.
La otra debilidad de esta orientación emergente es que todavía es utilizada con signifi-
cados diferentes. Por un lado, es frecuente identificarla con actuaciones parciales o es-
pecíficas de las políticas de equidad de género. La más frecuente es la que piensa que la
democracia de género es una forma más rigurosa de enfocar la temática de género en el
ámbito de los sistemas políticos; es decir, se trataría de un enfoque referido a la partici-
pación política de las mujeres y a las determinaciones de género de las democracias
existentes. Y ciertamente, este campo forma parte de la estrategia de la democracia de
género, pero sólo es un campo entre otros. otra visión parcial de la democracia de géne-
ro es la que la relaciona con determinados cortes operativos, los más frecuentes la trans-
versalidad y el gender mainstreaming. Este asunto será tratado más adelante.
Por otro lado, existe la tensión entre su significado como estrategia y como meta final.
Cuando se usa como fin, la democracia de género no tiene una diferencia sustancial con
la equidad de género: la situación a alcanzar es la misma en ambos casos
5
. Ahora bien,
cuando se usa como una estrategia política de género para llegar a esa situación, adquie-
re una mayor especificidad, que hace de ella una propuesta diferente a las otras aquí
analizadas. Ciertamente, existe una tendencia, como ya se apuntó, a no diferenciar estra-
tegias por el hecho de que todas comparten parcialmente perspectivas o instrumentos
operativos. Pero esa tendencia confunde lo que puede ser una política de alianzas entre
sectores o grupos con estrategias distintas, algo que suele ser constructivo, con lo que es
la clarificación saludable de cada eje estratégico. En efecto, la democracia de género
puede ser aplicada en un contexto determinado, donde sea necesario un fuerte trabajo de
empoderamiento de las mujeres, pero ello no significa que pierda de vista otros aspectos
estructurales y relacionales de dicho contexto, porque no hace del empoderamiento su
enfoque ni su herramienta privilegiada (ello, como se dijo, depende del contexto). Por el
5
La equidad de género se refiere a la distribución justa de derechos, oportunidades, recursos, responsabi-
lidades, tareas, etc. entre los géneros respetando las diferencias entre mujeres y hombres. La democracia
de género se refiere a lo mismo: la participación de personas diferentes con los mismos derechos. El tér-
mino implica además diálogo, información, negociación y acuerdos entre ambas partes en base a sus
intereses comunes y diferentes. Una ventaja de la “democracia de género” como meta final puede ser su
utilidad para convocar a muchos sectores hacia un amplio consenso, dado que nadie quiere ser antidemo-
crático. Sin embargo, en términos de contenido y objetivo, quiere alcanzar lo mismo que la equidad de
género.
Aplicando la democracia de género
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contrario, en la estrategia del empoderamiento difícilmente puede pensarse que se inte-
gren acciones sustantivas dirigidas a la condición de género de los varones.
Probablemente, la mayor debilidad de la democracia de género es precisamente el hecho
de ser una propuesta naciente, con poca implementación todavía y, sobre todo, débil
sistematización de experiencias. Ello guarda relación con su recepción entre los actores
que trabajan esta temática y, sobre todo, con el movimiento de mujeres. En efecto, por
más coherencia interna que tenga la propuesta, si una proporción significativa de grupos
de mujeres no la toman en cuenta o directamente la rechazan, su avance entre sectores
mixtos, poderes públicos o agencias de cooperación será más lento y tendrá mayor ries-
go de ser algo difuminado, como ya se vio anteriormente. En este sentido, la democracia
de género es todavía una apuesta, cuya suerte depende en buena medida de cómo en-
frente el movimiento de mujeres su cambio paradigmático.
Por esa razón, el tema de su sistematización práctica resulta relevante. El ejemplo de
una experiencia referida por una representante de un grupo de mujeres en El Salvador
podría ser ilustrativo. El trabajo de este grupo se concentró en varias comunidades de
una zona rural afectada por los terremotos de febrero del 2001, principalmente en temas
de reconstrucción y atendiendo fundamentalmente a las mujeres. Cuando apareció el
tema de la violencia doméstica en las comunidades, el grupo acudió a tácticas de empo-
deramiento de las mujeres, pero su percepción es que los niveles no se reducían o inclu-
so aumentaban. Como se trataba de una población no muy numerosa, se probó con una
intervención dirigida hacia los hombres y en particular hacia los ofensores, con el resul-
tado apreciable de que los niveles de violencia tendieron a disminuir. Ante esta situa-
ción, la agencia internacional que apoyaba la organización de mujeres ofreció de inme-
diato mayores recursos para continuar en esta línea. Ello colocó en un dilema a la propia
organización de mujeres: como era posible que partiendo de una decisión de trabajar
con las mujeres, tuviera ahora que actuar con el conjunto de la población. La solución
encontrada fue tratar el asunto con las autoridades municipales. Tras negociaciones en-
tre las distintas partes la municipalidad aceptó a hacerse cargo de la problemática de la
violencia intrafamiliar, siempre monitoreada por el grupo de mujeres. Al concluir el
relato sobre esta experiencia, la representante del grupo de mujeres se preguntaba si no
estarían desarrollando una estrategia de democracia de género antes de haber escuchado
de esa propuesta sistematizadamente. Este ejemplo muestra claramente que la sistemati-
zación de experiencias que corresponden a una orientación de democracia de género
facilitaría su comprensión y discusión entre los grupos y entidades que trabajan en asun-
tos de género.
Aplicando la democracia de género
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ESTRATEGIAS: ENFOQUES E INSTRUMENTOS
Empoderamiento de las
Mujeres
Igualdad de Oportuni-
dades/ Equidad de Gé-
nero
Democracia de Género
ENFOQUE
Situación y condición de
las mujeres
Potencialidad de las
mujeres para el cambio
Empoderamiento indi-
vidual y colectivo
Situación y condición de
las mujeres
Análisis y comparación
entre géneros
Relaciones de género
más equitativas
Igualdad/equidad entre
mujeres y hombres
Situación y condición de
mujeres y hombres
Convoca y corresponsa-
biliza al conjunto de la
sociedad
Cambio en las estruc-
turas y en la identidad
de género de mujeres y
hombres
Relaciones democráticas
de género en lo inter-
personal, laboral, fami-
liar y político
INSTRUMENTOS
Talleres de autocon-
ciencia
Talleres de autoestima
Promoción de control
sobre su sexualidad y
salud reproductiva
Promoción de autono-
mía personal y econó-
mica
Redes contra la violen-
cia de género
Conquista de espacios
de poder por mujeres
Análisis de género
Acciones afirmativas a
favor de las mujeres
Planes de Igualdad de
Oportunidades
Información y sensibili-
zación de los hombres
Mainstreaming mujeres
y género a nivel institu-
cional estatal y de polí-
ticas sociales
Genderbudgeting
Análisis de género
holístico
Acciones diferenciadas
para mujeres y hombres
en espacios separados y
mixtos
Promoción de diálogo y
negociación entre los
géneros
Normativa de corres-
ponsabilidad de hom-
bres y mujeres
Redistribución de recur-
sos y del cuidado social
Compatibilización de
mundos público/laboral
y privado/familiar
Mainstreaming género-
inclusivo
Campañas de cambio
cultural para el conjunto
de la sociedad
Aplicando la democracia de género
16

Page 17
4.
El método de gender mainstreaming
El hecho de que se haya desarrollado una preocupación creciente por asegurar la inte-
gración de la perspectiva de género en las políticas generales de una forma sistemática
(y no de manera puntual como había sucedido con frecuencia), ha extendido notable-
mente la propuesta metodológica del gender mainstreaming. De hecho, en la Unión Eu-
ropea y buena parte de sus Estados miembros, cuando se plantea la temática de género –
desde mediados de los años noventa- se asocia irremediablemente con la idea del gender
mainstreaming; el propio Consejo de Europa en su recomendación general sobre la ma-
teria(1998)
6
afirma estar: “convencido de que una de las principales estrategias para
alcanzar la igualdad efectiva entre mujeres y hombres es el gender mainstreaming”. Sin
embargo, la enorme extensión del uso del término, no siempre ha ido acompañada de
una claridad similar en cuanto a su naturaleza. Por eso tiene sentido mencionarlo en este
espacio de introducción conceptual sobre estrategias, entre otras razones, para tratar de
identificar si puede considerarse o no una estrategia propiamente dicha.
Un punto de partida sería aclarar la voz idiomática, tan radicalmente anglosajona que
difícilmente soporta una traducción adecuada, por lo que tiende a utilizarse en su idioma
original (ingles). Con frecuencia se ha traducido como transversalización, una idea algo
anterior y que no corresponde con precisión a la voz original. En efecto, la transversali-
zación del enfoque de género es algo que procede de los años ochenta, en relación con
el debate de políticas específicas o integración del género en todas las políticas. La voz
gender mainstreaming, extendida desde fines de los ochenta, no significa exactamente
transversalización, sino incorporación de la perspectiva de género en la corriente prin-
cipal de una entidad o proceso. Así, mientras la transversalización convoca a la incorpo-
ración sistemática de una temática (género en este caso) en todos los componentes de
una estructura, el gender mainstreaming busca asegurar que dicha temática se incorpore
en la matriz estructural, en el corazón de una acción pública, por ejemplo, sin que ello
tenga que significar necesariamente que esté incorporada en cada componente a un
mismo nivel. Por eso tiene una connotación estratégica, aunque sea fundamentalmente
un método.
En efecto, lo que regularmente se entiende por una orientación estratégica o un enfoque
estratégico, incorpora desde una mirada conceptual, hasta su consiguiente desarrollo
operativo, que suele incluir método y herramientas. Ello ha sido posible encontrarlo en
cada una de las propuestas aquí examinadas anteriormente. Sin embargo, el gender
mainstreaming carece de una perspectiva conceptual propia, aunque tampoco sea una
simple herramienta.
Respecto del punto de vista conceptual, lo que suele suceder con el gender mainstrea-
ming es que sea asociado a una determinada estrategia. Así, en la Unión Europea se
asocia permanentemente a la igualdad de oportunidades, pero también es posible obser-
var, en la Fundación Heinrich Boell por ejemplo, quienes la asocien a la democracia de
género. Ciertamente, es mas infrecuente que quienes proponen el empoderamiento co-
mo una estrategia y no sólo como un componente, asocien esta orientación con el gen-
der mainstreaming; mas bien de este sector es que surgen las principales críticas a este
método. La razón de lo anterior no es difícil de señalar: en efecto, el gender mainstrea-
ming supone un cruce temático efectivo entre la perspectiva de género y el resto de los
6
Consejo Europeo, Recomendación No. R. (98) 14, del 7 de Octubre de 1998
Aplicando la democracia de género
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temas o políticas que componen la vida social, algo que se asocia mucho más con pers-
pectivas de género que enfocan al conjunto social, que con otras que enfocan fundamen-
talmente a las mujeres.
Así, en un intento de definición realizado desde la Unión Europea
7
, no por casualidad
referido a la incorporación de la igualdad de oportunidades en las políticas de la Comu-
nidad, se afirma: “Gender mainstreaming incorpora no sólo esfuerzos restringidos a la
promoción de la igualdad mediante la implementación de medidas específicas de apoyo
a las mujeres, sino que refiere a la movilización de las políticas y las acciones específi-
cas hacia el propósito de alcanzar la igualdad, mediante la activa y abierta toma en con-
sideración desde la fase de planificación de los posibles efectos sobre la situación tanto
de hombres como de mujeres (perspectiva de género).”
Sin embargo, la cuestión es que puede incorporarse la temática de género en la matriz
estratégica de una política de salud, por ejemplo, con lo que se estaría realizando gender
mainstreaming y hacerlo con una convocatoria instrumental hacia los hombres o una
débil visión relacional, con lo que se seguiría en la contradicción característica de las
tradicionales políticas de igualdad de oportunidades, o bien, podría hacerse con una
convocatoria política de los hombres en el sentido de su participación y co-
responsabilidad, en el contexto en una visión relacional, con lo cual se estaría impulsan-
do una estrategia de democracia de género. Incluso, aunque haya una menor convergen-
cia con la orientación del empoderamiento, también es teóricamente posible tratar de
incorporar solo medidas de empoderamiento de las mujeres en el corazón de una deter-
minada política, aunque entonces fuera difícil obtener ese cruce temático género-
inclusivo hacia el que tiende el método de gender mainstreaming.
En suma, el gender mainstreaming es un método que puede ser utilizado desde distintas
estratégias, aunque sea cierto que tiene más consonancia con unas que con otras. De
hecho, como se ha señalado, uno de los manuales sobre gender mainstreaming más ac-
tuales, el elaborado por el PNUD en 2001, muestra el abanico de perspectivas estratégi-
cas que pueden utilizarse con este método. Sin embargo, tampoco se trata de una simple
herramienta, como se presenta en ocasiones, porque contiene un procesamiento más
complejo. Podría afirmarse que, en términos operativos, resulta como un computador o
un automóvil, que no son instrumentos simples, pero que necesitan de orientación y
operación para mostrar su utilidad estratégica.
Las críticas que se hacen al gender mainstreaming, muchas veces envueltas en confu-
siones acerca de su naturaleza, se mueven en dos direcciones principales. La primera,
refiere al hecho de que la incorporación de la temática de género a una corriente princi-
pal (institucional o de políticas) puede tener el riesgo de hacerse por agregación, sin
modificar la orientación de ese mainstream (corriente principal). Esta crítica se hace con
frecuencia desde quienes prefieren el enfoque del empoderamiento en dos sentidos: Por
una parte, refiriéndose a la no modificación de los contenidos de este mainstream y, por
la otra, señalando que generalmente esos contenidos suelen inscribirse en una perspecti-
va patriarcal (por lo que hablan del “malestream” para descalificarla).
La otra dirección en que se mueven las críticas al mainstreaming se refiere al hecho de
que en muchas definiciones del mismo se enfatiza la necesidad de una visión género-
7
"Incorporating equal opportunities for women and men into all Community policies and activities"
(COM(96)67final)
Aplicando la democracia de género
18

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inclusiva y no solo referida a las mujeres. Se apunta pues a riesgo de que las necesida-
des de las mujeres pierdan relevancia y, para evitarlo, se proponen fórmulas compensa-
torias como la de que el women mainstreaming es tan importante como el gender mains-
treaming.
Ciertamente, ambos tipos de críticas no refieren necesariamente al mainstreaming en
tanto método. La primera, porque se refiere en realidad a un uso deficitario del gender
mainstreaming, en el sentido de que no se logra un verdadero cruce entre la temática de
género y la temática del mainstream que se relacione (institucional o de políticas). Des-
de luego, sobre todo en el contexto de la Unión Europea, aparecen muchas críticas sobre
este método que apuntan en realidad a un mal uso del mismo o a su débil puesta en
práctica. En cuanto a la segunda crítica, como se ha visto no se trata en realidad de nin-
guna crítica específica al método del gender mainstreaming, sino que refleja una pre-
ocupación y en muchas ocasiones una resistencia a la necesidad de pasar a una perspec-
tiva género-inclusiva que no se centre únicamente en las mujeres. Esto nos remite al
debate sobre estrategias y paradigmas que están encarando aquellas entidades, grupos y
sectores preocupados por el avance efectivo hacia la equidad de género.
Aplicando la democracia de género
19

Page 20
II. LOS MANUALES DE GÉNERO DESDE LA PERSPECTIVA
DE DEMOCRACIA DE GÉNERO
Algunas advertencias a modo de introducción
En este apartado se analizará una cantidad de manuales producidos en América Latina y
otros continentes con los enfoques de género presentados en la primera parte del presen-
te estudio. Esta segunda parte tiene el objetivo de identificar la utilidad de los manuales
producidos por otras instituciones para la Fundación Heinrich Böll en general, y en par-
ticular para la planificación y evaluación de proyectos con perspectiva de género. Tam-
bién se identifican algunos aspectos útiles para el enfoque de la democracia de género
para avanzar en la elaboración de instrumentos nuevos en base al material ya existente.
Esta parte no tiene la finalidad de hacer una crítica a las publicaciones de otras institu-
ciones, sino de tomarle el pulso a las orientaciones de los enfoques conceptuales y ope-
rativos para el enfoque de género a nivel internacional durante las últimas décadas para
ubicar el enfoque de la democracia de género en este contexto.
Como se ha visto, el cambio de WID a GAD ha significado pasar de especialistas de
género y proyectos específicos con mujeres, a la aplicación de la perspectiva de género
en todas las acciones del desarrollo y la necesidad de transmitir conocimientos necesa-
rios a todo el personal dedicado al desarrollo. La sistematización de experiencias ante-
riores con mujeres y género había demostrado que la modificación de comportamientos,
actitudes, valores y prácticas de género encontraba muchos obstáculos a nivel de las
instituciones de desarrollo y a nivel social en general antes de llegar al nivel de los be-
neficiarios específicos de algunos proyectos. Incluso a veces no se pudo llegar hacia los
mismos beneficiarios con enfoque de género, debido a las resistencias a nivel institucio-
nal.
Todavía a fines de los años ochenta, una excusa que se escuchaba frecuentemente para
no aplicar el enfoque de género, era que faltaban instrumentos para ponerlo en práctica.
Este argumento formaba parte de una estrategia de resistencia más amplia al enfoque de
género desde culturas institucionales masculinas, como en agencias de cooperación, en
ministerios, en ONGs que no pertenecen al movimiento de mujeres o en proyectos de
desarrollo dirigidos a beneficiarios “neutros”. Para enfrentar resistencias y desconoci-
miento, en muchas instituciones las especialistas de género optaron por una estrategia
de sensibilización y capacitación de todo el personal en todos los niveles jerárquicos
institucionales.
Desde mediados de los años 80, se comenzaron a diseñar programas de capacitación del
personal en instituciones y proyectos de desarrollo, y se elaboraron guías para políticas
institucionales con perspectiva de género. Para facilitar la recolección de datos diferen-
ciados por género se desarrollaron marcos y técnicas para el análisis de género. Para
facilitar la aplicación del enfoque de género se elaboraron herramientas e instrumentos
para diferentes niveles, tanto institucionales como de proyectos, de programaciones de
países, a nivel del presupuesto institucional y de proyectos, para diferentes sectores, etc.
Esta búsqueda de “recetas simples” para que cualquier persona con cualquier perfil per-
sonal y profesional pueda integrar “género” a las acciones del desarrollo implica la
creencia que técnicas e instrumentos son capaces de vencer prejuicios sexistas presentes
en culturas institucionales y sistemas cognitivos lo que significa una subestimación de la
Aplicando la democracia de género
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persistencia de modelos discriminatorios de género en los sistemas de incentivos, es-
tructuras de transparencia, procedimientos burocráticos (Goetz 1997: 4)
8
, así como la
falta de voluntad política. También deja a menudo la impresión, que no se necesitan
especialistas de género, y que para trabajar con enfoque de género no se necesita ni cali-
ficación profesional especial, ni recursos humanos, financieros y de tiempo especiales,
etc..
En muchos casos, los instrumentos elaborados inicialmente se habían limitado al ciclo
de proyectos y a la modificación de prácticas de género a nivel de los beneficiarios de
los proyectos, y se habían dirigido mucho menos al nivel institucional y al personal
mismo. Pocos manuales incluían herramientas para otros ámbitos de acción más allá de
la formulación, implementación, administración y evaluación de proyectos para grupos
limitados de beneficiarios bien definidos. Recién en los últimos años, (en nuestra selec-
ción desde 1998), se han producido manuales dirigidos a cambios institucionales.
Adicionalmente, son todavía más recientes los manuales y programas de capacitación
que incluyen instrumentos y procedimientos útiles para el desarrollo de políticas de gé-
nero o para incidir en cambios en el conjunto de la sociedad (en nuestra selección desde
1999).
El peligro de los programas de capacitación y de los manuales consiste en reducir el
tema a una visión simplista y cortoplazista con algunas técnicas y en crear la impresión
que normas, valores, actitudes y comportamientos de género son fácil- y rápidamente
modificables. Sin embargo, concientes de este peligro, un análisis de los manuales exis-
tentes puede ser útil también para la elaboración de nuevos instrumentos de aplicación
del concepto político de la democracia de género, siempre y cuando estos instrumentos
sirvan para complementar una voluntad y comprensión política existente y compartida.
En el caso de la Fundación Heinrich Böll, se trata de una institución excepcional en el
contexto del “mundo del desarrollo”, no solo porque 70 % del personal son mujeres y
hasta hace poco el 50 % del presupuesto para proyectos en países en desarrollo fueron
para mujeres y su movimiento, sino también, porque cuenta con una política institucio-
nal de democracia de género en sus estatutos, que difiere de otros enfoques de género a
nivel internacional por ser más amplio y más político. En vez de un concepto de desa-
rrollo, o de una reivindicación del movimiento de mujeres se trata más bien de un con-
cepto social que no se reduce a determinados grupos de beneficiarios de pequeños pro-
yectos, o al mundo de ONGs que implementan proyectos de desarrollo financiados por
la Fundación Heinrich Böll, sino al conjunto de las sociedades tanto desarrolladas como
en desarrollo.
Sin embargo, a pesar de la cultura institucional diferente de la Fundación Heinrich Böll
en comparación con otras agencias de cooperación al desarrollo – por ser una fundación
política con cercanía a un partido político de un país desarrollado - también a su interior
se puede encontrar resistencia al tema género y al concepto de la democracia de género
del personal masculino y femenino. A esto se agrega que las mejores intenciones y la
mayor voluntad política no son suficientes para garantizar la aplicación automática de la
perspectiva de género que tiende a perderse en la dinámica del trabajo cotidiano. Contar
con instrumentos concretos para aplicar el enfoque de género y la democracia de género
8
Anne Marie Gotees (ed.): Getting Institutions Right for Women in Development, London 1997
Aplicando la democracia de género
21

Page 22
no sólo puede ser útil para combatir el carácter evasivo del tema y lograr una presencia
más sistemática del mismo. Seria recomendable además contar no solo con instrumentos
para el ciclo de proyectos, sino también para el nivel institucional y de la sociedad en
general, por ejemplo para la formación política, para la promoción de la investigación
académica, etc., así como para el diseño de políticas públicas y otras actividades de una
fundación política como la Fundación Heinrich Böll.
Manuales revisados y metodología utilizada
En total se identificaron 68 manuales entre los más conocidos en la región y los más
actuales internacionalmente (ver lista en anexo). Se trata de una identificación al azar de
acuerdo a las colecciones y/o producciones de los autores de este estudio, de muchas
instituciones y en idiomas diferentes (español, inglés y alemán), así como de los manua-
les producidos por la GTZ y la Fundación Ebert durante los últimos años. Si bien una
gran parte de los manuales de la GTZ fueron producidos en América Latina, no todos
tienen este origen, y por lo tanto también se incluyeron manuales de Asia y África, así
como de la central de la GTZ en Frankfurt y en el caso de la Fundación Ebert, un ma-
nual producido en África para su personal a nivel mundial. En realidad, muchos manua-
les producidos en América Latina también se dirigen a destinatarios a nivel mundial,
igual que varios producidos en otros continentes, así que el lugar de publicación de los
manuales no necesariamente indica una relevancia restringida para este lugar. Sin em-
bargo, en algunos casos, los manuales traducidos al español de otros idiomas, plantean
haber sido adaptados también al contexto latinoamericano en sus contenidos.
La mayoría de los manuales identificados fueron publicados en español (38 manuales o
el 56 % del total), de los cuales once, casi la tercera parte, fueron traducidos al español
de otros idiomas y continentes y/o adaptados al español y a la realidad de América Lati-
na (29 %); 16 manuales fueron publicados en inglés y cinco en alemán, algunos de los
últimos con traducción al inglés o al español. La gran mayoría de los manuales, un total
de 53 de los 68 manuales identificados (78 %) fueron publicados por agencias de coope-
ración internacionales, nueve por ONGs o redes de ONGs internacionales y nacionales
(13 %), dos por fundaciones políticas (3 %), un manual por una ONG y una organiza-
ción internacional en conjunto, tres por Ministerios latinoamericanos (4.5 %) y uno por
una universidad norteamericana. La gran cantidad de manuales producidos por agencias
de cooperación internacional para su propio personal y/o para sus contrapartes en países
en desarrollo tiene una serie de causas y consecuencias que analizaremos más adelante.
Entre las ONGs internacionales y nacionales se encuentran Oxfam Inglaterra, Wide
Bruselas, y Flora Tristán de Lima, Perú, así como la Fundación Arias y la UICN de San
José, Costa Rica. Dos manuales fueron elaborados por encargo de la Fundación Frie-
drich Ebert (en inglés y en alemán) y entre las agencias internacionales que hicieron
traducciones de sus manuales al español se encuentran la GTZ, UNIFEM, el Banco
Mundial, FAO, y el Ministerio de Cooperación de Holanda y el Ministerio de Asuntos
Exteriores de Finlandia. Los manuales en inglés fueron producidos por UNIFEM,
UNDP, Banco Mundial, OIT, AID, y FINNIDA. Algunos de estos manuales fueron
producidos en Asia o en África, sin embargo, la mayoría fue elaborada en las centrales
de las agencias internacionales en los EEUU en New York y Washington, en Suiza en
Ginebra, en Finlandia en Helsinki, o en Italia en Roma.
Aplicando la democracia de género
22

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Los manuales fueron publicados durante los últimos trece años y la gran mayoría de
ellos alrededor o después de la IV. Conferencia Internacional de la Mujer en Beijing de
1995. 39 de los 68 manuales identificados fueron publicados entre 1996 y 2001 y entre
ellos 12 son muy actuales del año 2001. Sólo 18 manuales son más antiguos del período
1990 a 1995 y sólo 8 manuales fueron publicados antes de la década de los 90, entre
1988 y 1989.
En el marco de este estudio corto no fue posible analizar desde el concepto de la demo-
cracia de género el contenido completo de todos los 68 manuales identificados. Por lo
tanto, para el análisis más detallado se hizo una selección de los manuales más actuales
y de un uso extendido, que supone un total de 20 (cerca del 30 %). Entre los manuales
seleccionados para un análisis más detallado de los enfoques conceptuales y el desarro-
llo operativo se priorizaron los manuales producidos por la GTZ y la FES, así como
algunos de los más actuales de otras instituciones en América Latina. A modo de ejem-
plo se analizó la consistencia técnica de 9 tomos de la serie “Hacia la Equidad” produ-
cida en 1999 en América Central por UICN/Fundación Arias.
Es importante consignar que ninguno de los manuales revisados en este estudio contiene
de forma explícita el concepto de la democracia de género como tal, con excepción de
algunos documentos producidos de la Fundación Heinrich Böll. Sin embargo, algunos
aunque todavía pocos manuales de otras instituciones contienen elementos en su justifi-
cación o en su desarrollo operativo que se acercan al concepto de la democracia de gé-
nero o se orientan en esa dirección.
Se elaboraron fichas de los 68 manuales identificados con datos básicos sobre el nom-
bre, autores, institución, año, lugar, destinatarios principales, enfoques principales, or-
ganización del contenido y tipo de presentación para obtener una base de datos que faci-
lite la comparación de los diferentes manuales. Además se elaboró otra ficha de clasifi-
cación de conceptos y propuestas operativas para cada uno de los veinte manuales ana-
lizados con mayor detalle. A modo de ejemplos se presentará una visión general de los
enfoques conceptuales y operativos encontrados así como de los aspectos útiles para la
democracia de género.
Aplicando la democracia de género
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Enfoques conceptuales encontrados
a) Justificaciones para el enfoque de género
Se encontró una variedad de justificaciones para usar el enfoque de género, aunque se
trata de una parte débil de muchos manuales. Una de las justificaciones más frecuentes
es la existencia de brechas de género, por ejemplo en el caso del Banco Mundial se hace
referencia a su política que considera que las brechas de género son obstáculos para la
eficiencia y el crecimiento económico y que pueden ser reducidas mediante políticas
públicas. Pero también la red de ONGs de mujeres Wide justifica el enfoque de género
con que en Beijing se demostró que muchas brechas de género existen en contextos di-
ferentes y que los gobiernos son los principales responsables de reducirlos. El rol de las
ONGs es visto principalmente como el seguimiento al cumplimiento de los acuerdos en
la conferencia de Beijing. Por otro lado, existen manuales que justifican el enfoque de
género sólo haciendo referencia a su política institucional, como por ejemplo Oxfam
que menciona su compromiso de combatir la desigualdad de género y el empobreci-
miento de las mujeres.
En los manuales de la GTZ las justificaciones han variado mucho con el tiempo. Mien-
tras algunos no incluyen ninguna justificación (por ejemplo el de la GTZ sobre Género
y cambio en la cultura organizacional, o el Manual sobre Enfoques participativos en la
cooperación técnica con perspectiva de género), otros solo mencionan que la mayoría
de las agencias de cooperación reconoce la importancia de aplicar el enfoque de género
(por ejemplo: género en proyectos de prevención y manejo de conflictos).
Otro manual de la GTZ de 1995 sobre la diferenciación según género en el ciclo del
proyecto, justifica la perspectiva de género con la idea de que durante más de 20 años
de cooperación técnica se puso en evidencia que la participación activa de los/las afec-
tados/as en la identificación y planificación de proyectos constituye un requisito indis-
pensable para la sostenibilidad y eficiencia de proyectos y programas con apoyo exter-
no. El manual que renueva el anterior del año 1999 sobre Género y manejo de proyectos
contiene una justificación muy diferente: se debe trabajar con enfoque de género porque
cuestiona las razones estructurales de la discriminación de género y promueve la igual-
dad de derechos de mujeres y hombres que es un objetivo de la cooperación de desarro-
llo y además un requisito para el desarrollo sostenible. También menciona que mejora la
calidad del trabajo de la GTZ. En cambio, el manual de la GTZ sobre Género y Descen-
tralización cita a IULA (International Union of Local Government Authorities) para la
justificación, según la cual la integración sistemática de mujeres aumenta la base demo-
crática, la eficiencia y la calidad de las acciones de los gobiernos locales. El manual del
proyecto Proequidad de la GTZ en Colombia sobre Asesoría en Planeación y Gestión
del Desarrollo con Perspectiva de Género del año 1995 contiene una justificación ex-
cepcional: plantea que aplicar el enfoque de género no solo es un proceso técnico, sino
también político, y que el logro de la equidad de género incluye una redistribución de
recursos y poder, una negociación de intereses y procesos de transformación para lograr
la equidad entre los géneros lo que supone un cambio en las actitudes y formas cotidia-
nas de actuación por parte de los hombres y de las mujeres.
Uno de los manuales más actuales de la GTZ del año 2001 sobre Acciones de Género en
la GTZ plantea que intereses de mujeres organizadas y agencias multilaterales durante
los años 90 han colocado el tema de la justicia de género en agendas globales y naciona-
Aplicando la democracia de género
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les y menciona las conferencias internacionales y los acuerdos y los convenios interna-
cionales, programas de acción y campañas internacionales así como las guías de la
OECD-DAC. Otro manual de la GTZ del año 2001 sobre Género y Lucha contra la
pobreza en la cooperación técnica plantea que género y lucha contra la pobreza están
interrelacionados, que adquieren cada vez mayor significado en los procesos de refor-
mas estructurales, que están ligados estrechamente con la buena gobernabilidad (good
governance) y que el pasado ha demostrado que el enfoque de género aporta a la efi-
ciencia en organizaciones y sus servicios. Otro manual de GTZ del año 2000 sobre Pla-
nes locales de salud con perspectiva de género indica que se trata de aplicar enfoques
de desarrollo centrados en las personas que buscan potenciar todas sus capacidades y
opciones de desarrollo y disminuir las brechas y desventajas entre hombres y mujeres.
El Manual de la UICN de 1999 sobre Políticas de equidad de género en el medio am-
biente plantea que lograr la equidad y la igualdad entre los géneros es, en la actualidad,
uno de los principios fundamentales e ineludibles para la redefinición de la democracia
y que los movimientos de apertura democrática de justicia social y de derechos huma-
nos han exigido el reconocimiento, la valoración y la participación de las mujeres.
El manual de la FES con herramientas de aplicación del enfoque de género no incluye
una justificación, pero hace referencias indirectas en forma de respuesta a algunos ar-
gumentos de resistencia y plantea que nadie puede oponerse a la democracia y que nadie
puede estar de acuerdo con la discriminación contra las mujeres. También hace referen-
cia directa a la incomodidad de muchos hombres frente al tema género y plantea que los
hombres tienen miedo de perder poder, control e identidad, pero que los hombres tam-
bién tienen responsabilidad de cambiar desigualdades de género y su actitud ante las
mujeres. Incluye además el argumento de que los hombres se dan cuenta que con sus
roles actuales pierden muchas oportunidades, y que también pueden beneficiarse con la
aplicación del concepto porque el mejoramiento significativo de los procesos de comu-
nicación y comprensión entre los géneros también beneficia a los hombres.
El manual del pacto amazónico para diseñar políticas con enfoque de género justifica su
uso para mejorar el conocimiento de la realidad económica, social y cultural de las po-
blaciones rurales de la Amazonía para a partir de esta comprensión de las relaciones de
género, proceder a formular políticas públicas de género para zonas rurales.
En resumen, se puede concluir, que con excepción de muy pocos, la mayoría de los ma-
nuales se limita a una presentación técnica del enfoque de género y no profundiza su
relevancia política.
b) Enfoques conceptuales
Un fenómeno importante que aparece es que una gran cantidad de manuales combinan
varios enfoques conceptuales a la vez, de forma explícita o simplemente de hecho. Esta
situación oscila entre aquellos que parecen optar por un completo eclecticismo concep-
tual, los que combinan dos o tres enfoques y los que presentan un solo enfoque en tér-
minos de orientación estratégica, mas allá de que luego usen herramientas de distinto
tipo.
En general, los manuales se apoyan bastante en la categorías género y equidad de géne-
ro. Todos los manuales que enfocan el empoderamiento de las mujeres, incluyen a nivel
Aplicando la democracia de género
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conceptual el concepto género, hacen referencia a la igualdad de oportunidades para las
mujeres, y varios mencionan el paso del MED al GED. Por otro lado, sobre todo entre
los manuales más actuales se encuentra una tendencia de combinar la igualdad de opor-
tunidades con la equidad de género y en otros casos se incluye el empoderamiento de
las mujeres, la igualdad de oportunidades y la equidad de género. Otros manuales com-
binan la equidad de género con el empoderamiento. De los veinte manuales analizados
en mayor detalle, unos catorce combinan dos enfoques, mientras seis seleccionan solo
uno de los enfoques.
Ahora bien, aunque existen diferencias desde el punto de vista conceptual, puede afir-
marse que en los manuales hay bastante más variación a nivel operativo. Todos los ma-
nuales seleccionados o enfatizan la necesidad de pasar de MED al GED o incluso ya no
mencionan el enfoque MED y todos incluyen la categoría género y la referencia a la
igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres. En general, el énfasis ha cambiado
desde los manuales seleccionados más antiguos que enfocan sobre todo los roles de
hombres y mujeres como actividades que pueden ser analizadas en forma independiente
unas de las otras a un énfasis de relaciones de género entre mujeres, entre hombres y
entre mujeres y hombres para enfocar la dinámica de interacción social. Este traslado de
énfasis se da paralelamente a una tendencia de enfocar el desarrollo en general de una
manera más holística y sistémica.
Así, los enfoques conceptuales encontrados, tanto en los manuales generales como en
aquellos que se refieren a aspectos específicos, son los siguientes:
1. Manuales con enfoque de empoderamiento (ejemplos Oxfam, Wide, UNIFEM:
Autoestima): incluyen conceptos de género, el análisis de género, pero solo inte-
reses, necesidades, y/o vulnerabilidades, de las mujeres. Hacen referencia a la
sensibilidad, la susceptibilidad, la conciencia o la ceguera de género. El énfasis
está puesto en las desigualdades y las desventajas de las mujeres las que justifi-
can medidas compensatorias para ellas. Los manuales que se concentran en el
enfoque del empoderamiento no son producidos en América Latina, sin embar-
go, en algunos manuales de América Latina con enfoque de igualdad/equidad de
género se incluye el enfoque del empoderamiento.
2. Manuales con enfoque de igualdad de oportunidades (ejemplos Banco Mundial:
herramientas para proyectos rurales; FAO: Análisis de Género y Desarrollo
Forestal): ponen énfasis en reducir brechas de género y en aumentar la partici-
pación de las mujeres por razones de eficiencia. Incluyen los conceptos género,
GED, análisis de género, roles de género, necesidades y preferencias de género y
enfatizan que no todas las mujeres tienen los mismos intereses, acciones especí-
ficas o afirmativas para las mujeres. Es muy raro que se incluyan acciones afir-
mativas para hombres.
3. Manuales que responden a la combinación explicita de igualdad y equidad
(ejemplos FES, GTZ): enfatizan las relaciones de género y la igualdad y equidad
de género. Como se vió, esta combinación puede entenderse como una segunda
fase del enfoque de igualdad de oportunidades. El manual de la FES incluye di-
mensiones de género, análisis de género, empoderamiento de individuos, inte-
gración de género, susceptibilidad de género. Varios manuales de la GTZ inclu-
yen una gran variedad de términos, entre ellos dimensiones de género, mains-
Aplicando la democracia de género
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treaming gender, característica “generizada” de instituciones, políticas y prácti-
cas, género como variable de análisis social y categoría de interpretación social,
ciudadanía y democracia, identidades masculinas, acciones positivas o afirmati-
vas, etc.
4. Herramientas elaboradas por la Fundación Heinrich Böll en Berlín y en San Sal-
vador para aplicar la democracia de género, que si bien todavía no fueron publi-
cados en forma de manuales, ya demuestran un inicio del proceso de desarrollo
de instrumentos de la democracia de género:
• en el caso de la central de la Fundación Heinrich Böll en Berlín se elabo-
raron materiales de capacitación para cursos sobre democracia de género
sobre el concepto, la estrategia de aplicación a nivel institucional en la
Fundación Heinrich Böll, en la formación política y en proyectos, con
ejemplos sobre procesos conjuntos de definición de objetivos, indicado-
res, recursos y responsabilidades; así como una esquema de la imagen de
una organización democrática de género, sus políticas de personal, sus
formas de gestión institucional y sus acciones internas y públicas.
• En el caso de la oficina regional de la Fundación Heinrich Böll para Cen-
troamérica en San Salvador se desarrollaron guías para los criterios de
selección de proyectos, para la planificación de proyectos, y para la for-
mulación de proyectos con el enfoque de democracia de género en base
al marco lógico.
Los motivos y los destinatarios principales de los Manuales analizados
Los manuales se han producido por diferentes motivos y para destinatarios variados. La
siguiente tipología de destinatarios y motivos se basa en los postulados de los mismos
manuales:
1. para fortalecer al movimientos de mujeres y aumentar las capacidades de la so-
ciedad civil y para aumentar la autoestima de mujeres y las capacidades de las
organizaciones de base, para el personal de ONGs
2. para diferenciar entre mujeres y hombres en el desarrollo rural, agrícola, medio
ambiente, y recursos naturales, para capacitar a extensionistas, promotores,
campesinas, campesinos y organizaciones comunitarias, personal de sectores
agropecuarios y medioambientales
3. para planificar con perspectiva de género políticas a nivel nacional o municipal y
departamental con funcionarios de oficinas de planificación, autoridades muni-
cipales, alcaldes, gobernadores, asesores técnicos,
4. para planificadores de proyectos de las agencias de cooperación, instituciones
estatales y ONGs
5. para integrar género a nivel financiero para economistas, administadores y con-
tadores,
6. para capacitar a especialistas de género como consultores especializados, exper-
tos, capacitadores, personal de mecanismos gubernamentales o secretarías de la
mujer,
7. para capacitar en género a personal de ministerios o agencias de cooperación de
los países desarrollados, como para world bank task managers, asesores, pro-
Aplicando la democracia de género
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gramadaroes, planificadores y diseñadores de proyectos y personal en general de
agencias ejecutoras y ministerios de cooperación y de relaciones exteriores, de
las embajadas, etc. (en algunos específicamente para familiarizar el personal de
una agencia en particular con su política de género: ejemplos FES, GTZ, Minis-
terio de Cooperación de Holanda, Finnida, Agencia de Desarrollo de Canada
ACDI, etc).
8. para transmitir criterios y métodos de investigación y levantamiento de datos pa-
ra investigadores y docentes universitarios, personal de institutos estadísticos,
etc.
9. para integrar género en sectores específicos o problemáticas específicas como
por ejemplo para la erradicación de la violencia contra la mujer a funcionarios
del poder judicial, la policía y otros sectores estatales, para género en la preven-
ción y el manejo de conflictos, para el personal de ministerios de economía y fi-
nanzas, etc.
En muchos casos, la selección del enfoque conceptual de género está directamente rela-
cionada con la característica organizacional o institucional de los que encargaron la ela-
boración del manual. Hay ONGs que priorizan principalmente a destinatarias mujeres y
al movimiento de mujeres y que por lo tanto escogen el enfoque del empoderamiento,
mientras que las agencias de cooperación tienden a dirigirse a destinatarios mayorita-
riamente hombres tanto al interior de sus propias instituciones como a nivel de los bene-
ficiarios de sus proyectos y por lo tanto tienden o hacia pequeños subproyectos para
mujeres o hacia enfoques de igualdad de oportunidades para mujeres y hombres y/o de
equidad de género.
No deja de llamar la atención el alto porcentaje de manuales producidos por/o por en-
cargo directo de agencias de cooperación internacional. Este hecho influye no sólo en
los enfoques de género seleccionados, sino también en la tendencia hacia el carácter
instrumental de la orientación de los manuales, en el sentido de que se relacionan con
los objetivos y resultados buscados por los programas impulsados por cada agencia, lo
cual no garantiza una visión crítica sobre la calidad conceptual y operativa de los ma-
nuales. Por un lado, las agencias de cooperación están tratando de demostrar que están
cumpliendo con sus compromisos adquiridos con acuerdos y convenios internacionales
sobre mujeres y equidad de género. Sin embargo, por el otro lado es importante tener
claridad de que la cantidad de manuales de género producidos por una agencia de co-
operación determinada no necesariamente refleja el grado de aplicación del enfoque a su
interior y/o en las acciones de la propia agencia. Los manuales producidos pueden gene-
rar la impresión de una gran sensibilidad al género de una agencia determinada, cuando
en realidad se trata de la única acción en esta temática sin que los buenos consejos nece-
sariamente se apliquen por la propia institución. Y solo muy pocos manuales reflejan la
resistencia al interior de la propia agencia (una de estas excepciones es el manual de la
FES). Por otro lado, los manuales de cooperación internacional pueden crear resisten-
cias porque dejan la impresión de una voluntad de imposición de conceptos desde el
exterior, argumento que se escucha con frecuencia en círculos con resistencia a la pers-
pectiva de género en América Latina.
Parece que debido tanto a resistencias encontradas entre contrapartes como debido a
problemas de aplicación del enfoque de género en sus propias instituciones, en el caso
de la OECD-DAC que ha creado un grupo de trabajo de las agencias de cooperación
internacionales sobre la equidad de género, sus “guidelines for gender equality and wo-
Aplicando la democracia de género
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mens’ empowerment en development cooperation” subrayan que “la responsabilidad
principal para estrategias de desarrollo y igualdad de género es de las contrapartes (tanto
de los gobiernos como de la gente). Además postula: “Los miembros de DAC solo po-
drán apoyar a los esfuerzos de las contrapartes si sus propias políticas y procedimientos
reflejan una preocupación real por la promoción de la igualdad de género y el empode-
ramiento de la mujer”.
Sin embargo, es importante reconocer que las agencias de cooperación se encuentran en
una posición privilegiada en comparación con otros agentes de desarrollo a nivel de
contrapartes, como ONGs, Ministerios o centros académicos: tienen mayor acceso a
información para la sistematización de experiencias con la aplicación del enfoque de
género en las acciones de desarrollo, sobre enfoques y tendencias nuevas en diferentes
continentes del mundo, o sobre las acciones de sus contrapartes en diferentes contextos
que permite hacer comparaciones. Además, son sobre todo las agencias internacionales
de cooperación al desarrollo quienes tienen la capacidad financiera para procesos de
sistematización, de capacitación conceptual, metodológica y de diseño de manuales.
Cobertura temática, sectorial, metodológica y operativa de los Manua-
les
Mientras que una parte de los Manuales enfocan la equidad de género en general (varios
de ellos con muchos tomos o tamaños muy extensos, ejemplo: UICN/ARIAS: Serie
hacia la equidad; GTZ: herramientas para construir equidad entre mujeres y hombres),
muchos seleccionan una temática, metodología, un sector o aspecto operativo específi-
co. En estos casos, los enfoques conceptuales son mucho más extensos y ambiciosos
que la parte operativa, que no desarrolla todos los aspectos conceptuales. La siguiente es
una caracterización de los Manuales que sólo enfocan aspectos específicos:
Manuales para gender mainstreaming (ejemplos: UNDP: Paquetes de aprendizaje e
información para gender mainstreaming, OIT: Guía para capacitación en género para
promover el mainstreaming, UNIFEM: Construir capacidades para el gender mains-
treaming en el desarrollo, FES: Practicar género, el libro de herramientas, GTZ: Gé-
nero y cambio en la cultura organizacional). Se trata de programas de capacitación en
forma de manuales que priorizan los niveles institucionales y planifican actividades con
perspectiva de género así como la capacitación del personal con instrumentos a ser utili-
zados por el mismo personal. Algunos solo incluyen a las organizaciones o instituciones
contrapartes y no a la agencia de cooperación o al Ministerio mismo. Otros se limitan
solo a la agencia de cooperación y no incluyen a contrapartes o beneficiarios. Los enfo-
ques del mainstreaming varían: en unos casos se trata de asegurar que se incluyan muje-
res y se entiende que así se lograra mejorar los resultados (la eficiencia) del mainstream.
En otros casos se plantea la necesidad de modificar la dirección del mainstream median-
te la toma en cuenta en forma sistemática de las perspectivas femeninas y masculinas.
En unos casos el mainstream es presentado como si fuera equivalente a la perspectiva
masculina (también llamado “malestream”), mientras que en otros casos se incluye la
posibilidad de perspectivas masculinas alternativas al mainstream. En los manuales para
gender mainstreaming se observa la tendencia de poner énfasis en el enfoque de la
igualdad de oportunidades.
Manuales para el análisis de género y la investigación que incluyen género como cate-
goría social de análisis (ejemplos: FINNIDA: Guía para análisis de género, IDCR:
Aplicando la democracia de género
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Guía para integrar análisis de género en investigación sobre biodiversidad, y La varia-
ble género en la investigación agrícola, ECOGEN: Manejo sostenible de recursos, Mi-
nisterio de Cooperación de Holanda: Diagnóstico de género para preparación de pro-
yectos, y Estudios de valoración de género, FAO: Análisis socioeconómico y género).
Muchos se limitan a ofrecer instrumentos para levantar datos, pocos brindan apoyo para
interpretarlos. Aún menos frecuente es el paso de la incorporación de los resultados del
análisis en las acciones de desarrollo posteriores.
Manuales para diseñar políticas de género (ejemplos: UICN: Políticas medio ambienta-
les con género, SEPSA: Género, políticas públicas y desarrollo rural sostenible, GTZ:
Planes de desarrollo con equidad; Planes locales de salud con equidad de género; Des-
centralización y género; Desarrollo territorial con equidad, Pacto Amazónico: Guía
para el diseño de políticas de desarrollo con enfoque de género), que se limitan al pro-
ceso de planificación y no abarcan el ciclo de la ejecución, monitoreo, evaluación, me-
dición de impacto, etc.
Manuales que enfatizan el nivel de proyectos para planificar o evaluar proyectos con
perspectiva de género (ASDI: Evaluación, IICA: Identificación y formulación de pro-
yectos de desarrollo agrícola/rural, CEPAL: Guía para planificación de programas y
proyectos, Comisión Europea: Ciclo del proyecto, Fundación Interamericana: Evalua-
ción de proyectos, GTZ: diferenciación de género en el ciclo del proyecto, GTZ: Géne-
ro y manejo de proyectos, SERNAM Chile: Análisis diferencial de género en el diseño
y evaluación de programas sociales, CMF Costa Rica: La planificación con perspectiva
de género). Estos manuales no incluyen los niveles institucionales y tienden a enfatizan
los cambios solo a nivel de los beneficiarios.
Manuales que enfatizan el nivel de los beneficiarios con procesos participativos con
enfoque de género (GTZ: Enfoques participativos sensibles al género, FAO: Proyectos
rurales y forestales participativos, Ministerio de Asuntos Exteriores de Finlandia: Ex-
plorando género para el desarrollo participativo). Estos manuales ponen énfasis en
métodos para levantar datos diferenciados por género, diseñar los proyectos y trabajar
con enfoque de género en procesos largos en conjunto con mujeres y hombres benefi-
ciarios. Tienden a poner más énfasis en la comparación de la situación de mujeres y
hombres y en las brechas de género que en los aspectos relacionales entre mujeres y
hombres.
Consistencia técnica de los Manuales analizados
Como ya se ha mencionado, en cuanto a la parte de los manuales sobre sectores, temas,
aspectos operativos o metodológicos específicos, aún cuando sólo se toman en cuenta
los sectores o niveles específicos priorizados por cada manual, en muchos casos las pro-
puestas operativas no responden al conjunto de los enfoques conceptuales selecciona-
dos. Por ejemplo, es bastante frecuente encontrar la insistencia a nivel conceptual de
incluir a los hombres pero a nivel operativo solo se incluyen mujeres. También se puede
encontrar una terminología con significados diferentes, de acuerdo a cada manual espe-
cífico, y a veces incluso con diferentes sentidos al interior de un mismo manual. En el
caso de los manuales con énfasis sectoriales o temáticos no siempre se logra vincular
convincentemente la equidad de género con el tema sectorial. A veces se pone más én-
fasis en el tema específico que en la perspectiva de género, o viceversa. Por otro lado,
Aplicando la democracia de género
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en el caso de los manuales participativos, se constata con frecuencia mayor preocupa-
ción por la propuesta pedagógica que por la aplicación coherente del enfoque de género.
Como se ha podido apreciar, sobre todo los manuales más actuales son los que toman en
cuenta las relaciones de género, aunque estas no siempre son percibidas de una manera
coincidente. En algunos casos son descritas como jerárquicas y como relaciones de po-
der en las que las mujeres por principio están en desventaja. En otros casos las relacio-
nes de género son descritas como relaciones que pueden ser jerárquicas, pero también
pueden ser más horizontales, de cooperación, o de interdependencia.
Enfocar las relaciones de género necesariamente significa incluir más a los hombres.
Mientras que los manuales de empoderamiento y de igualdad de oportunidades en su
gran mayoría se limitan a priorizar a las mujeres y solamente consideran acciones de
sensibilización a los hombres sobre la situación de las mujeres y las brechas de género,
en algunos manuales más actuales se pueden encontrar también otras formas de incluir a
los hombres.
En algunos manuales con enfoque de igualdad de oportunidades se plantea acciones
para mujeres y hombres. No siempre se define si se recomienda su implementación por
separado o en conjunto (en siete manuales no se especifica), en otros once se recomien-
da procesos por separado pero con los mismos contenidos, antes de trabajar en conjunto.
En algunos manuales (siete en total) que combinan la igualdad de oportunidades con la
equidad de género se recomiendan además algunas acciones específicas para hombres
sobre identidades masculinas o masculinidad. Un manual plantea incluso la posibilidad
del empoderamiento de los hombres en actividades no tradicionales. Sin embargo, no se
incluyen ejemplos para instrumentos y técnicas concretos.
Aún son pocos los manuales con enfoque de igualdad y equidad (tres en total de los
analizados) con tanta coherencia a nivel operativo como para plantear también la nece-
sidad de convocar a hombres para la equidad de género o para ganarlos como aliados.
Tampoco incluyen ejemplos para técnicas e instrumentos concretos. Sin embargo, cinco
manuales analizados plantean la necesidad de promover la corresponsabilidad de los
hombres, o el diálogo entre los géneros, de hacer pactos de género, o de capacitar a mu-
jeres y hombres en procesos de negociación y manejo de conflictos. Dos manuales plan-
tean también la necesidad de promover relaciones democráticas entre mujeres y/o entre
hombres. En tres manuales se incluye la necesidad de liderazgos y de formas de manejo
de poder más democráticas entre mujeres y/o entre hombres.
La orientación conceptual de los manuales depende de la política institucional de cada
agencia, ONG, Ministerio u organismo y también de los niveles y destinatarios selec-
cionados. El nombre Manual pareciera implicar un alto grado de desarrollo operativo de
cada uno de los conceptos utilizados. Sin embargo, se pudo constatar, que el desarrollo
operativo varía considerablemente entre los diferentes Manuales. En algunos casos, todo
el Manual se limita a la clarificación conceptual. En otros casos, los Manuales reflejan
procesos de aplicación de herramientas e instrumentos con los principales destinatarios
así como una retroalimentación en base a las experiencias. Sin embargo, en su mayoría
los Manuales reproducen o adaptan técnicas o herramientas de otros Manuales anterio-
res a sectores específicos, a destinatarios seleccionados y a políticas institucionales es-
pecíficas, sin explicitar los resultados de procesos de aplicación.
Aplicando la democracia de género
31

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Se puede decir que a mayor nivel de complejidad a nivel conceptual, mayor dificultad a
mantener coherencia a nivel operativo. Cuando el enfoque conceptual es más amplio, el
nivel operativo se vuelve más ambicioso con la consecuente dificultad de priorizar y
seleccionar estrategias y acciones prioritarias. Cuando el enfoque conceptual es muy
amplio, es difícil aplicarlo por completo en la realidad. En este caso es necesario optar
por la aplicación de un enfoque, un sector o hacia un nivel de acción (o proyectos, o
beneficiarios, o personal e instituciones, o políticas, etc.)
La consistencia técnica de los Manuales es mayor, cuando se opta por un solo enfoque
conceptual de género, y cuando este enfoque conceptual cuenta con un desarrollo opera-
tivo coherente al ámbito y destinatarios definidos. Esa es la ventaja, por ejemplo, de los
manuales que enfatizan el empoderamiento y se dirigen sólo al nivel de las beneficiarias
y a mujeres en ONGs de mujeres para aplicarlos. En este caso, todas las acciones son
para aumentar las capacidades de las mujeres y de su movimiento, de tal manera que se
puede abarcar todo un ciclo de proyecto, o todo un programa de seguimiento a la plata-
forma de Beijing en un solo Manual, aunque tenga varios tomos (ejemplo Oxfam). Sin
embargo, muy pocos y cada vez menos manuales se limitan a un solo enfoque concep-
tual.
En el caso de los manuales con énfasis en la igualdad de oportunidades, las acciones
propuestas a nivel operativo – si bien en varios casos pueden incluir el análisis diferen-
ciado de la situación específica de hombres y mujeres en un ámbito definido, en su gran
mayoría se limitan a acciones afirmativas para mujeres, con lo cual a nivel operativo
proponen sobre todo acciones para compensar las desventajas de las mujeres en relación
a algún sector o tema específico. Al parecer, estos temas son priorizados más por razo-
nes de política o carácter institucional de las agencias de cooperación, que por las nece-
sidades reales de las mujeres y de los hombres destinatarios. Además las acciones pre-
vistas se limitan a modificar las desventajas de las mujeres o a disminuir las brechas de
género e incluyen pocos cambios a nivel de las instituciones ejecutoras mismas. Si se
incluyen cambios metodológicos, estos tienden a ser planteados en relación directa con
el impacto en las mujeres y se orientan principalmente a aumentar su participación y la
eficiencia de las acciones mediante la convocatoria más pronunciada a las mujeres. En
muchos casos el análisis de género solo sirve para confirmar el principio de las mujeres
en desventaja y no se incluye la posibilidad de que en algunos casos también podrían
existir hombres en desventaja. En algunos casos se habla del análisis de género, de ne-
cesidades e intereses de género, pero se pone solo ejemplos de necesidades e intereses
de las mujeres.
Algunos manuales ponen tanto énfasis en el análisis de género que ya no incluyen re-
comendaciones acerca de cómo transformar los resultados específicos en acciones con
enfoque de género. Otros manuales incluyen el nivel operativo del ciclo del proyecto sin
incluir el análisis de género.
Los manuales más actuales tienden a ampliar cada vez más su nivel conceptual inclu-
yendo tanto la igualdad como la equidad de género al mismo tiempo, y en algunos casos
también el empoderamiento de las mujeres o de mujeres y hombres. Plantean además la
necesidad de modificar instituciones, políticas, procedimientos y métodos de trabajo a la
vez que cambios en los beneficiarios mismos, etc. La consecuencia de esta amplitud de
niveles y conceptos es que necesitan de un gran despliegue a nivel operativo, lo que
conduce a una disyuntiva: se elaboran manuales de considerable extensión (con varios
Aplicando la democracia de género
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tomos regularmente) o manuales que se centran en algún tema: el ciclo del proyecto, el
nivel institucional, un sector o tema específico, etc. Lo que si parece que hay evitar es
ese tipo de manual que presenta un gran despliegue conceptual, con frecuencia en el
sentido de mezclar enfoques, y luego muestra una falta de correspondencia en el plano
operativo.
Tendencias y perspectivas
Al analizar los cambios de énfasis y las nuevas tendencias a nivel conceptual y operati-
vo de los manuales seleccionados, se puede constatar una tendencia hacia la adquisición
de lo que, en términos generales, puede denominarse un enfoque genero-inclusivo. Así,
puede apreciarse la orientación hacia la idea de la democratización de las relaciones
entre mujeres y hombres, de las instituciones mediante relaciones más democráticas
entre mujeres y hombres a nivel laboral y con nuevas formas de inclusión de los hom-
bres, así como la promoción del diálogo y de la capacidad de negociar entre los géneros.
Sin embargo, aún falta explicitar y desarrollar mucho más la democracia de género,
tanto a nivel de las justificaciones de la equidad de género, como a nivel conceptual y
operativo.
Aunque algunas justificaciones encontradas para la equidad de género se acercan a la
democracia de género, todavía no llegan a alcanzar este enfoque. Además, la propia
naturaleza de los manuales tiende a enfatizar mucho más los aspectos técnicos que los
políticos, algo que es necesario tomar en consideración para explicitarlo y establecer
acciones compensatorias. Aún falta un mayor desarrollo a nivel conceptual del tipo de
transformaciones requeridas a nivel de la sociedad en su conjunto, a nivel de políticas
por un lado, y a nivel prácticas, normas, valores y comportamientos tanto de mujeres
como de hombres por el otro. También se requiere de un mayor desarrollo de los bene-
ficios para los hombres y de cómo su participación favorece un mayor alcance de la
equidad de género.
Una serie de instrumentos y herramientas de planificación y evaluación, de monitoreo e
impacto incluidos en algunos de los manuales analizados pueden ser adaptados para la
democracia de género. Los diagnósticos de género y el análisis de las dinámicas de
cambio real de las relaciones de género en contextos diferentes por el actual cambio
civilizatorio son muy importantes para la democracia de género, para tomar conciencia
de la realidad, que frecuentemente sobrepasa los preconceptos del enfoque de género de
las desventajas de las mujeres discriminadas y subordinadas.
Solo mediante un esfuerzo mayor por conocer las dinámicas de cambio de las relaciones
de género se podrá responder a situaciones reales de desventaja de mujeres o de hom-
bres, o de algunos sectores de mujeres o hombres. La propuesta de algunos manuales de
recoger tanto para el análisis de género como para la medición de impacto de las accio-
nes de género no sólo datos objetivos sobre la situación de hombres y mujeres, sino
también su valoración subjetiva es importante, así como la idea de recoger las expecta-
tivas de las mujeres acerca de los cambios en los hombres y viceversa.
Algunas técnicas encontradas en los manuales revisados contienen aspectos interesantes
para medir o promover la compatibilidad de las acciones previstas para la vida laboral,
política, doméstica y familiar así como para conocer las limitaciones tanto de hombres
como de mujeres para cumplir con ciertas actividades, o para contar con beneficios, así
Aplicando la democracia de género
33

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como las condiciones necesarias para que mujeres y hombres desarrollen determinadas
actividades, etc.
Aunque muy pocos manuales plantean la problemática de la compatiblidad entre el
mundo laboral, social y familiar, algunas excepciones se pueden rescatar, aunque sin el
desarrollo de procedimientos o instrumentos correspondientes (por ejemplo el módulo 7
de la serie Hacia la Equidad de UICN y la Fundación Arias). Falta avanzar en la elabo-
ración de objetivos, procedimientos e instrumentos para medir o promover la compatibi-
lidad de estas esferas para mujeres y hombres.
En general se encuentra poco énfasis en la necesidad de ambos géneros a aprender a
negociar o a la necesidad de aprender que las propias reivindicaciones no se pueden
imponer tal cual sin modificaciones y de la necesidad de llegar a compromisos acepta-
bles. Tampoco se incluyen herramientas para considerar que los intereses de las mujeres
y de los hombres no son homogéneos, y que hasta pueden ser contradictorios a los inte-
reses de otros. Los manuales incluyen pocas referencias al cambio de procedimientos
institucionales y políticos para avanzar hacia la equidad de género.
Un tema ausente en casi todos los manuales con excepción de los manuales sobre pre-
supuesto de género, es el tema de los recursos financieros y de los aspectos económicos.
Así la equidad de género aparece como tema social.
En algunos manuales no se plantea solo el mainstreaming a nivel institucional como
integración transversal de algunos instrumentos con perspectiva de género. También se
promueve la democratización de las instituciones de desarrollo, de los estilos de poder
entre mujeres y hombres y el cambio de las relaciones laborales, procedimientos, etc.
para democratizar las relaciones de género en el ámbito laboral. Resultan especialmente
interesantes las recomendaciones sobre organigramas institucionales más o menos sen-
sibles al género, así como la recomendación de contar con reglamentos y reglas claras,
así como con canales de comunicación y con jerarquías claras como una medida de ac-
ción afirmativa a favor de la equidad de género (Serie Hacia la Equidad de
UICN/Fundación Arias).
En todo caso, el uso extendido del método del gender mainstreaming presenta todavía
dificultades de clarificación, tanto desde el punto de vista metodológico como desde el
punto de vista conceptual. En el plano metodológico su uso suele polarizarse entre quie-
nes lo identifican con transversalización y quienes realizan una excesiva selección de
aspectos del eje principal, perdiendo con frecuencia el necesario punto de equilibrio que
se necesita al respecto.
Desde el punto de vista conceptual, una de las dificultades iniciales consiste en que se
confunde lo que fundamentalmente es un método con un enfoque estratégico. Cuando se
concibe como método se sabe que es necesario darle una determinada orientación estra-
tégica. Sin embargo, existe una progresiva inclinación a relacionar el gender mains-
treaming con la tendencia creciente hacia los enfoques genero-inclusivos. Por esa razón,
cuando se adopta esa inclinación, puede plantearse –como se hace desde algunos luga-
res en la Fundación Heinrich Böll- que la democracia de género es, en realidad, gender
mainstreaming. A este respecto, conviene recuperar los orígenes: el gender mainstrea-
ming nació del ámbito metodológico, mientras que la democracia de género nació de la
reflexión política feminista. La democracia de género es fundamentalmente una pro-
Aplicando la democracia de género
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puesta política de cambio, que hay que desarrollar metodológicamente y no al revés,
como sucede con el gender mainstreaming. Ciertamente, esto no quiere decir que no
pueda establecerse un consenso entre sectores para decidir que el gender mainstreaming
hay que entenderlo sólo como una estrategia genero-inclusiva. Si esto sucede posible-
mente se habrá avanzado en la dirección de la democracia de género. Pero, de momento
y desde su naturaleza política, la democracia de género tendrá que elegir medios y
herramientas, entre los que podrá incluirse el gender mainstreaming.
Aplicando la democracia de género
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III. CRITERIOS METODOLÓGICOS E INSTRUMENTOS
BÁSICOS
3.1. Criterios metodológicos generales
Como se ha mencionado, en este y los siguientes apartados se abordará el escenario de
lo metodológico y operativo, principalmente en relación con la estrategia de la demo-
cracia de género. El punto de partida en este campo refiere al hecho de que dicha estra-
tegia tiene un desarrollo reciente como propuesta política y aún más incipiente en cuan-
to a su aplicación operativa. Los esfuerzos más conocidos en este sentido se han impul-
sado desde el departamento de democracia de género en la sede de Berlín de la Funda-
ción Heinrich Böll y mas recientemente en su oficina regional para Centroamérica, Cu-
ba y México, ubicada en San Salvador.
Por esta razón, después de examinar el panorama de los manuales y herramientas elabo-
rados desde otras perspectivas y actores, en este estudio se trata de hacer algunas pro-
puestas instrumentales de tipo preliminar, pero sólo en el ámbito de la planificación y
evaluación de proyectos; algo que deja pendiente todo lo referido al desarrollo organi-
zacional y otros aspectos del sistema de programación que pudieran ser necesarios.
Ahora bien, antes de proponer herramientas concretas, parece conveniente apuntar algu-
nos criterios metodológicos generales que facilitan el trabajo de integración de la demo-
cracia de género en el escenario metodológico e instrumental. Los aspectos a considerar
serían: la necesidad de una cultura organizacional general adecuada, el método integral
de aplicación del enfoque de democracia de género y, en cuanto a la planificación de
proyectos, las modalidades de proyectos a ser implementados.
3.1.1. La necesidad de una cultura organizacional adecuada
Dado que el enfoque de democracia de género tiene una tendencia hacia lo holístico,
parece difícil pensar su desarrollo operativo de forma separada del conjunto de los sis-
temas instrumentales de una organización. Dicho claramente, para que la creación de
herramientas para integrar la democracia de género tenga todo el efecto posible en una
organización, es necesario que esa entidad posea una cultura organizacional mínima-
mente desarrollada.
La experiencia de muchas organizaciones y agencias de cooperación, que tratan de in-
cluir el enfoque de género en sus programas y proyectos, es que elaborar herramientas
para su aplicación tiene poco sentido cuando no existe un sistema general adecuado de
planificación de proyectos. Aplicar una lista de chequeo en materia de género en entida-
des que carecen de un sistema de planificación y evaluación propiamente dicho, suele
tener consecuencias indeseadas: puede percibirse como un lujo desplazado del manejo
real que hace la entidad sobre sus propios proyectos, o bien puede exigírsele resultados
que no proceden necesariamente del ámbito de la temática de género.
Sin embargo, la recomendación no sería esperar a integrar el enfoque de género hasta
que la entidad tenga un sistema perfecto de planificación y evaluación, o hasta que el
proyecto esté adecuadamente elaborado. Esto, en muchos casos, sería desaprovechar
una ventana de oportunidad que puede no presentarse en años. Lo recomendable sería
proponer dos opciones: mejorar el sistema general integrando desde el principio la di-
Aplicando la democracia de género
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mensión de género o bien adaptar las técnicas y herramientas de género al contexto or-
ganizacional existente, siempre manteniendo un mínimo nivel técnico que permita con-
trolar la dimensión de género de manera efectiva.
A este respecto, la experiencia de la oficina regional de la Fundación Heinrich Böll en
San Salvador puede ser aleccionadora. En un principio, se trató de hacer un esfuerzo de
aplicar la democracia de género en la práctica, para toda la oficina pero especialmente
en cuanto a la planificación y seguimiento de los proyectos. Como el método acordado
para este trabajo fue acentuadamente participativo y ligado a la experiencia de las per-
sonas empleadas, se detectó muy rápidamente que existía preocupación por la falta de
sistematización de las técnicas y herramientas con las que operaba la oficina para apro-
bar y dar seguimiento a los proyectos en general. Esa falta de sistematización significa-
ba frecuentemente dificultades de seguimiento y evaluación, existencia de desarrollo
instrumental personificado y no compatible con otros colegas y departamentos de la
propia oficina, debilidades de registro estandarizado, etc. A partir de la sustantivización
de esa percepción se optó por la primera de las posibilidades: sistematizar y mejorar los
procedimientos y herramientas generales de la oficina, integrando conjuntamente la
perspectiva de democracia de género.
De esta forma, se desarrolló un trabajo sección por sección y de forma integrada, que
concluyó en la elaboración de una caja de herramientas para el desarrollo organizacional
y operativo de la oficina en San Salvador. Esa caja de herramientas contiene algunas
referidas directamente a la temática de género con enfoque de democracia de género y
otras en donde esa temática se integra al procedimiento o herramienta particular. Es
importante consignar que esa caja de herramientas tiene un proceso de adaptación y
prueba, primero al interior de la oficina y después en relación con las contrapartes.
El hecho de que esa oficina regional de la Fundación Heinrich Böll tuviera esa percep-
ción de falta de sistematización operativa, que ha resuelto a partir de su propia expe-
riencia, hace surgir la pregunta acerca de si el desarrollo organizacional del conjunto de
la Fundación Heinrich Böll ha adquirido ya un nivel suficiente. Como en el caso de San
Salvador, cabe preguntarse por cual es el nivel de formalización instrumental que sería
necesario en una entidad como la Fundación Heinrich Böll para evitar la disfunción
operativa, sin caer en la formalización excesiva que dificulta la creatividad y la flexibi-
lidad organizacional. Ahora bien, este cálculo necesario no pone en cuestión la base de
este fundamento: la integración del enfoque de género necesita de un desarrollo y de
una cultura organizacional suficiente para no operar por separado o encapsuladamente.
3.1.2. La posibilidad de un método integral de aplicación: sobre el gender mainstrea-
ming
Conviene situar dicho segmento de planificación en el contexto más amplio de la inte-
gración del enfoque de género en cuanto al desarrollo operativo y el sistema organiza-
cional de cualquier entidad, pero en particular de las que impulsan proyectos de desarro-
llo.
En la dirección de lo expuesto anteriormente, el logro de una adecuada integración de la
temática de género en un sector formal o informal de una organización, sin que esa inte-
gración tenga un nivel similar en el resto de los sectores o departamentos de esa entidad,
frecuentemente limita las posibilidades de desarrollo operativo con enfoque de género.
Aplicando la democracia de género
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Esa es la razón que justifica la necesidad de reflexionar sobre un método integral de
aplicación de la perspectiva de género, que en varios ámbitos se ha traducido en la dis-
cusión sobre el gender mainstreaming.
Esta conveniencia de un método integral no sólo es valida para las organizaciones que
desarrollan diversos tipos de actividades, entre las que se incluye la cooperación al desa-
rrollo (como sería el caso de la Fundación Heinrich Böll), sino que también es valida
para lo que se impulsa hacia el exterior de la organización y en concreto hacia los bene-
ficiarios, las contrapartes y sus proyectos.
Para integrar la dimensión de género desde una perspectiva holística como la de la de-
mocracia de género, tanto en el desarrollo organizacional como en los sistemas operati-
vos de una entidad, se requiere un conjunto de acciones de distintos tipos. Existe la in-
clinación a pensar que esta incorporación integral se logra básicamente con procesos de
capacitación. Efectivamente, la capacitación es una herramienta fundamental en este
tipo de trabajo. Sin embargo, para que tenga lugar un cambio integral, la organización
suele necesitar de elementos normativos, procedimientos organizacionales y herramien-
tas operativas, que acompañen, bien como causa, como efecto o paralelamente, los pro-
cesos de capacitación. Es conocido en diversas organizaciones, entre las que se encuen-
tran las agencias de cooperación, como la existencia de mandatos generales luego no se
traducen en aplicaciones concretas, por falta de desagregación normativa, cambios
procedimentales, o herramientas de aplicación. También es conocido como la
experiencia desarrollada de sensibilización y capacitación en género a funcionarios de
una determinada entidad, buscando su compromiso con la equidad de género, no ha
logrado resultados efectivos, por falta de consolidación normativa, procedimientos
socializados o herramientas de operación. Dicho en breve, la incorporación integral de
la temática de género (a continuación veremos si eso puede llamarse únicamente gender
mainstreaming) supone un proceso que incorpora diferentes elementos y ha de valorarse
desde una perspectiva sistémica.
Sobre todo en el contexto de la Unión Europea, esa incorporación integral de la perspec-
tiva de género tiende a denominarse gender mainstreaming. En otros ámbitos, por ejem-
plo en entidades públicas latinoamericanas, esa incorporación integral se visualiza desde
la óptica de la transversalización. Como vimos en la introducción conceptual de este
estudio, gender mainstreaming y transversalización no son necesariamente lo mismo.
Mientras la transversalización busca incorporar género a todos los componentes de un
sistema, el mainstreaming supone esa incorporación en la corriente principal o el eje
principal de dicho sistema, seleccionando en mayor o menor medida los aspectos a in-
tervenir. También se apuntó en la introducción la idea de que es necesario encontrar al
respecto un punto de equilibrio que evite una transversalización muy difuminada, al
mismo tiempo que una selección excesiva o una aceptación ciega del mainstream.
A partir de esta consideración, el gender mainstreaming necesita ser considerado en dos
direcciones. La primera, que se refiere a la necesidad de valorar políticamente el mains-
tream, así como de la necesidad del gender mainstreaming de tener un grado de trans-
versalidad suficiente, al objeto de no dejar por fuera aspectos o corrientes que sin ser
principales, pueden ser complementarias y en ciertas condiciones decisivas. La segunda,
guarda relación con la necesidad de entender el mainstreaming como una incorporación
integral que articula diferentes factores. Con frecuencia, realizar una capacitación de
género en los diferentes departamentos de un sistema organizacional se llama gender
Aplicando la democracia de género
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mainstreaming, cuando, en puridad, no convendría hablar del gender mainstreaming si
no hay presencia de un mandato general, desagregación normativa de dicho mandato,
cambios orgánicos y procedimentales, visión de género del presupuesto, e instrumentos
y herramientas operativas. Si el gender mainstreaming fuera así entendido, conteniendo
ese conjunto de elementos, entonces ese método sería recomendable; en caso contrario,
estaríamos ante un mal uso del gender mainstreaming o una definición poco afortunada
que no lo haría recomendable.
Un enfoque como el de la democracia de género acentúa esa necesidad de visualizar
holísticamente el gender mainstreaming. En efecto, la democracia de género resulta el
principio conceptual y político por el cual el gender mainstreaming adquiere rigor como
método integral. En efecto, es difícil pensar un gender mainstreaming realizado desde la
óptica de la democracia de género que sólo se preocupe por la situación de las mujeres
de una organización o de un proyecto. Por el contrario, un gender mainstreaming hecho
desde la democracia de género, obliga a pensar en la posición y condición de género de
los hombres, el proceso complejo de las relaciones de género, la compatibilidad entre
trabajo y familia para todos los géneros, y otros aspectos estructurales y funcionales;
todo ello, sin dejar de priorizar las condiciones o factores de discriminación que puedan
sufrir las mujeres. Es por esa razón, que la democracia de género significa aumentar y
no disminuir el compromiso a favor de la equidad de género y el rigor metodológico de
cualquier método integral. En comparación con la perspectiva de género, la perspectiva
de democracia de género es más ambiciosa por su carácter género-inclusivo y cuestio-
nador de factores estructurales y su implementación rigurosa requiere de transformacio-
nes aún mayores.
3.1.3. Planificación de proyectos y sus modalidades
Un sistema adecuado de planificación de programas y proyectos resulta una necesidad
no sólo para quienes deben elaborarlos y ejecutarlos, sino para quienes tienen que apro-
barlos, supervisarlos o evaluarlos. Ciertamente, ese sistema funcionará más adecuada-
mente si guarda relación de coherencia con la misión de la entidad, su planificación
estratégica y el resto de su planificación operativa. Como se ha dicho, en este estudio
sólo se va a proponer algunas herramientas básicas para un sistema de planificación de
proyectos con perspectiva de democracia de género.
Otro factor que maximiza el funcionamiento de un sistema de planificación de proyec-
tos es su estandarización y sistematización de manera conjunta por las entidades coope-
rantes, las contrapartes y, en la medida de lo posible, los beneficiarios directos. Ello es
especialmente recomendable para quienes buscan un método integral desde una
perspectiva genero-inclusiva, como es la democracia de género.
Ahora bien, en el terreno práctico, suelen darse tres modalidades de trabajo en genero y
planificación de proyectos: a) los proyectos dirigidos a mujeres; b) los proyectos cuyo
objetivo directo es la equidad de género, pero se dirigen al conjunto de la población; c)
los proyectos con objetivos generales y sectoriales, en los que hay que integrar el enfo-
que de género. Ciertamente, una primera decisión política consiste en determinar cual es
la composición de esas tres modalidades a ser apoyada desde una entidad, como, por
ejemplo, un organismo de cooperación. En principio, dicha composición estaría relacio-
nada con tres factores. El primero, la cantidad de otros temas, no sólo de género, que
trabaja dicha organización: en efecto, si se trata de un organismo orientado principal-
Aplicando la democracia de género
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mente al medio ambiente, los derechos humanos, la democratización, etc., entonces
habrá necesidad de mucho trabajo para integrar género en sus programas y proyectos;
pero, si además de esos temas, también trabaja de forma importante la dimensión de
género, entonces tendrá que desarrollar las otras dos modalidades directamente referidas
a la temática de género.
Para facilitar la decisión acerca de la composición de estas modalidades (proyectos para
mujeres y proyectos de género para toda la población) puede operarse de acuerdo a los
otros dos factores: la demanda surgida desde la región de trabajo y el mandato institu-
cional. Como se ha insistido, estos dos factores no siempre coinciden y, en general, sue-
le darse una tensión entre ambos; la cuestión es tratar de que esa tensión sea la menor
posible o, en todo caso, manejable. Para ello, es recomendable reconocer adecuadamen-
te los procesos de formación de demanda y la formación del mandato.
En cuanto a esta última, el problema reside en si su formulación esta clara y si se ha
diseminado extensamente por los distintos departamentos y oficinas de la organización;
así como si están claros los procesos mediante los cuales puede producirse su reformu-
lación. En el caso de la Fundación Heinrich Böll existe un mandato institucional de
democracia de género (primero en los estatutos y recientemente desarrollado por el co-
mité directivo en su acuerdo para la aplicación común de la democracia de género en la
Fundación Heinrich Böll del 18.7.2001
9
), aunque el nivel de conocimiento de este man-
dato sea muy desigual en el conjunto de la organización .
En cuanto a la evolución de la demanda, ya se tiene experiencia de que dicha demanda
se conforma y sufre cambios influida por muchos factores. El principal de ellos debería
ser el cuadro que se conforma mediante una rigurosa evaluación de resultados: si duran-
te un tiempo determinado puede probarse que una orientación de proyectos no ha fun-
cionado en términos estratégicos, ese sería un dato para pensar en un cambio. Sin em-
bargo, pueden haber otros factores que acaban teniendo un peso similar, como, por
ejemplo, el debate académico e ideológico, o también el cuadro general de las políticas
de desarrollo. Es indiscutible que el paso de los proyectos orientados por MED a los
proyectos GED, ha guardado relación con la construcción principalmente académica de
la categoría género. Es decir, conviene tomar en consideración que la demanda suele
tener una inercia (como cuando se inició el enfoque GED y seguían llegando los proyec-
tos para incorporar a la mujer en el desarrollo) que debe ser evaluada políticamente.
Así pues, tomando en consideración demanda y mandato, cabe preguntarse cual sería la
composición de modalidades de proyectos, desde una organización que tenga el manda-
to de la democracia de género. Desde luego, además de integrar género en todos los
proyectos con objetivos generales, dicha organización estaría particularmente interesada
en desarrollar proyectos de género que integren al conjunto de la población; y ya existe
al respecto información suficiente sobre algunos temas relevantes (equidad de género en
los sistemas políticos, salud sexual y reproductiva, violencia de género, etc.) donde la
participación del conjunto de la población entrega buenos resultados. Sin embargo, una
organización orientada por la democracia de género también debe encarar el hecho de
que, por demanda o por decisión propia, resulte necesario, de acuerdo a las característi-
cas propias de la región, apoyar proyectos dirigidos para mujeres. Ahora bien, en estos
9
Zielvereinbarungsprozesse zur Umsetzung der Gemeinschaftsaufgabe Geschlechterdemokratie in der
Heinrich Böll Stiftung
Aplicando la democracia de género
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casos cabe preguntarse que efectos pertinentes puede tener desarrollar proyectos sólo
para mujeres, desde un enfoque de democracia de género.
Ciertamente, una de las consecuencias debería ser que la decisión de realizar un proyec-
to sólo para mujeres partiera de un diagnóstico que así lo aconseje, diagnóstico que debe
tener un enfoque genero-inclusivo. En segundo lugar, una sensibilidad de democracia de
género desarrollaría un proyecto para mujeres, manteniendo durante su ejecución una
especial atención a los aspectos relacionales de género en que se inscriben las vidas de
las mujeres. Sin embargo, esta sensibilidad genero-inclusiva no debe impedir en absolu-
to la aceptación plena de que las circunstancias exigen que el proyecto para mujeres se
haga sobre la base principal de la óptica de su empoderamiento. Como se ha insistido, la
necesidad de distinguir enfoques estratégicos (entre democracia de género y empodera-
miento, por ejemplo) no significa que las acciones de empoderamiento estén excluidas
desde la perspectiva de democracia de género. Lo que no impide que una organización
con mandato de democracia de género desarrolle esfuerzos por promover un desarrollo
operativo de acuerdo a esa orientación.
3.2.
Instrumentos básicos para la planificación de proyectos con enfoque de
democracia de género
A continuación, se proponen algunas herramientas básicas para la planificación de pro-
yectos que permitan desarrollar a nivel operativo la democracia de género. Hay que in-
sistir que esto supone únicamente una parte de lo que sería un sistema de planificación
operativa, el cual necesitaría ir acompañado de los correspondientes procedimientos, y,
por supuesto, deja pendiente los aspectos referidos a la planificación estratégica institu-
cional y en general al desarrollo organizacional. Es importante delimitar la tarea que se
acomete seguidamente, al objeto de ubicarla en su contexto más amplio y evitar así ex-
pectativas que no corresponden a la tarea encomendada.
Las herramientas que se plantean cubren los distintos elementos de un proyecto y su
ciclo, siendo útiles en términos generales para el diagnóstico, la formulación, el segui-
miento y la evaluación de los proyectos. Ahora bien, al hacerlo en términos generales,
es necesario advertir que su aplicación en cada proyecto específico esta sujeta a afina-
mientos correspondientes al área temática que se trate. Por otra parte, es altamente re-
comendable que estas herramientas básicas sean discutidas y adaptadas al trabajo efec-
tivo de la Fundación Heinrich Böll, para desde ahí contribuir al desarrollo de un sistema
de planificación operativa que suponga estándares básicos para el conjunto de la organi-
zación. Como se sabe, para lograr este objetivo, siempre es conveniente desarrollar un
proceso de capacitación, primero en la Fundación y después con las contrapartes.
El diseño de las herramientas presentadas procede de la revisión de los manuales hecha
para este trabajo, así como de la experiencia profesional de los autores. En todo caso, es
necesario considerar que esas herramientas han sido adaptadas o creadas para aplicar el
enfoque de democracia de género. Como se ha insistido, ello significa poner especial
atención en una mirada género-inclusiva que debe recorrer la estructura y los elementos
de cada herramienta. Una mirada que también en términos operativos no significa me-
nor rigor o menos atención a la situación de las mujeres.
Un ejemplo podría ser ilustrativo al respecto. Generalmente, en las listas de chequeo
que se utilizan para elaborar, evaluar y aprobar proyectos, cuando se quiere saber si el
Aplicando la democracia de género
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objetivo general de un proyecto tiene sensibilidad o dimensión de género, se pregunta si
tal objetivo toma en consideración la situación de las mujeres. Cuando esto se hace des-
de una perspectiva género-inclusiva, la pregunta trata de incluir a los hombres y puede
ser formulada de la siguiente manera: ¿Se considera la condición de género de mujeres
y hombres en el objetivo general del proyecto? En algunas ocasiones o para algunas
personas, preguntar por la condición de género no solo de las mujeres sino también de
los hombres, se interpreta como que se va a tener menos en cuenta aquellos rasgos dife-
renciales o de discriminación que puedan presentar las mujeres. Por esta razón, convie-
ne insistir en la idea de que tomar en cuenta las determinaciones de género de mujeres y
hombres desde una perspectiva género-inclusiva exige hacerlo por separado, en conjun-
to y tomando en cuenta los aspectos relacionales. Dicho en breve, no significa menos
rigor en la consideración de género de las mujeres sino que se traduce en un enriqueci-
miento de la perspectiva de género al tomar en cuenta la condición de género de los
hombres. Eso, en muchos casos, significa, por ejemplo, que las acciones específicas de
capacitación en género que puedan preverse en un proyecto, también para lograr mejo-
rar la condición de las mujeres, tenga que ser dirigida frecuentemente hacia los hom-
bres.
Las herramientas que se presentan a continuación atienden tanto los proyectos que tie-
nen objetivos generales no referidos a la temática de género, como aquellos dirigidos
específicamente a la democracia de género. A este respecto es importante destacar que
se ha realizado un esfuerzo para no caer en la frecuente tentación de quienes trabajamos
en la temática de género: elaborar herramientas para integrar un enfoque de género en
un proyecto de medio ambiente, por ejemplo, que al final cambian los objetivos del pro-
yecto original en el sentido de empujarlos hacia la temática de género. Algo que suele
traducirse en el forzamiento o el rechazo de la contraparte que presenta el proyecto y
que quiere mantenerlo referido a la temática ambiental. Por esa razón, en cada una de
las herramientas se indicará cuando ha sido necesario hacer dos versiones: una para in-
tegrar democracia de género en proyectos de objetivos generales y otra para proyectos
directamente dirigidos hacia la promoción de la democracia de género.
Se recomienda incluir las siguientes herramientas en la Guía para la evaluación de pro-
yectos y para la contratación de consultores de la Fundación Heinrich Böll.
3.2.1. Herramientas para el diagnóstico de género: el análisis holístico de género
Un criterio básico de la planificación de proyectos plantea que una alta probabilidad del
éxito de un proyecto depende de que se haya hecho un buen diagnóstico. Sin embargo,
ese trabajo es quizás el que suele tener un peso menor en muchos proyectos elaborados
por las contrapartes, algo que tampoco es sopesado con rigor por quienes tienen que
aprobar el proyecto. Hay diferentes razones para esta contradicción y conviene apuntar
aquí algunas.
Una primera consiste en que efectivamente no se realiza un buen diagnóstico, porque el
problema a resolver es demasiado evidente. Incluso cuando eso es cierto, la ausencia de
diagnóstico, suele implicar menospreciar aspectos secundarios que luego pueden llegar
a ser decisivos. Una modalidad de lo anterior se produce cuando existe una presunción
asumida en la zona del proyecto acerca de un determinado fenómeno. En materia de
género, suele existir una presunción muy extendida de que, sea cual sea el área, las mu-
jeres van a presentar indicadores peores que los presentados por los hombres. No impor-
Aplicando la democracia de género
42

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ta que ello fuera cierto hace treinta años y ahora no lo sea, la presunción se mantiene
intacta. Un ejemplo muy notable se produce en América Latina con el tema del nivel
educativo formal de mujeres y hombres en zonas rurales. Se presupone que el analfabe-
tismo es siempre mayor de mujeres que de hombres. Sin embargo, los censos realizados
en los años noventa están mostrando que esa situación ha cambiado radicalmente, sien-
do ya ese analfabetismo muy similar o incluso menor en las mujeres (ello también se ha
mostrado en los últimos censos de Honduras y Nicaragua, no así en Guatemala y El
Salvador). Las razones de ese cambio son bastante explicables, pero los datos crudos no
han conseguido todavía modificar la vieja presunción (o bien se piensa que ese cambio
significa que las mujeres ya no sufren de discriminación de género).
Otra razón refiere al hecho de que muchos proyectos están hechos por grupos sociales
cuyo nivel educativo les dificulta realizar un esfuerzo serio de diagnóstico, o bien cuan-
do no existen recursos para poder hacerlo en propiedad. Esa circunstancia suele bascular
sobre la agencia donante, quien, sobre todo si los proyectos no tienen una gran dimen-
sión, tiende a no colocar fondos para realizar ese diagnóstico, pese a que se sabe que
este trabajo puede incidir bastante en el éxito del proyecto.
Uno de los problemas asociados a esta dificultad refiere al hecho de que, sobre todo en
materia de género, se tiende a sustituir un diagnóstico del área, por un análisis de género
del grupo destinatario. Ciertamente, es mejor hacer ese esfuerzo que no hacerlo, pero el
problema que tiene es que regularmente se realiza cuando ya se ha delimitado mucho el
grupo meta, es decir, cuando ya se ha tomado decisiones en base a muchas hipótesis.
Por esa razón es que resulta tan importante el paso previo del análisis de género del con-
texto, con datos estadísticos y no estadísticos, que vayan focalizando desde la cobertura
nacional hasta la zona a seleccionar como ámbito del proyecto.
Ahora bien, el problema puede aumentar cuando se trata de proyectos generales a los
que hay que integrar la temática de género, por cuanto muy frecuentemente el acento
del diagnóstico esta puesto en la temática propia del proyecto y no con atención a su
dimensión de género, la cual luego es incluida en la parte propositiva sin haber sido
comprobada en el diagnóstico. Por ello, es importante subrayar que la formulación de
un proyecto que tiene incluida la dimensión de género, debe recorrer el conjunto de los
elementos del proyecto, partiendo en primer lugar por el diagnóstico de género.
Por todo lo anterior, la guía que se presenta a continuación incluye tanto el análisis de
género del contexto como el del propio grupo destinatario o del segmento de población
más focalizado que puede serlo finalmente. Por una parte, ello significa buscar informa-
ción básica (Censos y Encuestas de Hogar, estudios específicos, etc.) o bien tener con-
diciones para producir información estadística más reducida. Por otra, quiere decir que
se realizarán grupos focales para levantar el análisis de género, que incluye aspectos
relacionales que corresponden a una visión genero-inclusiva.
Ciertamente, realizar un buen diagnóstico siempre requiere de algún esfuerzo, pero ese
esfuerzo puede ser evaluado previamente en función de las necesidades del proyecto y
siempre suele ser altamente compensatorio. Desde luego, realizar un diagnóstico muy
prolijo para preparar un proyecto chico no tiene mucho sentido, y, sin embargo, ello no
quiere decir que haya que olvidarse de realizar
algún tipo de diagnóstico. Simplemente
hay que procurar que dicho esfuerzo sea proporcional a la dimensión del proyecto que
se trate.
Aplicando la democracia de género
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En tal sentido, la herramienta que se propone a continuación es una guía para reunir
información para un diagnóstico con una profundidad y dimensión de rango medio, es
decir, útil para cubrir necesidades de proyectos de alcance intermedio (entre uno y tres
años), pero que puede adaptarse a las necesidades de proyectos chicos mediante la re-
ducción de las demandas de información. Esta guía esta compuesta por dos elementos:
a) el referido a la búsqueda de información que permita realizar el análisis de género del
contexto en que se sitúa el proyecto, b) el que guarda relación con la reunión de infor-
mación sobre el problema y el grupo destinatario.
3.2.2. Análisis de género del contexto
Con frecuencia, cuando se realiza un diagnóstico de género se suele optar por un exa-
men del contexto o bien por un análisis de genero que toma como universo el grupo
destinatario y su perímetro más próximo. A nuestro juicio, sin embargo, esta opción
corre el peligro de parcializar la información, por lo que resulta altamente recomendable
realizar el esfuerzo en ambas direcciones complementarias.
En cuanto al análisis del contexto, lo ideal es procurar información sobre la zona en que
se sitúe el proyecto, pero conviene colocar esa zona en una referencia mas general, a
nivel nacional. Para ello es importante que el proyecto se provea de instrumentos que
ofrezcan una panorámica general, lo más actualizada posible, de las condiciones de las
mujeres y los hombres del país correspondiente.
En cada país centroamericano se han llevado a cabo algunos trabajos con información
estadística y no estadística sobre esta materia con diferentes dimensiones. En muchos
casos, estos compendios son producidos por los “Mecanismos Nacionales de Promoción
de la Mujer y la Equidad de Género”, pero también pueden ser fuentes algunos estudios
académicos y, con frecuencia, en relación con los Informes de Desarrollo Humano del
PNUD. Un ejemplo de esos compendios con información sobre los noventa ha sido la
serie de FLACSO, Mujeres Latinoamericanas en Cifras, que en Centroamérica cubrió
los países de Panamá, Costa Rica, Guatemala y Nicaragua. Disponer y utilizar estos
compendios de información básica de forma regular en la formulación de proyectos
facilitaría considerablemente la incorporación de la perspectiva de género en los mis-
mos.
Aplicando la democracia de género
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GUÍA PARA REALIZAR ANÁLISIS HOLÍSTICO DE GÉNERO
Análisis de género del contexto
¿Se ha obtenido información estadística y no estadística sobre la condición de género
de mujeres y hombres en el contexto general en el que se sitúa el proyecto?
A continuación, se propone una estructura de demanda informativa que permita asegu-
rar una información básica tanto a nivel nacional como mas directamente referida a la
zona del ámbito del proyecto. Esta estructura parte de estas demandas sobre áreas y va-
riables, para luego sugerir los indicadores más útiles y concluir con la referencia de
fuentes de verificación. En este último aspecto se hacen algunas indicaciones sobre las
posibilidades de obtener esa información en el plano local. En términos generales, la
información básica se refiere a:
• Datos crudos e indicadores desagregados por sexo sobre:
población, empleo, ingresos, niveles de pobreza, educación, salud, servicios
• Información no estadística sobre legislación, patrones culturales de género, etc.
• Información no estadística sobre instituciones y políticas de género a nivel na-
cional y local
Sobre la base de esa estructura se ha diseñado la siguiente tabla de demandas de infor-
mación:
Aplicando la democracia de género
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a)
TABLA DE DEMANDAS DE INFORMACIÓN
ÁREAS Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
DEMOGRAFÍA
1. Volumen y evolución
de la población.
• Cifras absolutas por
sexo (evolución).
Censos Nacionales y
estimaciones de
CELADE.
(En localidades pequeñas
existe información censal,
pero hay que solicitarla.
Conviene usar programas,
como REDATAM).
2. Dinámica de población.
Cifras absolutas y evo-
lución de tres factores:
nacimientos, defuncio-
nes y saldo migratorio.
• Entidades nacionales de
estadística y CELADE
3. Fecundidad.
Tasa global de fecundi-
dad.
Composición porcentual
de la natalidad por eda-
des.
Nacimientos anuales y
por cada 100 mujeres.
Tasas globales según
sector.
Condición legal de los
nacidos.
Entidad nacionales de
estadística, Encuestas de
Fecundidad y CELADE.
La tasa global (estimación
del número promedio de
hijos de una mujer en su
vida fértil), es un indicador
de fácil uso y compren-
sión, pero difícil de calcu-
lar. Si no existe ni hay po-
sibilidad de calcularla, usar
los otros indicadores sim-
ples.
4. Distribución espacial.
Cifras absolutas y por-
centajes de las pobla-
ciones urbana y rural
por sexo.
Composición de las po-
blaciones urbana y rural
por sexo.
Censos, Encuestas de
Hogares, y estimacio-
nes CELADE.
En el nivel local se da por
entendido que dicha locali-
dad pertenece a una deter-
minada zona de residencia.
Aplicando la democracia de género
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ÁREAS Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
DEMOGRAFÍA
5. Estructura etaria.
Cifras absolutas y por-
centajes por grupos de
edades según sexo.
Censos, Encuestas de
Hogares y CELADE.
(Los grupos etarios elegidos
por censos y encuestas, pue-
den no coincidir con las ne-
cesidades del proyecto. En
este caso, hay que solicitar-
los, o generarlos si factible).
6. Composición étnica.
• Cifras absolutas y por-
centajes de la población
total por sexo.
Algunos Censos, esti-
maciones indepen-
dientes.
(Es frecuente ausencia de
registro. Cuando lo hay,
suele ser no confiable. Suele
recogerse por autodeclara-
ción, además de los grados
de mestizaje. Si es factible,
mejor crearla).
7. Estado conyugal.
• Cifras absolutas y por-
centajes por sexo y
edad, según categorías.
Tasas de nupcialidad y di-
vorcialidad (evolución).
• Censos, Encuestas de
Hogares y Encuestas de
Fecundidad.
(Prestar atención a las dife-
rencias por sexo: suele
haber mayor proporción de
personas separadas y viudas
en la población femenina).
8. Hogar y jefatura de
hogar.
• Cifras absolutas y por-
centajes de hogares se-
gún tipo por sexo de je-
fe.
Jefatura de hogar por sexo,
edad, existencia de pareja y
tenencia de hijos.
• Censos, Encuestas de
Hogares.
(Es importante fijarse en
que la jefatura femenina
suele tener lugar sin pareja
conviviente).
Aplicando la democracia de género
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ÁREAS Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
TRABAJO E INGRESOS
9. Participación económi-
ca: evolución y volu-
men actual.
• Cifras absolutas de la
población económica-
mente activa -PEA- por
sexo (evolución).
• Composición por sexo
de la PEA.
• Tasas de participación
por sexo.
En caso necesario, desagre-
gar por edad, zona y otros
factores que se requieren.
• Censos, Encuestas de
Hogares.
(Atención al fuerte subre-
gistro de la participación de
las mujeres en los censos,
que es menor en encuestas
de hogares. Usar éstas en el
plano nacional. En el plano
local usar solo como refe-
rencia los datos censales, o
bien generar información si
es factible).
10. Estructura del empleo:
evolución y situación
actual.
• Cifras absolutas y por-
centajes de la PEA se-
gún ramas de actividad
y categorías ocupacio-
nales por sexo.
• Cifras absolutas y por-
centajes de la PEA se-
gún grupos ocupaciona-
les por sexo.
• Composición por sexo
de cada rama, categoría
y grupo ocupacional.
• Censos, Encuestas de
Hogares y estimaciones
CELADE.
(En ámbitos amplios usar
encuestas de hogar. En loca-
lidades pequeñas dichas
encuestas son poco confia-
bles; si es factible, generar
la información).
11. Propiedad de
empresas.
• Cifras absolutas y por-
centajes de propietarios
por sexo. Desagregar
propiedad por cada sexo
y la propiedad conjunta
• Composición de propie-
dad según tamaño de la
empresa por sexo.
• Composición de propie-
dad por rama de activi-
dad y sexo.
• Para ámbitos amplios es
posible usar como refe-
rencia cifras de censos y
encuestas de la categoría
“patrones y empleado-
res”. En lugares peque-
ños es preferible recurrir
a registros de propiedad
o bien crear directamen-
te la información.
Aplicando la democracia de género
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ÁREAS Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
TRABAJO E INGRESOS
12. Desempleo: evolución
y volumen actual.
• Cifras absolutas de des-
empleo abierto por sexo
(evolución).
• Tasas de desempleo
abierto por sexo (evolu-
ción).
• Composición de las ca-
tegorías de desempleo
por sexo.
• Censos, Encuestas y
estimaciones de entidades
nacionales.
(En economías poco forma-
lizadas, el desempleo abier-
to registra cifras mínimas.
En localidades pequeñas las
encuestas son poco confia-
bles).
13. Subempleo: evolución
y volumen actual.
• Población ocupada por
horas semanales traba-
jadas, según sexo (evo-
lución).
• Proporción de la PEA
que cobra menos de la
cantidad estimada para
cubrir necesidades bási-
cas, por sexo
• Estimaciones de enti-
dades nacionales e in-
ternacionales.
14. Salarios e ingresos.
• Salario promedio por
sexo, según rama, cate-
goría y grupo de ocupa-
ción.
• Salario femenino como
porción del masculino,
según rama, categoría y
grupo de ocupación.
• Censos y Encuestas.
(Frecuentemente no se pu-
blica la información por
sexo, aunque se recoge. En
este caso, hay que solicitarla
o crearla si es factible).
Aplicando la democracia de género
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ÁREAS Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
TRABAJO E INGRESOS
15. Acceso al crédito.
• Cantidad y porcentaje
de préstamos otorgados
según sexo (desagregar
los préstamos concedi-
dos a personas de ambos
sexos).
• No existe información a
nivel nacional.
(En ámbitos amplios, la
información está dispersa.
Crearla a nivel local si es
factible).
16. Sector informal.
• Proporción de la PEA
que trabaja en el sector
informal de la econo-
mía, según ramas de ac-
tividad económica y
sexo.
• Composición porcentual
por sexo de la PEA in-
formal, según ramas de
actividad.
• Estimaciones de entida-
des nacionales e inter-
nacionales (CEPAL,
CELADE) No existe in-
formación a nivel local.
EDUCACIÓN
17. Analfabetismo.
• Cifras absolutas y por-
centajes por sexo, edad,
etnia y zona.
• Composición por sexo
de la población analfa-
beta según edad, etnia y
zona.
• Censos y Encuestas de
Hogares.
(Cuando los censos recogen
esta información por auto-
declaración, es conveniente
ajustarla, especialmente en
cuanto al analfabetismo
funcional).
Aplicando la democracia de género
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ÁREAS Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
EDUCACIÓN
18. Educación preescolar.
• Matrícula total, en mo-
dalidades formal y no
formal, por sexo.
• Número de centros pú-
blicos y privados por ti-
po (desde casas-cuna a
jardines infantiles).
• Proporción de menores
de cinco años en pro-
gramas preescolares, por
sexo.
• Ministerio de Educación
(Con frecuencia no existe
registro para modalidades
informales. En localidades
pequeñas es mejor generar
la información).
19. Educación primaria.
• Cifras absolutas y por-
centajes de la matrícula
por sexo.
• Tasas netas y brutas de
escolaridad por sexo.
• Entidades nacionales de
estadística, Ministerio
de Educación.
(Las tasas de escolaridad
son fáciles de usar pero re-
quieren de un cálculo espe-
cífico. En localidades pe-
queñas, estimar el porcenta-
je de los menores no asis-
tentes, para ambos sexos).
20. Rendimiento escolar.
• Cifras absolutas y por-
centajes de repetidores y
de abandonos por sexo.
• Proporción de matricu-
lados en la edad corres-
pondiente, por sexo.
• Ministerio de Educa-
ción.
(Esta información puede no
publicarse, pero regular-
mente obra en poder de las
autoridades educativas).
21. Enseñanza secundaria.
• Cifras absolutas y por-
centajes de matrícula
por sexo.
• Matrícula por especiali-
dad según sexo.
• Tasas brutas y netas de
escolaridad por sexo.
• Ministerio de Educa-
ción.
(Esta información puede no
publicarse, pero regular-
mente obra en poder de las
autoridades educativas).
Aplicando la democracia de género
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ÁREAS Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
EDUCACIÓN
22. Capacitación profesio-
nal.
• Cifras absolutas y por-
centajes de matrícula
por sexo, según modali-
dades formal y no for-
mal.
• Matrícula por especiali-
dad profesional según
sexo.
• A nivel nacional, no hay
información sobre el vo-
lumen global de la ca-
pacitación no formal.
Crearla a nivel local si es
factible.
23. Enseñanza superior y
universitaria.
• Matrícula global por
sexo según estudios
universitarios y no uni-
versitarios.
• Cifras absolutas y por-
centajes de la matrícula
según carreras por sexo.
• Cifras absolutas y por-
centajes de graduacio-
nes según carrera y
sexo.
• Universidades, Consejos
de Universidades y Mi-
nisterio de Educación
(Puede que las autoridades
académicas todavía no pre-
senten esta información
desagregada por sexo, pero
puede solicitarse).
24. Nivel de estudios de la
población.
• Proporción de la pobla-
ción de 10 y más años
por niveles educativos
adquiridos, según sexo.
• Censos y Encuestas de
Hogares.
(A nivel local, usar infor-
mación censal).
25. Personal docente.
• Cifras absolutas y por-
centajes del personal
docente por sexo, según
niveles educativos.
• Ministerio de Educación
y Universidades
(A nivel local, crear la in-
formación, si es factible).
Aplicando la democracia de género
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ÁREAS
Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
SALUD
26. Esperanza de vida.
• Evolución de la espe-
ranza de vida por sexo,
según factores diferen-
ciales (zona, nivel so-
cioeconómico y etnia).
• Entidades nacionales de
estadística y Ministerios
de Salud
(Indicador de fácil uso y
comprensión, pero difícil de
calcular).
27. Mortalidad.
• Tasas de mortalidad por
sexo y edad
• Composición por sexo
de las defunciones anua-
les
• Principales causas de
defunción por sexo y
edad.
• Entidades nacionales de
Estadística, Estadísticas
vitales y Ministerios de
Salud.
28. Morbilidad.
• Egresos hospitalarios
por especialidad según
sexo.
• Motivos de consulta por
especialidad según sexo.
• Entidades nacionales de
Estadística, Estadísticas
vitales y Ministerios de
Salud.
29. Sistema de salud.
Médicos, dentistas y
enfermeras por 10 mil
habitantes.
Camas hospitalarias por
1000 habitantes.
Proporción de camas
obstétricas.
Proporción de partos
atendidos clínicamente.
• Ministerios de Salud y
Entidades nacionales de
Estadística.
(A nivel local, componer
tasas por 1000 ó 100 habi-
tantes, pero luego comparar
con la tasa nacional).
Aplicando la democracia de género
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ÁREAS Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
SALUD
30. Condiciones básicas de
salud.
Proporción de hogares
con servicio de agua po-
table .
Proporción de hogares
conectados a la red de
alcantarillado.
Proporción de menores
con deficiencia de peso
y talla por sexo.
• Porcentaje de personas
de más de cinco años
con anemia por sexo.
Censos y Ministerios de
Salud.
(La información sobre con-
diciones nutricionales puede
no estar desagregada por
sexo, pero aún así sigue
siendo un indicador útil).
31. Fecundidad con riesgo.
Proporción de nacimien-
tos en mujeres menores
de 20 años y mayores de
35 años.
• Censos y Encuestas de
Fecundidad, Entidades
nacionales e internacio-
nales (CELADE).
32. Mortalidad materna.
Defunciones maternas
por 10 mil nacidos vivos
(evolución).
Mortalidad materna
según grupos de causas.
• Ministerios de Salud,
Estadísticas vitales, En-
tidades nacionales e in-
ternacionales.
(En localidades menores,
confirmar información en
centros locales de salud y
construir tasa por 1000 na-
cidos vivos, pero luego
comparar con la tasa nacio-
nal).
Aplicando la democracia de género
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ÁREAS Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
SALUD
33. Interrupción del em-
barazo.
Estimación del número
de abortos anuales.
Cifras absolutas de
egresos hospitalarios
por aborto, por edad.
Aborto como propor-
ción de egresos hospita-
larios por causas obsté-
tricas.
Proporción de muertes
maternas por aborto.
• Ministerios de Salud,
(la estimación de la canti-
dad de abortos no se realiza.
Para su cálculo usar fuentes
muy confiables).
34. Uso de anticonceptivos
• Proporción de mujeres
en edad fértil (15 – 45
años) usando medios an-
ticonceptivos, por esta-
do civil, según nivel so-
cioeconómico y zona.
• Ministerios de Salud,
Encuestas de Fecundi-
dad.
LEGISLACIÓN
35. Derechos políticos y
garantías constitucio-
nales.
Igualdad ante la ley
Derecho al voto
Derecho a optar a car-
gos de elección popular
Existencia de normativa
de acción positiva (cuo-
tas de mujeres)
Garantías constituciona-
les.
Constitución, código electo-
ral y tratados internaciona-
les.
36. Derecho de Familia.
Capacidad legal de la
mujer casada
Patria Potestad
Régimen de sociedad
conyugal
Derecho de divorcio.
Pensión alimenticia
Código civil y Código de la
Familia.
Aplicando la democracia de género
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ÁREAS Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
LEGISLACIÓN
37. Derecho penal.
Penalización del adulte-
rio.
Penalización del aborto
Delito de estupro
Delito de prostitución
Delito de violencia in-
trafamiliar.
Código penal y Código pro-
cesal penal.
38. Derecho laboral.
Principio de igualdad
ante la ley.
Prohibición de trabajos.
Protección de la mater-
nidad.
Situación legal de las
empleadas domésticas.
Código del Trabajo
39. Derechos sexuales y
reproductivos.
Derecho a la planifica-
ción familiar.
Derecho al goce de la
sexualidad
Tratados Internacionales y
Normativa sobre Salud.
40. Legislación para la
eliminación de la dis-
criminación de la mu-
jer.
Ratificación de la
CEDAW.
Normas existentes sobre
la igualdad entre los gé-
neros.
Tratados y Convenciones
internacionales y Legisla-
ción ordinaria nacional.
PARTICIPACIÓN SOCIOPOLÍTICA
41. Participación en pro
cesos electorales.
Cifras absolutas y por-
centajes de inscritos y
votantes por sexo.
• Entidades nacionales
electorales.
Aplicando la democracia de género
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ÁREAS Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
PARTICIPACIÓN SOCIOPOLÍTICA
42. Participación en el
poder ejecutivo.
Proporción de mujeres
en el ejecutivo, a nivel
de ministros y vice-
ministros.}
Proporción de las muje-
res en la administración
regional (gobernadores,
alcaldes, gobierno re-
gional).
Esta información no se re-
coge oficialmente, pero
suele compilarse en orga-
nismos especializados (Ins-
titutos de la Mujer). A nivel
local, es fácil componer esa
información en el poder
municipal.
43. Participación en el
poder legislativo.
Cifras absolutas y por-
centaje de mujeres en el
parlamento, en ambas
cámaras.
• Poder Legislativo y or-
ganismos especializados
(Institutos de la Mujer).
44. Participación en el
poder judicial.
• Proporción de mujeres
en el poder judicial, se-
gún categorías de los
juzgados.
• Poder Judicial y orga-
nismos especializados
(Institutos de la Mujer).
45. Participación en parti-
dos políticos.
Proporción de mujeres
en el total de miembros.
Proporción de mujeres
en las direcciones parti-
darias.
• Partidos y organismos
especializados (Institu-
tos de la Mujer).
La información sobre mem-
bresía necesita ser contras-
tada.
Aplicando la democracia de género
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ÁREAS Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
PARTICIPACIÓN SOCIOPOLÍTICA
46. Participación en orga-
nizaciones sociales.
Proporción de mujeres
como miembros de los
sindicatos
Proporción de mujeres
en las direcciones sindi-
cales.
Proporción de mujeres
en los organismos de
representación estudian-
til.
Proporción de mujeres
en los colegios profe-
sionales y en sus direc-
tivas.
Proporción de mujeres
en las organizaciones
comunitarias.
Esta información no se re-
coge oficialmente y menos
aún desagregada por sexo.
Es necesario acudir a orga-
nismos especializados.
INSTITUCIONES DE GÉNERO
47. Organismos naciona-
les.
Existencia de la entidad
oficial y de oficinas en
otras entidades oficiales
de promoción de la mu-
jer a nivel nacional y re-
gional.
Fecha de creación e
inserción institucional.
Rango legal de la enti-
dad.
Nivel de cobertura na-
cional.
Ley(es) Ordinaria(s) o en su
defecto, Normativa(s) me-
nor(es) de constitución.
(A nivel local, ver si existe
presencia del organismo en
la zona).
Aplicando la democracia de género
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ÁREAS Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
INSTITUCIONES DE GÉNERO
48. Instituciones no guber-
namentales
Existencia de Directorio
de organismos no guber-
namentales de mujeres.
Directorio de organis-
mos no gubernamen-
tales que tengan progra-
mas o proyectos sobre la
condición de la mujer
• Organismos nacionales
y entidades no guber-
namentales.
(Existen directorios pero es
necesaria su constante ac-
tualización. A nivel local,
esta información es de fácil
acceso).
49. Organizaciones de
mujeres.
Directorio de organiza-
ciones de mujeres por
tipo: populares, feminis-
tas, asistenciales, etc.
• Organizaciones feminis-
tas y de mujeres
(Existen directorios pero es
necesaria su constante ac-
tualización. A nivel local,
esta información es de fácil
acceso).
50. Organismos interna-
cionales.
Existencia de Directorio
de organismos y agen-
cias que tienen progra-
mas de cooperación en
el área de género.
• Ministerio del Exterior,
organismos internacio-
nales, institutos de la
mujer
FACTORES CULTURALES
50. Prácticas culturales,
sistemas de valores y
normas acerca de la
identidad de género.
Existencia de actos de
iniciación a la vida adul-
ta, por sexo.
Existencia de pautas en
cuanto al noviazgo, el
casamiento y el matri-
monio.
Esta información puede ob-
tenerse de distintas fuentes:
las encuestas de opinión,
investigaciones previas, etc.
Si es factible, puede hacerse
una investigación propia,
estableciendo indicadores
cualitativos más precisos.
Aplicando la democracia de género
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ÁREAS Y
VARIABLES
INDICADORES
FUENTES DE
VERIFICACIÓN
FACTORES CULTURALES
51. Prácticas culturales,
sistemas de valores y
normas acerca de la
sexualidad y procrea-
ción.
Existencia de pautas so-
bre la procreación (for-
mas y edades ideales pa-
ra procrear)
Identificación de la dife-
rencia entre sexualidad
y reproducción, según
estado conyugal.
Identificación de los de-
rechos reproductivos y
de la libertad sexual co-
mo bien jurídico a pro-
teger.
Esta información puede ob-
tenerse de distintas fuentes:
las encuestas de opinión,
investigaciones previas, etc.
Si es factible, puede hacerse
una investigación propia,
estableciendo indicadores
cualitativos más precisos.
52. Prácticas culturales,
sistemas de valores y
normas acerca de los
ámbitos productivos y
sociales
Existencia de prácticas,
valores y mitos sobre el
ejercicio de profesiones
u oficios (especialmente
en zonas mineras o pes-
queras).
Existencia de pautas en
cuanto al ejercicio de li-
derazgo en determina-
dos ámbitos.
Esta información puede ob-
tenerse de distintas fuentes:
las encuestas de opinión,
investigaciones previas, etc.
Si es factible, puede hacerse
una investigación propia,
estableciendo indicadores
cualitativos más precisos.
Aplicando la democracia de género
60

Page 61
b) GUÍA PARA EL ANÁLISIS DE GÉNERO DEL GRUPO
DESTINATARIO
¿Se ha realizado un análisis holístico de género respecto a los potenciales destinatarios
del proyecto?
División sexual del trabajo de mujeres y de hombres
¿Quién hace qué a nivel productivo, reproductivo y comunitario?
Calendario de actividades de mujeres y de hombres
¿Quién hace qué en qué época del año?
Uso del tiempo por mujeres y hombres
¿Qué hacen las mujeres y qué hacen los hombres durante un día normal de 24 horas?
Acceso y control de recursos materiales y no materiales de mujeres y hombres
¿Quién es dueño de qué?
¿Quién utiliza qué en su vida diaria?
¿Quién usa, controla y dispone de qué recursos independientemente del otro?
¿Qué nivel educativo han alcanzado las mujeres y los hombres?
¿Quién obtiene ingresos monetarios con qué?
¿Cuál de los dos tiene mayores posibilidades de generar ingresos monetarios?
¿Cuál de los dos tiene mayores posibilidades de generar ingresos no monetarios?
¿En qué se emplea el ingreso de las mujeres en comparación con el ingreso de los hombres?
Calificación y habilidades de mujeres y hombres
¿Qué calificación y habilidades tienen las mujeres?
¿Qué calificación y habilidades tienen los hombres?
Aplicando la democracia de género
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Necesidades prácticas e intereses estratégicos de mujeres y hombres
10
De acuerdo a los roles tradicionales de las mujeres ¿cuáles son sus necesidades prácticas?
De acuerdo a la condición de las mujeres ¿cuáles son sus necesidades estratégicas?
De acuerdo a los roles tradicionales de los hombres ¿cuáles son sus necesidades prácticas?
De acuerdo a la condición de los hombres ¿cuáles son sus necesidades estratégicas?
Participación de mujeres y hombres en la toma de decisiones a nivel de la pareja,
de la familia, a nivel comunitario, a nivel laboral, a nivel político, etc.
¿Quién decide qué? (residencia, qué producir, qué vender, cuántos hijos tener, educación de
los hijos, qué comer, en qué y donde trabajar, votar, ocupar un cargo político, etc.)
Intereses y preferencias compartidas entre hombres y mujeres así como intereses
y preferencias contradictorios entre ambos
¿Qué prioridades para acciones de desarrollo tienen las mujeres, qué prioridades tienen los
hombres? ¿Coinciden, difieren o se contradicen?
Actitudes y expectativas de mujeres y hombres sobre cambios requeridos y espe-
rados en las relaciones de género, así como sobre la dinámica real de los cam-
bios en las relaciones de género
¿Cómo han cambiado las relaciones de género?
¿Qué expectativas de cambio de los hombres tienen las mujeres, y qué expectativas de cambio
de las mujeres tienen los hombres?
Obstáculos para la superación de desigualdades en las relaciones de género, a
nivel normativo-legal, de los servicios sociales, de niveles de ingresos, de valo-
res y valoración monetaria, a nivel fiscal, a nivel del acceso al sistema educativo
y de formación profesional, etc.
¿Qué aspectos estructurales dificultan el avance hacia relaciones de género más equitativas?
¿Cuáles son los niveles de salarios para hombres en comparación con mujeres? etc.
10
Las necesidades prácticas de las mujeres se dirigen a modificar la situación o calidad de vida de las mujeres, a
partir de sus requerimientos inmediatos, sobre todo en relación a su rol reproductivo. Las necesidades prácticas de los
hombres se relacionan con lo que requieren inmediatamente para cumplir con sus roles específicos.
Los intereses estratégicos de las mujeres o de los hombres se refieren a los aspectos esenciales que definen la subor-
dinación y discriminación de la mujer, o alguna desventaja del hombre y por lo tanto a las propuestas alternativas de
solución a la situación de desigualdad, que promueven las relaciones entre géneros sobre bases más igualitarias, tales
como la eliminación de la división sexual del trabajo, la abolición de formas institucionalizadas de discriminación
como el derecho a la tenencia de la tierra o propiedades o el acceso al crédito, el establecimiento de una igualdad
política, y la adopción de medidas adecuadas contra la violencia y control masculino sobre la mujer.
Aplicando la democracia de género
62

Page 63
Características del proyecto
¿A qué grupo de mujeres y a qué grupo de hombres está atendiendo en forma directa e indire-
cta el proyecto?
¿A qué necesidades de mujeres y hombres está atendiendo el proyecto? Se trata de necesida-
des productivas, reproductivas o comunitarias, prácticas o estratégicas?
¿Qué expectativas de cambio de las relaciones de género de mujeres y hombres son tomados
en cuenta por el proyecto?
¿A qué aspectos estructurales está atendiendo el proyecto? (a nivel legal, público, de servicios,
etc.)
Aplicando la democracia de género
63

Page 64
3.2.2. Lista de chequeo para el ciclo del proyecto
El uso de las listas de chequeo se ha extendido notablemente como una herramienta
sencilla pero útil, para controlar si un determinado factor o dimensión existe efectiva-
mente en el planteamiento de un proyecto. Pese a su sencillez, siempre es recomendable
ejercitarse en su uso y sobre todo, entenderla como una herramienta maleable, es decir
que ese entrenamiento permita que la lista pueda ser afinada para su uso respecto al
proyecto concreto que se trate, o bien al área temática sobre la que opere el proyecto
(salud, empleo, etc.). Cuando una lista de chequeo es adaptada apropiadamente al uso
requerido, suele ser de alta utilidad.
Es importante que la lista de chequeo recorra todos los elementos y el ciclo del proyecto
en su totalidad. Ello por cuanto, especialmente cuando se trata de un proyecto general
con dimensión de género, suele existir la inclinación de integrar género únicamente en
algunas partes o bien, en el peor de los casos, hacerlo como pura declaración sin que
luego este presente realmente en el resto del proyecto. Por eso las listas de chequeo que
aquí se presentan tratan de afectar el conjunto del proyecto, desde los objetivos hasta
sus actividades, pasando por metodología o grupo ejecutor.
Estas listas de chequeo están redactadas en términos de preguntas que ayuden al con-
trol, pero pueden utilizarse también para la elaboración de los proyectos, convirtiendo
las preguntas en afirmaciones. Por ejemplo, si la pregunta es si los objetivos del proyec-
to consideran la temática de género; ello se traduciría para el trabajo de elaboración en
una indicación: “tomar en consideración la temática de género en los objetivos del pro-
yecto”. En todo caso, es altamente recomendable, sobre todo si sucede que quien elabo-
ra, no es quien chequea, que las listas se redacten todo lo ad hoc que se pueda, si bien
manteniendo sus contenidos. La adaptación a cada momento no debe suponer redacción
de listas desiguales que parezcan chequear cosas distintas.
Así, estas listas acuciosas pueden ser útiles para tareas de elaboración, aprobación, se-
guimiento y evaluación de los proyectos. Ahora bien, es importante saber que su efecti-
vidad es menor cuando se aplica tarde, por cuanto las posibilidades de reaccionar del
propio proyecto suelen ser menores.
Como puede verse, se han elaborado dos listas de chequeo. La primera esta referida al
trabajo de integrar el enfoque de género en proyectos que tienen objetivos referidos a
temáticas no directamente referidas a la cuestión de género (ambientales, productivos,
de salud, etc.), mientras la segunda está dirigida a los proyectos con objetivos referidos
al tema de género. La diferencia principal entre ambas es que la primera no profundiza
tanto en consideraciones de enfoque como la segunda. En ese sentido, en la primera el
enfoque de la democracia de género se aprecia sobre todo porque incorpora a todos los
géneros y sus condiciones, en el desarrollo del proyecto. Mientras que en la segunda, se
trata de abundar en los aspectos que caracterizan el enfoque de democracia de género,
en especial los relacionales.
Aplicando la democracia de género
64

Page 65
CICLO DE PROYECTOS GÉNERALES CON PERSPECTIVA DE
DEMOCRACIA DE GÉNERO
(Lista de chequeo 1)
OBJETIVOS GENERALES
¿Se considera la temática de género en los objetivos generales del proyecto?
¿Las relaciones de género tienen alguna influencia sobre el objetivo general del pro-
yecto?
¿Esta consideración se hace de forma explícita o solo implícita?
OBJETIVOS ESPECIFICOS
¿Se considera la temática de género en los objetivos específicos del proyecto?
¿Se considera la condición de género, o la modificación de las relaciones entre mu-
jeres y hombres en los objetivos específicos del proyecto?
¿Esta consideración se hace de forma explícita o solo implícita?
¿Se considera en todos o solo en parte de los objetivos específicos del proyecto?
¿Hay algún objetivo específico de género en el proyecto?
RESULTADOS ESPERADOS
¿Existe un resultado que se relacione directamente con las condiciones de género o
las relaciones de género de mujeres y hombres?
¿Existen resultados que desagregan el efecto para mujeres y para hombres?
¿Existe algún resultado directamente referido a la equidad de género?
¿Existe en los resultados esperados la previsión de una participación equitativa de
mujeres y hombres en los beneficios del proyecto?
¿En los resultados se contemplan posibles efectos indirectos positivos o negativos
para mujeres y hombres?
Aplicando la democracia de género
65

Page 66
GRUPO META
¿La composición por sexo del grupo meta es adecuada en términos de equidad de
género?
¿Se definen grupos con características específicas de mujeres y hombres entre los
beneficiarios?
¿Se considera la condición de género de mujeres y de hombres por separado y en
conjunto?
METODOLOGÍA
¿Se tienen en cuenta las características y las condiciones de las mujeres y de los
hombres destinatarios en la determinación de los métodos a seguir en el proyecto?
¿Se tienen en cuenta las diferencias jerárquicas y no jerárquicas entre mujeres y
hombres destinatarios en la determinación de los métodos a seguir en el proyecto?
¿El proyecto requiere y promueve la participación activa de las mujeres y de los
hombres en todas sus fases y beneficios?
¿La carga de trabajo está repartida de forma equitativa entre ambos géneros?
ACTIVIDADES
¿Las actividades previstas contemplan la participación de mujeres y hombres en
forma equitativa?
¿Las actividades previstas contribuyen a alcanzar los resultados directamente rela-
cionados con la equidad de género?
¿Se han previsto actividades que contribuyan a modificar los roles tradicionales y
las relaciones de género?
¿Se han previsto actividades para trabajar la temática de género con mujeres y hom-
bres del grupo destinatario?
Aplicando la democracia de género
66

Page 67
RECURSOS
¿Se ha planificado el presupuesto del proyecto de acuerdo a criterios de equidad de
género?
¿La cantidad de recursos humanos y materiales destinados a mujeres y hombres
guarda relación con la composición por sexo del grupo meta?
¿Se considera necesario asignar recursos humanos y materiales para trabajar sobre la
equidad de género?
¿Los recursos del proyecto son de fácil acceso para las mujeres y los hombres del
grupo meta?
¿Está previsto alguna acción positiva para superar las dificultades que por razones
de género pueden existir para acceder a los recursos?
EQUIPO EJECUTOR
¿La composición por sexo del grupo ejecutor se corresponde con la equidad de gé-
nero?
¿La responsabilidad y el poder están repartidos de forma equitativa entre ambos
géneros?
¿La carga de trabajo está repartida de forma equitativa entre ambos géneros?
¿Está previsto que el equipo ejecutor tenga la sensibilidad y los conocimientos sufi-
cientes para aplicar la democracia de género?
¿Está previsto que el grupo ejecutor tenga asistencia técnica de género cuando sea
requerido en el proyecto?
Aplicando la democracia de género
67

Page 68
CICLO DE PROYECTOS DE DEMOCRACIA DE GÉNERO
(Lista de chequeo 2)
OBJETIVOS
¿Se considera el mejoramiento de la situación y condición de mujeres y hombres por
separado y en conjunto en los objetivos del proyecto?
¿Se considera la democratización de las relaciones de género en los objetivos del
proyecto?
¿Se considera la compatibilidad entre el mundo laboral y familiar tanto para las mu-
jeres como para los hombres en los objetivos del proyecto?
¿Se considera la búsqueda de y la cooperación con aliados a favor de la equidad de
género entre los objetivos del proyecto?
RESULTADOS ESPERADOS
¿Entre los resultados esperados, se considera la participación equitativa de mujeres y
hombres en los beneficios del proyecto?
¿Entre los resultados esperados, hay alguno que considera la redistribución del tra-
bajo entre los géneros y/o alivio de la carga de trabajo de las mujeres por el proyec-
to?
¿Entre los resultados esperados, hay alguno que aumente la participación de las mu-
jeres en espacios públicos y de los hombres en espacios privados?
¿Entre los resultados esperados, hay alguno relacionado con la democratización de
las relaciones de género para que sean más equitativas?
¿Entre los resultados esperados hay alguno que aumenta la capacidad de diálogo y/o
de negociación y solución de conflictos entre los géneros?
¿Entre los resultados esperados, hay alguno relacionado con el cambio de estructu-
ras y procedimientos organizacionales, especialmente en espacios mixtos?
Aplicando la democracia de género
68

Page 69
GRUPO META
¿La composición por sexo del grupo meta es la que corresponde en términos de
equidad de género?
¿Son considerados mujeres y hombres por separado y en conjunto entre los destina-
tarios del proyecto?
¿En el caso de un proyecto para mujeres se consideran sus relaciones de género y
con la comunidad en la perspectiva de la democratización de género?
¿Se considera entre el grupo meta el conjunto de la sociedad y/o comunidad y sus
necesidades de cambio a favor de una democratización de las relaciones de género?
METODOLOGÍA
¿Se tienen en cuenta las características y las condiciones de las mujeres y de los
hombres destinatarios en la determinación de los métodos a seguir en el proyecto?
¿Se tienen en cuenta las diferencias jerárquicas y no jerárquicas entre mujeres y
hombres destinatarios en la determinación de los métodos a seguir en el proyecto?
¿El proyecto requiere y promueve la participación activa de las mujeres y de los
hombres en todas sus fases y beneficios?
¿La carga de trabajo está repartida de forma equitativa entre ambos géneros?
¿Se considera la convocatoria a los hombres en la responsabilidad con la equidad de
género?
¿Se considera en los métodos del proyecto la necesidad de compatibilizar el mundo
público/laboral y privado/familiar tanto para las mujeres como para los hombres?
Aplicando la democracia de género
69

Page 70
ACTIVIDADES
¿Se considera el mejoramiento de las habilidades de las mujeres y de los hombres en
actividades no tradicionales en el proyecto?
¿Se considera realizar acciones diferenciadas con mujeres y hombres por separado y
en espacios mixtos con criterios específicos?
¿Se considera convocar como aliado a favor de la equidad de género a algún actor
social nuevo?
¿Se han previsto actividades para trabajar el enfoque de democracia de género con
mujeres y hombres del grupo destinatario?
¿Se han previsto actividades de capacitación con los hombres para elevar su con-
ciencia de género a un nivel similar que el que puedan tener las mujeres?
RECURSOS
¿Se ha planificado el presupuesto del proyecto de acuerdo a criterios de equidad de
género?
¿Se considera la redistribución de los recursos entre los géneros?
¿Se considera necesario asignar recursos humanos y materiales para trabajar sobre la
equidad de género?
¿Está previsto alguna acción positiva para superar las dificultades que por razones
de género pueden existir para acceder a los recursos?
EQUIPO EJECUTOR
¿La composición por sexo del grupo ejecutor se corresponde con la equidad de gé-
nero?
¿La responsabilidad y el poder y la carga de trabajo están repartidos de forma equi-
tativa entre ambos géneros?
¿Cuenta el equipo ejecutor con la sensibilidad y los conocimientos suficientes para
aplicar la democracia de género?
¿Se identifican de igual manera con los fines del proyecto las mujeres y los hombres
del personal de la entidad ejecutora?
¿Está previsto que el grupo ejecutor tenga asistencia técnica sobre el enfoque de
democracia género cuando sea requerido en el proyecto?
Aplicando la democracia de género
70

Page 71
3.2.3. Marco Lógico con Democracia de Género
En la planificación de proyectos, el Marco Lógico es un método muy extendido para
preparar el desarrollo de un proyecto de una manera coherente, poniendo especial aten-
ción en los supuestos y los indicadores de cumplimiento de los objetivos. De hecho, el
Marco Lógico es utilizado por casi todas agencias de cooperación y otras entidades de
desarrollo, entre las que se encuentra la Unión Europea. El problema consiste en que su
conocida matriz expositiva busca precisamente la mayor síntesis posible y sólo muy
ocasionalmente se integra en sus distintos elementos el enfoque de género. Es muy fre-
cuente observar la matriz por un lado y luego algunas observaciones sobre el enfoque de
género en el resumen narrativo del proyecto.
Ahora bien, especialmente en los proyectos con objetivos no referidos a la temática de
género (salud, educación, medio ambiente etc.), si se quiere mostrar claramente la inte-
gración de la democracia de género, conviene explicitarlo en la matriz principal del
Marco Lógico. Para este propósito es que se adjunta a continuación la herramienta que
sigue.
Antes de describirla, es importante aclarar algunos problemas frecuentes que tiene el
Marco Lógico como método. El primero refiere a que es frecuente que cada entidad
formalice una matriz de Marco Lógico con diferencias importantes. Para exponer los
objetivos, por ejemplo, hay quienes colocan un objetivo de desarrollo, un objetivo gene-
ral del proyecto y luego cada uno de los objetivos específicos, pero también es frecuente
suprimir el objetivo general del proyecto; de igual forma hay quienes parten directamen-
te de los objetivos específicos para desagregar actividades y quienes desglosan cada
objetivo específico en resultados y sólo luego especifican actividades. Dada esa diversi-
dad, lo recomendable es adaptar una matriz sencilla a las necesidades de la entidad (la
Fundación Heinrich Böll en este caso) y luego preocuparse en divulgar bien ese formato
por todas las instancias de la entidad.
El otro problema que tiene la matriz de Marco Lógico es que muestra únicamente el
desarrollo de los proyectos hacia fuera, principalmente desde la perspectiva de los resul-
tados. Algo que es correcto para evitar la falta de control tan frecuente que hubo en
tiempos no tan lejanos. Sin embargo, eso significa que la matriz en si misma no muestra
los elementos internos del proyecto: grupo meta, metodología, equipo ejecutor, recursos
necesarios, que sólo son expuestos en el resumen narrativo o en los arreglos institucio-
nales adjuntos al proyecto. El problema es que precisamente en esos elementos internos
es donde el enfoque de género suele ser decisivo.
Finalmente, hay un problema menor que, sin embargo, produce frecuentemente confu-
siones operativas: en la casilla de la matriz de Marco Lógico correspondiente a los indi-
cadores, suele incorporarse sin advertirlo la meta a alcanzar. Es decir, por ejemplo, si un
determinado resultado tiene como indicador objetivo “50 Hectáreas de terreno abona-
das”, el indicador propiamente dicho es “Número de Has abonadas”, y la meta es la
cantidad (50 en este caso). Si la matriz sintetiza indicador y meta, entonces hay que se-
guir ese criterio cuando se desagregue o se adjunto según género.
A continuación se muestra una herramienta consistente como una guía para incluir la
democracia de género en la matriz de un Marco Lógico simplificado. El cruce que se
hace es el regular: entre objetivos, resultados y actividades, con indicadores, medios de
Aplicando la democracia de género
71

Page 72
verificación y supuestos de trabajo, a los que se agrega el resumen narrativo. Para éste
ultimo se indica que hay que pasar la lista de chequeo vista anteriormente. En cuanto a
los indicadores (con sus metas) se trabaja en la perspectiva de varias posibilidades: des-
agregar por género desde el principio el indicador, o bien optar por adjuntar al indicador
no referido a género un específico de género. Por ejemplo, si el indicador de la actividad
es “60 personas capacitadas en computación”, la primera fórmula sería que el indicador
dijera desde el principio “30 mujeres y 30 hombres”; la otra fórmula sería, por ejemplo,
“80 familias convocadas a los talleres” y luego se agrega un indicador de género, como
“el 90% de las familias jefeadas por mujeres convocadas”.
En cuanto a los medios de verificación, se trata de inducir a la necesidad de desagregar
por género los datos de verificación, tanto si se pueden conseguir directamente, como si
hay que procesarlos para lograr esa desagregación. Por supuesto, se trata de subrayar la
necesidad de que todos los datos que se obtienen del y para el propio proyecto sean des-
agregados por género desde el principio (o sea desde el diagnóstico).
El marco lógico puede servir como instrumento de planificación, monitoreo y evalua-
ción y como instrumento de negociación del proyecto con sus destinatarios, responsa-
bles políticos y equipos ejecutores. Es recomendable no formularlo una sola vez para
toda la duración del proyecto, sino de reformularlo periódicamente, ajustarlo y adaptarlo
durante el proceso de implementación del proyecto.
Para llenar la matriz del Marco Lógico, conviene realizar ese trabajo de la manera más
participativa posible y, a ese respecto, es útil tomar en cuenta algunas preguntas claves:
• ¿Quién participa en el diseño, en la implementación y en la evaluación del pro-
yecto?
• ¿Se conocen las necesidades específicas de mujeres y de hombres y se toman en
cuenta por el proyecto?
• ¿Tenían las mujeres, o ciertos grupos de mujeres y hombres, o ciertos grupos de
hombres una idea complementaria o competitiva durante la formulación e im-
plementación del proyecto?
• ¿Se hicieron esfuerzos para consultar a las mujeres o ciertos grupos de mujeres
entre ellas y también en presencia de los hombres?
• ¿Se hicieron esfuerzos para consultar a los hombres y después reflexionar con-
juntamente con hombres y mujeres sobre sus respectivos intereses y/o perspecti-
vas?
• ¿Se reflexionó sobre posibles efectos indirectos en mujeres y hombres y en las
relaciones de género?
El marco lógico con democracia de género percibe tanto a mujeres como a hombres
como destinatarios activos en el proyecto con una agenda propia, sus recursos y cono-
cimientos propios y su propia interpretación de los procesos y actividades. Estos deben
ser visibilizados también en el marco lógico. Se puede incluir por ejemplo actividades
propuestas por hombres y otras propuestas por mujeres con sus indicadores y medios de
verificación apropiados. También se pueden incluir actividades complementarias de
género así como el uso de los productos o beneficios por mujeres y por hombres
respectivamente.
Aplicando la democracia de género
72

Page 73
Ejemplos del Marco Lógico con Democracia de Género
11
:
Cronología de Actividades
Objetivo Es-
pecifico
Resultados
Meta de Demo-
cracia de Géne-
ro
Indicadores
Indicadores
de Democra-
cia de Géne-
ro
Medidas de
Verificación
Medidas de
Verificación de
Democracia de
Género
1º Semestre
2º Semestre
% Alcanzado
Objetivo
Especifico
Resultados
Meta de Demo-
cracia de Género
Indicadores
Indicadores de
Democracia de
Género
Medidas de
Verificación
Medidas de
Verificación
de Democra-
cia de Géne-
ro
1er Año Se-
mestre
2ndo Año
Semestre
11
Esta herramienta forma parte de la caja de herramientas de la oficina regional de América Central de la
Fundación Heinrich Böll en San Salvador
Aplicando la democracia de género
73

Page 74
Guía para elaborar una matriz de Marco Lógico
para proyectos generales con democracia de género
Resumen Narra-
tivo
Indicadores (Me-
tas) Objetivamen-
te Verificables
Medios de Verifi-
cación
Supuestos Im-
portantes
Objetivo Ge-
neral
(Aplicar las pre-
guntas de la lista
de chequeo para
el objetivo gene-
ral)
¿Es posible des-
agregar por géne-
ro el indicador
general?
¿Puede adjuntar-
se al indicador
general un indica-
dor específico de
género?
Obtener datos de
verificación des-
agregados por
género
El proyecto proce-
sa los datos exis-
tentes para des-
agregarlos por
género
Desagregar por
género los datos
creados por el
propio proyecto
Según el análisis
de género, ¿cuá-
les son los facto-
res externos ne-
cesarios para
mantener la di-
mensión de géne-
ro del objetivo
general?
Objetivos Especí-
ficos
(Aplicar las pre-
guntas de la lista
de chequeo para
los objetivos es-
pecíficos)
¿Es posible des-
agregar por géne-
ro el indicador
general de cada
objetivo específi-
co?
¿Puede adjuntar-
se a cada indica-
dor general un
indicador específi-
co de género?
En el caso de que
haya un objetivo
específico de
género, ¿el indi-
cador elegido
expresa correcta-
mente la consecu-
ción del objetivo
previsto?
Obtener datos de
verificación des-
agregados por
género de cada
objetivo específico
El proyecto proce-
sa los datos exis-
tentes para des-
agregarlos por
género
Desagregar por
género los datos
creados por el
propio proyecto
Según el análisis
de género, ¿cuá-
les son los facto-
res externos ne-
cesarios para
mantener la di-
mensión de géne-
ro de cada objeti-
vo específico?
Aplicando la democracia de género
74

Page 75
Resumen Narra-
tivo
Indicadores (Me-
tas) Objetivamen-
te Verificables
Medios de Verifi-
cación
Supuestos Im-
portantes
Resultados
(Aplicar lista de
chequeo para los
resultados)
¿Es posible des-
agregar por género
el indicador general
de cada resultado?
¿Puede adjuntarse
a cada indicador
general un indica-
dor específico de
género?
En el caso de que
haya un resultado
de género, ¿el
indicador elegido
expresa correcta-
mente la consecu-
ción del resultado
previsto?
Obtener datos de
verificación des-
agregados por
género de cada
resultado
El proyecto proce-
sa los datos exis-
tentes para des-
agregarlos por
género
Desagregar por
género, los datos
creados por el
propio proyecto
Según el análisis
de género ¿cuáles
son los factores
externos necesa-
rios para lograr
efectos y beneficios
equitativos para
mujeres y hombres
de cada resultado?
¿Cuáles son los
factores externos
necesarios para
evitar efectos indi-
rectos negativos
para mujeres y
hombres de cada
resultado?
Actividades
(Aplicar lista de
chequeo para las
actividades)
¿Es posible des-
agregar por género
el indicador general
de cada actividad?
¿Puede adjuntarse
a cada indicador
general un indica-
dor específico de
género?
En el caso de que
haya una actividad
específica de géne-
ro, ¿el indicador
elegido expresa
correctamente la
realización de la
actividad prevista?
Obtener datos de
verificación des-
agregados por
género de cada
actividad
El proyecto proce-
sa los datos exis-
tentes para des-
agregarlos por
género
Desagregar por
género los datos
creados por el
propio proyecto
Según el análisis
de género ¿cuáles
son los factores
externos necesa-
rios para lograr que
mujeres y hombres
cumplan con las
actividades previs-
tas, tanto específi-
cas de género
como otras?
Aplicando la democracia de género
75

Page 76
ANEXO:
LISTA DE MANUALES REVISADOS
Nombres de Manuales e Instituciones
año de
publica-
ción
idio
ma
1.Serie Hacia la Equidad – UICN/Fundación Arias
1999
ES
2. Practicing Gender – The Tool Book FES
2001
EN
3. Evaluierungsraster (Guía de Evaluación) FES
2001
D
4. La Planificación con Perspectiva de Género Manual de Trabajo EG
1994
ES
5. Manual de Capacitación en Género Oxfam
1995
ES-T
6. Enfoques participativos sensibles a los Aspectos de Género en la Coopera-
ción Técnica. Manual de Entrenamiento GTZ Asia
1994 ES-T
7. Herramientas para construir equidad entre mujeres y hombres. Manual de
Capacitación GTZ Colombia
1995 ES
8. Guía Metodológica para el Diseño de Políticas de Desarrollo con Enfoque
de Género en la Región Amazónica Pacto Amazónico
1997 ES
9. Gender in Practice. Drawing Lessons from the Experiences in Africa, The
Caribbean and the Pacific WIDE
2001 EN
10. Diferenciación según Género en el Ciclo de Proyecto. Indicaciones para la
planificación, monitoreo y evaluación
Gender Differentiation throughout the Project Cycle. Pointers for Planning,
Monitoring and Evaluation GTZ Alemania
1995 ES-T
11. Desarrollo Territorial con Equidad
Territorial development with Equity. Proposal for the institutionalization of a
gender perspective GTZ Colombia
2001 ES
12. Towards Gender Mainstreaming in Crisis Prevention and Conflict Man-
agement. Guidelines for the German Technical Cooperation GTZ Alemania
2001
EN-
T
D
13. Género y cambio en la cultural organizacional. Herramientas para crear
una organización sensible